Trenes diferentes

tren

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Es famosa la comparación de las empresas con trenes en movimiento. Uno tiene que ajustarse a su velocidad si se quiere hacer cualquier cambio, pues no pueden detenerse. Mientras el tren viaja a enormes velocidades los colaboradores tienen que vencer el vértigo y arrojarse sobre la maquinaria feroz y ajustarla para corregir los problemas y potenciar las virtudes que el tren pueda tener.

Es una bonita imagen. A todos nos hace sentido entender que, como el ferrocarril, la empresa no puede detener su marcha hasta llegar a su meta. Sin embargo, muchas veces olvidamos que no todos los trenes son iguales, ni que todos los problemas se resuelven de igual manera.

Supongamos que vamos sobre una locomotora de 1910. Es un hermoso aparato y un milagro de la ingeniería, definitivamente. El viaje es magnífico. Ahora supongamos que el conductor nos avisa que tenemos que revisar sus calderas porque, por más que lo intenta, no logramos alcanzar al tren bala que nos acaba de rebasar.

Entonces, un ejército de mecánicos y expertos corren a las calderas y las revisan y ajustan; otros cuantos héroes van a los engranes de las llantas y las engrasan en movimiento (alguno, seguramente, perderá su mano); unos más deciden hacer cálculos de peso y comienzan a hacer ajustes sobre la carga que lleva el tren… Pero la locomotora sigue sin alcanzar al tren bala.

El conductor, un tanto desesperado, manda llamar a todos los expertos que viajan con él (sus gerentes y altos ejecutivos) y les pide que pongan todo su esfuerzo y conocimiento para alcanzar al velocísimo tren.

Entonces los expertos se reúnen, estudian y presionan a los ejecutivos y operativos para que mejoren el rendimiento del tren. Uno de ellos (el más “innovador”) propone cambiar los maderos y el carbón por los tubos de colores que inventó un gurú de los trenes (herr doktor Emmett Brown), pero que han sido poco probados en el mercado. Después de mucha discusión, deciden no usar todos los tubos de colores, sino solamente el azul. Lo introducen a la caldera y la locomotora sufre un impulso endemoniado que la saca disparada y se acerca al tren bala.

Sin embargo, la explosión lastima los sistemas de pistones y las llantas del tren de 1910. Ahora va más rápido, pero su desgaste está siendo mayor. Todo el equipo se desvive y sacrifica por arreglar los pistones, las llantas y todos los demás problemas que provocó la explosión. Aunado a eso, la súbita aceleración causó algunos malestares a los viajeros, quienes ahora se quejan con los encargados del servicio en los vagones: que si huele a quemado, que los niños se asustaron con el jalón, que una viejita casi muere desnucada…

El conductor sigue preocupado porque el tren bala ahora es un punto blanco en el horizonte que desaparece rápidamente. Una idea aparece: quizá no tengan sólo que forzar a la máquina, sino que han de “innovar” la ruta para alcanzarlo.

Entonces, mientras la bestia de acero sigue su desbocada marcha, un grupo de valientes colaboradores se arroja frente a la máquina y comienza a construir, a toda velocidad, una nueva ruta que, según los cálculos, acercará los dos trenes. La locomotora toma la nueva ruta y, mientras corre, se va dirigiendo por sobre los nuevos durmientes de la nueva vía que promete mucho.

En el ejercicio hay algunas bajas. Después de todo, no todos los trabajadores aguantan la presión ni tienen la capacidad de productividad que la locomotora necesita.

Pero, ni aún así, los trenes se juntaron. El tren bala, abandonó a la locomotora y ella se desgastó hasta la corrosión sin ningún resultado trascendente.

¿Dónde estuvo el problema? ¿Qué acaso no se hizo todo lo posible por hacer de la locomotora un tren bala?

Sí, se hizo todo lo posible. Y ahí está el problema. Una locomotora nunca será un tren bala, no importa cuánto lo intente. Quizá, si la historia continuara un poco más, el conductor hubiera pedido que, sobre la marcha, fueran convirtiendo a la pobre máquina de 1910 en un tren del 2013. Pero, al final, ya no sería locomotora.

Pues bien, esto le pasa a muchas empresas consolidadas que quieren alcanzar a sus más jóvenes competidoras. Ponen todo su esfuerzo en ser algo que no son y terminan por causar más daños que bienes a todos los involucrados.

Una empresa en esta situación tiene que preguntarse qué es y qué puede hacer con lo que es. Y solamente una vez conociendo esto, decidir qué quiere dejar de ser y hacia dónde quiere evolucionar para lograr un cambio que aporte valor a todos los grupos de interés y no sólo al capricho de la directiva, o de los innovadores, o de los intrapreneurs, o de los clientes.

Acaso la locomotora debió seguir siendo locomotora, y dejar que el tren bala desapareciera, para que ella pudiera ofrecerle a sus clientes la belleza de admirar por más tiempo el paisaje hermoso del mundo circundante.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s