Desde la visión de la carencia: un error de la gestión cultural

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Vivo en un país -México- que fácilmente podría hacerle competencia artística y cultural a las grandes potencias mundiales como Alemania, Estados Unidos o Inglaterra. Conozco el trabajo de varias orquestas y estoy seguro de que podrían estar catalogadas dentro del Olimpo de los grandes intérpretes. He trabajado cercanamente a compañías de teatro que deberían ser un referente, al menos, en toda Latinoamérica. He probado la gastronomía de varias regiones nacionales y están a la par de la más alta cocina de cualquier parte de la galaxia.

Pero, por algún motivo, México sigue siendo un país donde la cultura y el arte quedan relegados al ámbito de lo bohemio y lo pobretón. Aunque todos coincidimos en la riqueza y diversidad que ofrece el país, éstas siguen siendo un bien que casi nada produce a los mexicanos.

La pregunta obligada es, ¿por qué?

Hace un par de años, aproximadamente, la Orquesta Sinfónica de Minería presentó la Serie Integral de Sinfonías de Gustav Mahler. Un trabajo monumental que, desde mi punto de vista, se erigió como uno de los grandes logros orquestales del país en los últimos años. El ciclo contó con una publicidad provocativa, alianzas con otras orquestas y varios coros, una serie de pláticas semanales de apreciación, una conferencia magistral de Sergio Vela en el Club de Industriales y muchas cosas más. Como parte de este proyecto, se grabaron los conciertos en DVDs y audio 5.1, que estarán disponibles para el público eventualmente.

Tristemente, al concluir el primer programa de la segunda temporada dedicada a este ciclo, el público estalló en aplausos antes de que terminara la sinfonía. El desaguisado molestó a la orquesta y al director, quien salió del escenario con un claro coraje atravesado en el alma. A la semana siguiente, en la plática de apreciación musical previa al segundo programa, el expositor retomó el problema y comentó que el público mexicano no está preparado para un producto de esta calidad.

Y ese es el primer porqué del fracaso artístico y cultural de nuestro país: cuando las cosas salen mal se encuentran culpables, no causas.

Si la culpa la tuvo o no el publico ignorante que aplaudió antes del último compás de la sinfonía mahleriana, no es relevante, pues ése no es el problema. Tan no lo es que, después del mentado concierto, en cada nueva representación una voz en off le pedía a los asistentes que guardaran silencio y no aplaudieran sino hasta que las piezas hubieran concluido.

El problema de encontrar culpables es que la carga de la mejora está fuera de nuestras manos y es justo lo que las organizaciones deben evitar. Mientras más elementos puedan controlar que mejoren su calidad, mejor. El camino para este control está en el diseño de un modelo de gestión que les permita crear la mayor cantidad de valor para todos los actores involucrados.

Si un ciclo integral, con DVD incluido, es una propuesta de valor súper innovadora para el público de la Orquesta Sinfónica de Minería, no deberían dejar que dicho valor se desvaneciera por ningún motivo. La orquesta debe innovar, también, en su relación con su público, en sus canales de distribución, en sus actividades y recursos clave e incluso en sus aliados.

¿Qué canales de distribución tiene la Orquesta Sinfónica de Minería? Evidentemente sus conciertos y sus discos. En algunos casos, sus DVDs y a veces sus pláticas y conferencias. ¿Podrían tener otros canales de distribución de su propuesta innovadora de valor? Por supuesto que sí: basta con conocer el caso de la Sala de Conciertos Digital de la Filarmónica de Berlín, por ejemplo.

Más allá del ejemplo, la pregunta que las artes y la cultura nacional deberían plantearse es: ¿cómo puedo entregarle de manera más eficiente a mi público mi propuesta?

¿Cuál es la relación que tienen las instituciones culturales con sus clientes? Publicidad, presencia mediática y una incipiente participación en redes sociales son el común denominador. Nuevamente, ¿cómo puedo relacionarme mejor con mi público?, ¿cómo espera mi público que me relacione con ellos?

Sé que este post ha girado mucho en torno a la Sinfónica de Minería, quienes tocan cuando nadie toca y como nadie toca (lo que nadie toca). Ellos me han servido como ejemplo pues los considero un caso de cómo sí se deben hacer las cosas, más allá de sus áreas de oportunidad.

La pregunta que me planteé fue por qué toda nuestra riqueza artística y cultural en México no ha podido cuajar como un bien que genere más riqueza para el país.

Ensayo la respuesta: porque nuestras instituciones artísticas y culturales siguen sometidas a una premisa falsa, la premisa de que ni el arte ni la cultura son motores de prosperidad y riqueza económica. Porque ellas buscan culpables de sus males y no causas que puedan mejorar. Y porque siguen atadas a un modelo de negocio anquilosado y obsoleto que nadie se ha atrevido a innovar drásticamente.

Las pocas instituciones que lo intentan, Minería entre ellas, están marcando un nuevo rumbo. Pero aún falta mucho más por hacer.

Un comentario en “Desde la visión de la carencia: un error de la gestión cultural

  1. En México no existe la concepción oficial del arte como un puente entre la individualidad más profunda y la dimensión social del ser humano (la comunidad). Se ve como una actividad extra, no como parte esencial de la persona. Por eso no se le da protagonismo en la formación básica ni se ha contemplado su industria dentro del modelo económico que soporta a otras que funcionan mejor con base en la demanda que en la oferta innovadora.

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