En el reino de la mente, lo que resiste, persiste

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Por: Natalie Despot

Twitter: @Natdespot

¿Cuál es la diferencia entre notar los beats de una canción popular en la radio y notar los latidos de tu corazón cuando ves a la persona que te atrae? Ambos ritmos requieren atención. Sin embargo, la dirección de esa atención es diferente: en un caso gira a lo externo (como en el caso de notar una señal de alto) y en el otro se enfoca hacia lo interno (como en el caso de sentir amor o agradecimiento).

Varios científicos han sostenido durante mucho tiempo que la atención está muy relacionada con la corteza prefrontal, región del cerebro responsable del pensamiento complejo, además de ser característica de los seres humanos y algunos mamíferos. Sin embargo el avance en la ciencia muestra que hay matices por descubrir. Un estudio realizado por Norman Farb de la Universidad de Toronto sugiere que hay diferentes maneras de prestar atención. Mientras que la corteza prefrontal puede estar de hecho especializada para la atención de la información que proviene del mundo externo, las piezas más antiguas del cerebro incluyendo la ínsula parecen estar especializadas en la observación de nuestro mundo interno.

En los bebés domina la percepción interna, pero a medida que pasan los años, este mundo de sentimientos y emociones se va haciendo más distante y ajeno a nosotros porque empezamos a priorizar la información del mundo externo. Ya que llegamos a una edad adulta volteamos a nuestro cuerpo o a nuestra vida mental ya que “suena la alarma”: porque sentimos mucho dolor, estamos deprimidos o cansados.

Por educación y necesidades pragmáticas dirigimos nuestra atención a lo externo. Cuando pensamos en “poner atención”, a menudo pensamos en enfocarnos en algo que está fuera de nosotros mismos. “Prestamos atención” al trabajo, a la televisión, a nuestro socio, al tráfico o a cualquier cosa que involucre a nuestros sentidos. Sin embargo, existe otro aspecto de la realidad que requiere de nuestra atención: el mundo interno, con su variado colorido de emociones, sentimientos y sensaciones. A pesar de que no le prestamos demasiada atención a nuestros estados anímicos, son los que determinan si estamos teniendo un buen día o no, si somos felices o no. Es por ello que podemos sentirnos enojados a pesar de estar un bello entorno o sentirnos contentos a pesar de estar atrapados en el tráfico. Prestar atención por esta vía puede ser clave para lograr un mayor bienestar.

Es irónico el proceso por el que pasamos cuando tratamos de resistir un pensamiento o acción (por ejemplo, tratando de no consumir comida chatarra cuando estás a dieta o batallando para dejar de pensar en el novio con el que acabas de romper) bajo estrés, el esfuerzo puede ser contraproducente. En el reino de la mente, lo que resiste, persiste. Lamentablemente, algunas personas terminan recurriendo al alcohol o a las drogas como último recurso para tranquilizar su mente.

Es importante que entrenemos nuestra conciencia interoceptiva para poder manejar mejor nuestras emociones. La expresión “tomar una respiración profunda” en un momento de ira o el miedo es un dicho común que directamente se nutre de nuestra capacidad de utilizar nuestra conciencia interoceptiva. Otros medios de los que disponemos para fortalecer este tipo de conciencia son a través de la práctica de yoga, ejercicios de respiración y meditación.

Para algunos volver su atención a su mundo interno puede ser una experiencia molesta e incluso dolorosa, porque nos puede poner en sintonía con emociones con las que no nos sentimos cómodos. Por ello a veces optan por distraerse con algo externo, pero finalmente esa táctica no nos ayuda a cambiar los sentimientos y emociones subyacentes.

Estamos tan acostumbrados a dirigir nuestra atención hacia lo externo que a menudo ni siquiera realmente probamos la comida que consumimos porque estamos demasiado ocupados viendo la televisión o nos distraemos de otras maneras. Sin embargo, los grandes momentos de felicidad son los momentos que pasamos completamente involucrados y comprometidos en una situación, ya sea una actividad física, una experiencia sensorial o en la intimidad con otra persona. Si somos distraídos, nos estamos privando de algunas de las mayores fuentes de felicidad.

El poder de sanar está en nosotros mismos, tenemos una capacidad innata para encontrar la fuente de la paz, tan sólo tenemos que tomar una respiración profunda. La próxima vez que encuentres tus pensamientos y emociones fuera de control, en lugar de tratar de decirte a ti mismo que debes cambiar o tomes una copa de vino, es mejor que tomes asiento, respires profundamente por unos minutos y sientas la melodía en tu cuerpo; otra buena opción es ir a una clase de yoga, meditar o escribir.

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