Hacer es saber y saber invita a hacer

mapa

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Desde hace poco más de medio año soy parte de la organización de un curso de modelo de negocio que se imparte de manera mensual a emprendedores y empresarios que buscan convertir sus ideas o proyectos en negocios exitosos. El curso ofrece y explica varias herramientas teóricas para facilitar la definición de los conceptos y actividades más importantes del negocio. Aunque la mayoría de nuestros asistentes, jóvenes que apenas comienzan su camino por el emprendedurismo, entienden la utilidad de estas herramientas prontamente, los dueños de negocios ya consolidados reaccionan inicialmente de una manera contraria: ¿de qué le sirve una herramienta teórica a un negocio que ya funciona actualmente?

Este tipo de reacción es muy similar a la de un cocinero veterano, que ha formado su talento durante años en la dura vida de una cocina, cuando se enfrenta con un jóven licenciado recién egresado de alguna universidad culinaria. El joven cocinero ostenta un conocimiento teórico más amplio y variado que el veterano, pero este último es un especialista que con su destreza empírica superará -y por mucho- el desempeño del joven en la cocina. Por esta razón el cocinero empírico, como el negociante consolidado, estará predispuesto a valorar pobremente el conocimiento teórico.

Aunque esta actitud podría parecer reprobable e incluso arrogante en ocasiones, tiene cierta justificación: la teoría se comprueba en la práctica y no viceversa. Es por esto que en el curso de modelo de negocio comparamos la utilidad de las herramientas que les ofrecemos a los asistentes con la de un mapa: éste ofrece un panorama claro y comprensible de un territorio, sirve para orientarse, escoger un destino, conocer el camino más corto para llegar a otro lugar y muchas cosas más. Sin embargo, el mapa es una herramienta teórica y no puede llevarnos por sí solo a nuestro destino. Aunque yo tenga un mapa de Japón, digamos, el único modo que tengo de conocerlo es de hecho visitando el archipiélago nipón.

Si yo pudiese orientarme sin necesidad de un mapa, como el negociante que encuentra cierto éxito sin un modelo de negocio, quizá podría llegar a pensar que no lo necesito. Mi experiencia, forjada a prueba y error con el paso del tiempo, puede probar ser sumamente útil y suficiente para mí. Pero aquí encontramos la primera clave que le dará a la teoría un poder superior a la práctica: el conocimiento que yo he adquirido por la práctica no puede ser transmitido a otros sin una herramienta teórica. En una empresa nunca se trabaja solo. Aunque yo sea un experimentado empresario que sabe medir situaciones, tomar decisiones y actuar en consecuencia, no puedo esperar que mi equipo de trabajo lo sea en igual medida, especialmente si se trata de mis empleados o colaboradores nuevos.

Volviendo al símil del mapa, aunque yo sepa llegar a mi casa necesito darle un mapa a un invitado que no conoce su ubicación o el camino adecuado para llegar a ella. Si a mi invitado le exijo llegar a mi casa sin indicarle cómo hacerlo, entonces seguramente no llegará o llegará tarde y de mala gana. Lo mismo pasa cuando a nuestros nuevos empleados les exigimos mucho y no les damos las herramientas para saber cómo pueden producir esos resultados.

Entonces, aunque el conocimiento teórico sólo pueda validar su utilidad en la práctica, el conocimiento adquirido por la práctica requiere de la teoría para poder ser transmitido efectivamente. Esta es la importancia de una herramienta teórica eficiente: que pueda capturar la esencia de esa sabiduría empírica de modo tal que otros puedan acercarse a ella.

Sin embargo, existe otra ventaja para una herramienta teórica bien lograda y es que otorga una perspectiva muy atractiva de una posible realidad. Cuando se nos muestra el mapa de una tierra maravillosa, aunque ésta sea ficticia, es natural que queramos explorarla y recorrerla. Lo mismo pasa con un buen modelo de negocio: cuando el emprendedor o el empresario consolidado logran dibujar una realidad atractiva para su idea o negocio, quieren alcanzarla y ejecutarla, explorarla y hacerla realidad.

Sabemos que nuestro curso de modelo de negocio es exitoso cuando nuestros participantes terminan con ganas de dibujar su modelo y de practicarlo en su empresa: serán empresarios que valorarán tanto la teoría como su aplicación y por ello no se perderán de los beneficios de ninguno de los dos.

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