El humor negro de Guy de Maupassant

guy

Por: Chloe Nava

Twitter: @mmeroubaud

Mi amor por la literatura realista me ha llevado a las obras de Guy de Maupassant. Y a mi gran sorpresa me gustó tanto como Émile Zola. Guy es conocido como el padre de la novela corta, estuvo en contacto con Flaubert y conoció a Zola. Ambos escritores aprendieron de él y a pesar de no ser realista como ellos su obra coquetea con el naturalismo y brinda una crítica severa a la sociedad.

Empecé con algunos cuentos, los cuales al principio me hicieron reír, después de un rato me di cuenta que me reía de ciertas actitudes y comportamientos  vigentes aún en la sociedad actual. Cuando Guy publicó sus obras en el siglo XIX causaron gran escándalo. Su voz es sarcástica, casi insolente hace ver al hombre como un ser cuyas acciones están llenas de contradicciones. Por un lado guiado por sus impulsos naturales y egoístas y por otro lado obligado a seguir ciertos convencionalismos impuestos por la civilización.

Guy nos lleva a preguntarnos hasta qué punto el hombre deja de ser tan egoísta, hasta qué punto deja de ser un “ser pasional”. Los cuentos cortos de Guy son crueles, provocan una risa nerviosa, una risa temerosa de que en realidad nuestra naturaleza pueda ser tan cruel.

Muchos de los escenarios son del campo, en ellos el autor expone la simplicidad del campesino, no sólo la austeridad en la que viven sino también la practicidad con la que resuelven las cosas. La muerte de un familiar no representa una pérdida emocional, sino significa un día menos de trabajo, gastos innecesarios, trabajo de más que no servirá de nada. Se reza para poder llevar a cabo las venganzas. Un marido mata a su mujer porque estaba enojado y ebrio. Cada historia es contada de manera simple, sin ningún tipo de valoración, el lector se pone como juez de la situación y nadie más.

Podrían preguntarse por qué leo a Guy si sus cuentos son tan crueles. Yo misma me hago esa pregunta y no tengo una respuesta contundente. Pienso que es bueno tener un recordatorio de lo que podemos hacer, no hacerse la ilusión de que la civilización responde a algún tipo de perfección del hombre. Es bueno tener un recordatorio de que podemos ser muy crueles y extremadamente egoístas en determinadas ocasiones. Ahora como cada lector es juez del cuento, cada lector tendrá una idea de lo que se debe hacer con esos recordatorios.

Para algunos simplemente se trata de un retrato del mundo por lo que no se puede hacer nada, sin embargo yo sostengo una idea contraria. Lo que parece ser una contradicción en el hombre, a saber sus impulsos y las imposiciones de la cultura no tiene que ser así. Sí no se entiende a la cultura como una imposición es posible que se lleve de la mano con nuestros impulsos. Si se entiende la cultura en la que uno vive y el porqué de ciertas acciones es posible hacerlas propias y no tomarlas por una imposición.

Para que esto sea posible se necesita mucho trabajo, la realidad es compleja y también nuestra forma de entenderla. De vez en cuando es bueno tener un Maupassant o un Zola que nos susurre al oído que algo no estamos haciendo bien.

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