La Valse

la valse

Por: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Ya desde tiempos medievales, el vals ha sido una danza presente en la historia de la música. Me resulta extremadamente interesante observar la metamorfosis que experimentó esta elegante danza, la cual se eleva a un estatus de tal importancia que se la describe como casi un género por sí mismo durante el romanticismo. Es el caso de la tradicional obra de Johann Strauss, personaje que da vida a esta danza tipificando la naturaleza artística de las cortes vienesas del siglo XIX.

Sin embargo, existe un vals en particular que el día de hoy atrae mi atención y que es el tema de este post; me refiero a un vals escrito en el siglo XX por el compositor francés Maurice Ravel (1875–1937). La obra es catalogada como un poema coreográfico, cuya intención original era la de hacer un homenaje al gran Strauss, pero con el paso de la Primera Guerra Mundial, la obra sufre una transformación en la mente de Ravel que la lleva a ser una tormenta pictórica de caos y destrucción.

A pesar de esta condición, el efecto de color y sonido en la orquestación de Ravel hace que esta impresionante obra sea un icono en la música orquestal del siglo XX. En este punto cabe destacar que Ravel ha sido uno de los grandes orquestadores de la historia, obteniendo de la orquesta recursos jamás imaginados por otros compositores que son necesarios para catalogar esta obra como un verdadero vals impresionista. Y retomando el concepto del impresionismo en la música como corriente en el siglo XX, Ravel da mucha más importancia al color y al concepto que a las frases definidas y melodías claramente dibujadas; pero, a diferencia de Debussy, el impresionismo de Ravel es mucho más estructurado y rítmicamente estable, dando a La Valse oportunidad de existir en su obra.

Describiendo la pieza desde un punto de vista musical, a grandes rasgos se trata de un crescendo de principio a fin. Empieza en un pianísimo reservado que no permite evidenciar el vals hasta el minuto 1:40. En este punto el ritmo del vals es mucho más claro y empieza a construirlo desde abajo. En el minuto 3:10 aparece un nuevo tema que será desarrollado hasta el final. La manera en la que aparecen los temas y los desarrolla durante toda la pieza ayuda a unificar la obra no sólo como un solo movimiento, sino que también contribuye al crecimiento de intensidad que encuentra su clímax al final. Estos temas aparecen en los minutos 3:46, 4:23, 4:54, 5:23 y 5:39.

Aunque actualmente es una obra de concierto no es raro encontrar ballets que la representen, pues su naturaleza combina el lenguaje del siglo XX evocando la tradición romántica. Es por esto, queridos lectores, que les aconsejo que se tomen 13 minutos de su día y disfruten del espectacular Leonard Bernstein con la Orquesta Nacional de Francia y del modo en que ofrecen un homenaje al grandísimo Ravel con esta obra.

Que disfruten.

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