Aquí una idea: la gente es buena

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Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Hace poco asistí a una cena de promoción de un nuevo restaurante mexicano en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Nuestro anfitrión fue el dueño del lugar y nos habló muy orgulloso del riguroso trabajo de diseño que había realizado para acondicionar el comedor, de la investigación histórica y culinaria que respalda la elección del menú y de sus deliciosos mezcales, producidos por ellos mismos. Durante la cena comprobamos que su trabajo no había sido en vano: el lugar es precioso y la comida es muy rica.

El dueño nos confesó que invirtió grandes cantidades de dinero en el diseño y eso lo dejó un poco apretado para otras cuestiones como la publicidad, por lo que el restaurante aún es poco conocido. También nos dijo que sufría mucho la alta rotación sus empleados, señalando las pocas propinas como la causa del problema.

La velada transcurrió bien y nos fuimos contentos con la visita. Sin embargo, un asunto quedó merodeando mi mente: ¿significan las bajas propinas necesariamente una alta rotación? Sí, desde luego, si la única razón que tus meseros tienen para trabajar contigo es que ganan buen dinero. Me di cuenta que detrás de esos modernos uniformes se encontraban personas que no tenían otra razón para usarlos que sacarles un provecho económico: empleados mercenarios. Todos los esfuerzos del emprendedor (ese contemporáneo diseño, en donde el trabajo y la búsqueda de la perfección eran evidentes; ese gran menú hecho entre tres expertos chefs y recopilando lo mejor de la cocina mexicana, etc.) se concentraron en las cosas, mas no en las personas que conforman al nuevo negocio.

Como consultor es común encontrarse con este error: patrones que dedican su empeño y tiempo completo a su negocio, pero piensan poco en sus empleados. ¿Sería la rotación del personal en un restaurante tan común como es si le dedicáramos el mismo tiempo y esfuerzo a diseñar los empleos que ofrecemos tan bien como diseñamos los platillos del menú o la experiencia del cliente? Hace ya décadas que Peter Drucker señaló que toda organización debe concentrarse en desarrollar tres áreas principales, una de las cuáles es el desarrollo de gente para el futuro: si no lo hace, decaerá y morirá.

No es exageración, pero sé que para muchos es difícil creerlo. Quizá una de las más fuertes razones por las cuáles la gente suele descuidar al recurso humano es porque lo considera eso: un recurso, generalmente renovable, ilimitado y, sobre todo, corrupto. Nuestra sociedad contemporánea sufre en muchos de sus miembros de una concepción antropológica muy pobre. Las personas, para muchos, son sumamente propensas a la vileza, la mentira, el robo, el engaño… ¿Por qué preocuparse por los empleados si cuando les ofreces la mano toman el brazo completo? ¿Qué importa si renuncian, si siempre habrá alguien más que “sí quiera trabajar”?

Si tú, amable lector, no tienes empleados, no creas que este escrito no va dirigido a ti también. Mucha gente opina los humanos somos lo peor de la naturaleza, que destruimos el planeta, que nos matamos entre nosotros por guerras sin sentido, que adoramos a falsos ídolos de nuestra propia creación, que sentimos ser el centro de la creación por pura vanidad, que no somos más que una coincidencia insignificante en la infinidad del espacio. En resumen, que no importamos, que somos ruines, que sería mejor que no existiéramos.

Reflexiona: ¿qué concepción tienes de ti mismo, de las personas que te rodean, de la humanidad en general? ¿Cómo afecta eso tus relaciones -laborales o no- con los demás?

El año está por terminar y quizá sería un buen pretexto para que nuestra mala autoconcepción lo haga también. Aquí una idea: la gente es buena. El ser humano es grandioso y maravilloso: nuestra existencia tiene significado, valor y sentido. ¿No sería más fácil diseñar buenos empleos y encontrar buenos empleados pensando así, esperando lo mejor de las personas? ¿Qué tal amistades, noviazgos, lazos familiares?

Si te cuesta demasiado trabajo creerme, tómate un ponche calientito y haz un esfuerzo por descubrir lo bueno que hay en tu mundo: por sentir la posibilidad en la humanidad.

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