La ciudad es una divinidad

cirabel

Por Chloe Nava

Twitter: @MmeRoubaud

Yo encuentro la belleza un poco en todas partes. La encuentro la mayoría de las veces en la calle, en la banqueta, entre la gente, bajo el polvo de esta ciudad gigante. La ciudad me sorprende la mayor parte del tiempo, por momentos se muestra magnífica y también le da por hacerse gris.

Ayer se puso de colores y la sentí alegre. Mis sentidos apreciaban su belleza de una manera que no puedo explicar y recordé un poema que me gusta mucho. Normalmente no leo muchos poemas, pero este en especial llegó a mí como un rayo de sol. El poema se llama Cirabel y es de Homero Aridjis. Aún no logro descubrir quién es Cirabel, a veces siento que es una mujer o todas las mujeres, en otros momentos pienso que es la ciudad o toda ciudad.

Cuando la ciudad se pone tan hermosa me siento afortunada de estar ahí. Es como si entendiera que soy parte de un cuadro hermoso, un cuadro inacabado pero perfecto. Las particularidades del mundo pueden ser cambiadas, el cuadro es esencialmente bello y los errores son accidentes.

Toda la amargura del realismo de Zola, Flaubert, Balzac, se me hace ajena. En esencia mi presencia tiene sentido, aporta algo a este cuadro maravilloso. La comparación de la mujer con la ciudad se da en muchos poetas. La ciudad nos abriga, nos seduce, nos aconseja; nacemos en ella y gracias a ella, crecemos por ella y a pesar de ella.

“Gradualmente me impregnaré de ti:

hasta que sea humo en tu voz,

aceite sobre tus ojos

y levante sobre mis hombros tu futuro.

Cuando llegue el otoño

te descubriré al rostro de los hombres

para que en tus vasos alimenticios

vengan a nutrirse de esperanza.”

Si Cirabel es una ciudad, queda en cada uno de sus ciudadanos fortalecerla. Ella nos protege cuando nos encontramos perdidos, no nos guía pero nos da a entender que podemos crecer en y a través de ella. El hombre que llegue a ver su belleza querrá que alaben su hermosura, deberá admirarla y temerla como a una diosa.

Y cuando veo a la ciudad resplandecer así, siento la necesidad inmediata de hacérsela ver a quien me rodea. Siento que es nuestro deber conocerla y entenderla. Aunque cambiante, parece tener elementos que la definen, piezas que en su cambio no pierden su esencia. Quizá si penetramos en las formas y colores del cuadro podamos entenderla más, quizá así podamos sentir una pizca de esperanza y de sentido en nuestras ocupadas vidas.

Me gusta Cirabel porque me hace pensar que la ciudad siempre es bella, son los accidentes y los errores los que estropean las formas y los colores que la adornan. La maldad y la nostalgia que nos abruma nos impide ver este maravilloso espectáculo.

“Tú no puedes nada, Cirabel,

sólo eres justa y silencio y humedad,

pero el mundo está en cuestión

y nosotros los hombres

nos hallamos solos.”

 Igual a una diosa Cirabel es motivo de mis plegarias, sujeto de mis ofrendas y parte esencial de mí. Pero si Cirabel es una mujer, pues, este es motivo de otra disertación. Ella es todas las mujeres, una diosa, una madre, una hermana, una amante. Si es una mujer, es la tierra, es la vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s