Unificar Méxicos

chamulas

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri 

La idea para escribir estas líneas surgió la semana pasada cuando estaba disfrutando el estado de Chiapas. De los pocos estados del país que conozco, Chiapas ha sido quizá en el que más gente indígena he visto andar por las calles. En algunos momentos los veía por las calles vendiendo las artesanías que elaboran. Otras veces los miraba haciendo su vida cotidiana: comprando y vendiendo en el mercado, paseando con sus familias, platicando entre ellos, escuchando misa…

Me llamó mucho la atención que “los naturales”, como los antiguos novohispanos llamaban a los indígenas, conserven tanto sus tradiciones dentro de este país globalizado y modernizado. Fue realmente asombroso escuchar hablar a los naturales en lenguas aún autóctonas. Fue impresionante también asistir al mercado y observar cómo comercian sin los patrones universales de medición; todo se vende y se compra por “tantos”, por “botes”, por “montón”. Ésas son las unidades de medida que manejan ellos aún. Me quedé sorprendido cuando vi que las mujeres naturales compraban, para la comida, gallinas y guajolotes vivos y los llevaban a sus casas cargando de un mecate anudado a las patas de estos animales. Otra cosa magnífica, quizá la que más me deleitó, fue ver, principalmente a las mujeres, vestidas según sus usos y costumbres, con atavíos coloridos y artesanales.

Sentir todo esto (ver, escuchar, degustar…) fue realmente impresionante, agradable, admirable. Es como estar en otro país dentro de mi país, con usos y costumbres distintos, con lenguas distintas, con gente distinta, es decir, de distinta raza. Todo era diferente. Aquí surge una pregunta, que no es nada nueva, pero sí muy intrigante: ¿qué nos une, a ti lector, a mí y a esos naturales? ¿Qué es lo que nos da la misma identidad a ti, a mí y a ellos para poder afirmarnos como paisanos? ¿Tenemos una identidad tú, yo y ellos? Desde mi punto de vista, pareciera que no. Como ya dije, ellos visten diferente, hablan diferente, tienen rasgos diferentes, costumbres diferentes e incluso hábitos culinarios diferentes. ¿Cómo podemos decir, a pesar de todo esto, que ellos y nosotros somos igualmente mexicanos? A decir verdad, yo no encuentro algo que nos dé esa misma identidad. Yo no soy como ellos, ellos no son como yo y, dudo mucho que ellos quisieran ser como yo; así mismo, no sé si yo quisiera ser como ellos –y esto no es despectivo, sino un modo de admiración–, sé que sería muy difícil vivir y sobrevivir como ellos lo hacen.

Por otro lado, mi gobierno y el gobierno de esta gente indígena, es decir, el gobierno de México, casi no se preocupa de esta brecha. Hablan de defender a “los indígenas” y sus comunidades, sus tradiciones, sus usos y costumbres, pero casi no se habla de la abismal diferencia de su estilo de vida y el nuestro, ni de la falta de identidad entre ellos y nosotros promovida por esa abismal diferencia. Cuando el gobierno se anima a hablar de esto, generalmente es para anunciar o prometer programas mediante los cuales se respeten y se conserven los usos y costumbres de estos “naturales”. Estos programas también “los protegen” de la globalización pues evitan que los cambios del mundo globalizado entren en sus comunidades y afecten sus modos de vida. Así, desde mi punto de vista, se protege toda su tradición pero no se integra nada nuevo a ella, aislándolos inconscientemente y promoviendo, sin querer, esa abismal diferencia entre su modo de vida y el nuestro, generando así esa falta de identidad entre ellos y nosotros. Se hacen de este modo miles de Méxicos diferentes, aislados, con identidades propias pero sin identidades comunes.

Personalmente creo que no está mal proteger y tratar de conservar las tradiciones diversas que existen en nuestro país. Siempre es bueno mantener esa riqueza cultural. Lo que me parece errado es que se quiera proteger a tal grado que se les aísle, que se les impida enriquecer su cultura y su tradición con las herramientas y comodidades que la modernidad nos brinda. No está mal que su origen y el mío sea diverso, lo que sí está mal es que su trabajo y el mío apunten a favorecer a sociedades distintas y no comunes formadas dentro de la sociedad a la que ambos deberíamos tratar de favorecer. La propuesta hoy es dejar de hacer esas distinciones que aún se hacen en el país. Es verdad que ellos son indígenas naturales y nosotros no, pero, también es verdad que antes de eso, todos somos mexicanos. No somos más que ellos por pertenecer al mundo globalizado ni ellos son más que nosotros por ser naturales y de una raza más “pura” a la nuestra. Ellos y nosotros podemos ser más de lo que somos en la medida en que ellos y nosotros nos reconozcamos como paisanos, como mexicanos, y no dividirnos como chilangos, indígenas, tzotziles, tarahumaras, etc. No hay que confundir el reconocer la riqueza de la diversidad con la imposibilidad de una unidad nacional.

Un comentario en “Unificar Méxicos

  1. Estimado Toño, me da gusto que hayas empezado a conocer más de nuestro bello país. Yo no conozco Chiapas (aún), pero fenómenos similares pueden observarse en todas las partes de la República: incluso dentro del mismo D.F. o el Estado de México, hay comunidades que viven vidas muy distintas a la nuestra. Es maravilloso descubrirlo.

    Creo, sin embargo, que el tema de la identidad nacional es demasiado complejo y el descubrimiento vivencial de la diversidad cultural mexicana es tan sólo el primer paso para poder reflexionar sobre él. Me hubiera gustado que no te apresuraras a sacar conclusiones en base a lo que viviste estas vacaciones, sino que compartieras más el asombro de descubrir la riqueza de “nuestra” cultura de primera mano.

    Me extraña, por ejemplo, que consideres que nosotros no somos indígenas (pues también somos nacidos en México y de ascendencia mexicana), que los llames “ellos” (reconociéndolos como “otros”, cuando la intención es unificadora), que creas que la gente que viste en Chiapas es de una “raza más pura” (a sabiendas de que eres conocedor de la historia mexicana y sabes que todo mundo ha tenido hijos con todo mundo: negros africanos, cubanos, europeos, chinos, etc.) y, más que nada, que consideres que estas personas no son parte del mundo globalizado. ¿En qué planeta viven entonces? 😉

    Hay mucha emoción y poca discusión seria alrededor del nacionalismo. No quiero sonar sangrón, pero son temas que he estudiado mucho y que he descubierto como muy truculentos. Y un vital paso para desenmarañarlos es ser cuidadoso con los conceptos que utilizamos. Te invito a leer los textos que he escrito sobre el tema en este mismo blog, con suerte le aportarán algo a tus reflexiones.

    ¡Feliz año! 🙂

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