Vida sana en el trabajo

CHLOE

Por: Chloe Nava

Twitter: @mmeroubeaud

Uno de los propósitos de año nuevo más populares es aquel en el que nos comprometemos a llevar una vida más sana: hacer ejercicio y comer de mejor manera. Se trata de un propósito lleno de buenas intensiones, sin embargo pocas veces se piensa cómo sería posible llevarlo a cabo.

Usualmente se comienza el nuevo régimen con gran entusiasmo, no sólo se quiere llevar un estilo de vida sano, sino que se quiere perder el peso ganado en las fiestas decembrinas. Ya sea que preparen la comida en casa o que elijan lugares con comida más balanceada, la rutina eventualmente nos invita a retomar nuestros hábitos. Aún deseamos comer de manera balanceada, pero dejamos de encontrar tiempo para preparar la comida. El restaurante que prepara alimentos sanos nos parece cada vez más lejano y parece que el tiempo corre a nuestros talones.

Al llegar del trabajo normalmente no se tiene la energía para preparar la comida que deberíamos llevarnos al día siguiente. En la mañana no tenemos tiempo para tomar un pequeño desayuno, es más sencillo pasar a la tiendita más cercana a la oficina y comprar algún paquete de papas o galletas. A la hora de la comida preferimos comer en el puesto de comida más cercano puesto que podemos descansar más y volver con mayor prontitud a nuestro trabajo. La cena no existe o se convierte en algún tipo de comida rápida comprada en el camino. La falta de tiempo nos agobia, el hecho de preocuparse por la comida se convierte en una carga, un deber casi desagradable. Pero no parece justo echarle toda la culpa al trabajo o al tránsito. La verdad es que nos dejamos llevar por nuestros antiguos hábitos y olvidamos que para crear nuevos hábitos es necesario persistir.

Para evitar que nuestras semanas sean dominadas por la rutina nos ayuda pensar en el modo que nos alimentamos, disfrutar la comida al mismo tiempo que cuidamos nuestra salud no tiene porque ser una tarea dolorosa. Una alimentación balanceada ayuda a aumentar nuestra energía y mejorar nuestro estado de ánimo. Hacer ejercicio complementa los efectos positivos de una buena alimentación. Grandes empresas han notado que al ofrecer un lugar en el cual hacer ejercicio y opciones saludables de comida dentro de sus instalaciones aumenta la productividad y bienestar de sus empleados. Es posible llevar a cabo nuestro propósito de año nuevo si pensamos concretamente en nuestro estilo de vida y el modo de cambiarlo.

No se trata de ir al gimnasio todos los días, sino de cambiar detalles pequeños en el cotidiano. Caminar puede ayudarnos a deshacernos del estrés; preparar una comida sencilla llega a ser terapéutico y no toma más de media hora. Incluso nuestro monedero agradecerá el cambio. Las visitas constantes a la tiendita o a la máquina expendedora suman al final de la semana una cantidad en la que pocas veces pensamos.

Podemos tomar las escaleras en lugar del elevador. Caminar distancias cortas en lugar de tomar algún medio de transporte. Pasear en bicicleta los fines de semana. Cuando se va al súper se puede pensar en lo que nos gustaría comer a lo largo de la semana. De preferencia productos frescos, de modo que se puedan construir más de un platillo. Estos pequeños detalles cambian el cotidiano y generan hábitos deseables.

No hay motivo real para que no cumplamos nuestros propósitos de año nuevo. Construir hábitos y deshacerse de los vicios es difícil ciertamente y necesita de persistencia. El trabajo pesado y una buena alimentación no deben estar peleados, sino que pueden convivir.

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