En busca del fuego eterno

Por Regina Oviedo

Twitter: @oh_regina

¿Cuál es el afán de buscar la eternidad? ¿No es el hombre por naturaleza finito? Entonces, ¿por qué busca perdurar? ¿Cuál sería la forma adecuada de aplicar la noción de “fuego eterno”?

Esta llama ha sido objeto de deseo en casi toda civilización, es aquella fuente de energía eterna que nos dará la inmortalidad. El fuego como símbolo de eternidad de vida: tener la posibilidad de hacerlo todo, de saberlo todo, de vivir un sinnúmero de experiencias sin preocuparse por las consecuencias, pues el que tienes es un tiempo ilimitado. Pero imaginar vivir todos los placeres que puedas vivir, teniendo en cuenta que los podrás seguir viviendo cuantas veces quieras porque tienes a tu lado los beneficios del fuego eterno, no puede ser del todo positivo. Esta fantasía tan común tiene que ser entendida como imposible pero, al mismo tiempo, como indeseable, reconociendo que es mejor que así sea.

¿No se han puesto a pensar que ese sueño de inmortalidad, tan deseado y buscado en la historia, puede ser una verdadera maldición que podría situarnos en una eternidad de sincero tedio hacia las cosas? Los placeres serían diarios, también los desplaceres, todo sería común y esperado porque habría tiempo para vivir todas las situaciones posibles; nuestras metas y aspiraciones perderían importancia por tener tiempo y posibilidad de hacerlo todo. El “mañana” perdería su sentido.

Me atrevería a decir que todo hombre se ha visto tentado ante la idea de la inmortalidad, quizá sin darse cuenta de que nuestra condición de mortales es mucho mejor porque nos hace apreciar y vivir cada instante más intensamente. Nuestra finitud es algo positivo, es aquello que nos evita caer en una situación de estancamiento y nos lleva a actuar en el presente, a actuar y evitar el tedio porque siempre habrá más posibles circunstancias de las que conocemos y podremos conocer.

Quizá nuestra búsqueda de la inmortalidad esté asociada a su identificación con la perfección: el ser humano siempre es perfectible, mas nunca alcanzará el estado perfecto. Si lo que pretendemos es perseguir la perfección por medio de la eternidad, lo que debemos de pensar es si tenemos la idea del fuego eterno bien aplicada, porque me parece que hay formas de entenderla dentro de la realidad. Una persona no puede acercarse a la eternidad, pero la humanidad en conjunto está un poco más cerca de ese objetivo: lo que nos toca pensar es en nuestras futuras generaciones.

El fuego eterno se encuentra cuando pensamos a futuro, cuando vemos más allá de nosotros mismos, lo que nos llevará a actuar de la mejor forma posible, eligiendo lo que creemos que es lo más optimo para el futuro. La respuesta es reconocer nuestras limitaciones y buscar ser mejores día a día, creciendo en virtudes y preparando no sólo nuestro futuro, sino el de los demás: nuestro legado a la comunidad. Una empresa, por ejemplo, puede seguir sosteniéndose y mejorando aunque su fundador haya muerto, si es que éste dejó buenas bases para que ello suceda.

La idea del fuego perpetuo, entonces, es una locura si sólo pensamos en la eternidad de una sola persona, pero ¿cuándo ha sido el hombre reconocido como totalmente solitario?

Cuando busquemos perfeccionarnos y ser más virtuosos día a día, no debemos hacerlo sólo por nosotros, sino también por los que vienen, porque la eternidad se encuentra más cerca de nosotros al reconocernos como un escalón anterior a muchos otros, como el eslabón de una cadena, como una parte de un todo.

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