La belleza de la imperfección

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Por: Elizabeth G. Frías
Twitter: @elinauta

Una idea simple motiva el post de hoy. Ustedes perdonarán que pase por alto varios límites: el rigor académico, la distancia cultural y la seriedad técnica de la disciplina.

Una imagen de una vasija rota, unida con una sustancia dorada en las grietas, atrajo mi atención en estos días. Se trata de una técnica japonesa, kintsukuroi, que consiste en reparar objetos de cerámica con una laca que contiene oro. Lejos de intentar ocultar los bordes rotos de la vasija, la técnica los hace destacar. El tema es que la vasija es más bella de este modo, rota y reparada.

Muchas ideas pueden tomarse de ese gesto simple. Primero, que la fragilidad y la imperfección no son motivo de vergüenza en el ámbito humano. No hay razón para ocultarlos. Quizá forzando un poco el ejemplo, pienso en los errores desastrosos que, en ocasiones, las grandes empresas cometen en el trato con sus clientes. Las mejores prácticas para solucionarlo incluyen no ocultar el error, hacerlo destacar con humor y con un servicio especial al cliente afectado. El humor y el servicio son ahí el esmalte dorado que repara el daño.

Una segunda idea es que, aunque la mayor parte de la tradición occidental ha tomado como uno de sus más grandes ideales la búsqueda de la perfección y de la eternidad, nuestra cotidianidad gira en torno a lo contrario. Lo incompleto, lo desgastado, lo roto y lo inacabado suelen causarnos nostalgia y tristeza a pesar de que conforman una gran parte de nuestro panorama diario. Pero hay otras tradiciones.

No sé casi nada acerca de la estética japonesa. Pero hay términos, como wabi-sabi y mono no aware, que me atraen aún sin conocerlos a fondo (se necesitaría leer tratados enteros y sobre todo vivir el cambio de cultura para entenderlos). Más allá de la traducción exacta y del significado preciso, estas ideas celebran la estética de la imperfección y de la impermanencia. La fugacidad, lo incompleto y el desgaste son centrales en ese modo de concebir la belleza. Los espacios, objetos y textos creados a partir de estas ideas tienen un factor emotivo muy fuerte.

Como dije al inicio, esta vez dejo a un lado el rigor y voto por trasladar la complejidad de estas ideas al ajetreo cotidiano. Al final, muchas veces se trata de tomar lo que es útil y vincularlo del modo en que nos sirva. Y la idea es muy simple: cuando algo valioso se quiebra, una gran estrategia a seguir es no ocultar su fragilidad ni su imperfección, y repararlo con algo que haga las veces de oro: fortaleza, servicio, virtud. La prueba de la imperfección y la fragilidad, pero también de la resiliencia —la capacidad de recuperarse— son dignas de llevarse en alto.

2 comentarios en “La belleza de la imperfección

  1. Imagina un mundo donde la fragilidad y la vulnerabilidad no fueran vergonzosos. Donde el oro fuera abundante y se encontrara justo ahí donde hace falta: en las heridas y en las fallas. Imagina. Qué insípido ser intachable, qué insípido ser invulnerable.

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  2. Imagínate un mundo donde en cada error que cometiéramos lo reparáramos con oro. Sería otra perspectiva, el mas bello sería aquel que estando en algún grado roto también estuviera en algún grado reparado. Que feo ser perfecto y no equivocarse.

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