Émile Zola y el arte de ser un lector activo

Por Chloe Nava Ecobichon

Twitter: @mmeroubaud

A 173 años de su natalicio, Émile Zola sigue siendo recordado como padre del naturalismo. Su genialidad a veces me parece incomprendida, la idea de que se trató de un autor que buscaba únicamente generar controversia no le hace justicia. Es cierto, buscaba mover a la sociedad, quizá, como decía Julio Cortázar en Rayuela, quería deshacerse del lector hembra —o lector pasivo—. Cortázar fue duramente criticado por usar esa expresión, pero parece que la idea no es demasiado confusa: la novela no se lee y luego se suelta indiferentemente. Uno no lee a Zola mientras se lava la ropa y luego la pone a secar como si no hubiera pasado absolutamente nada.

Hablar de sus obras más famosas como si fueran monumentos que se observan desvirtúa su importancia. Quizá haya que entender más a los personajes, enamorarse un poco más de ellos, ver lo que el autor nos está mostrando: la vida de personas comunes y corrientes en el siglo XIX.

Por ejemplo, uno de sus libros más polémicos es Nana, una joven de escrúpulos livianos, símbolo de la decadencia y encantamiento de Paris. Nana es bella, astuta, se coloca entre la alta sociedad parisina y busca, a su manera, llegar a hacer el bien y ser feliz. Quizá no lleguemos a comprenderla, pero sí a quererla. Lo que nos lleva a la inevitable pregunta —porque no somos lectores hembra—: ¿de dónde viene y por qué busca la venganza en cada hombre al que encanta?

La respuesta se encuentra en un libro anterior a la serie de los Rougon-Macquart llamado L’Assommoir. En él conocemos la historia de su madre y la niñez de Nana. Zola nos revela datos importantes sobre su carácter desde la niñez, su instinto por imponerse sobre los demás, su encanto natural frente a los otros y el poder que tenía ante personas mayores y más fuertes que ella.

Entender a Nana es algo que va más allá de una lectura escandalosa o de un libro polémico por la ligereza moral de sus personajes. Adentrarse en el mundo de esta mujer es ser testigo de la desintegración de una familia aparentemente bella. Entrar en la vida de Nana es entrar en la vida de todas esas mujeres obreras y campesinas y de sus hijas citadinas del siglo del segundo imperio francés.

Y cuando vemos los colores de las palabras de Zola llenar nuestra mente empezamos a preguntarnos por qué pasó lo que pasó y por qué seguirá pasando. Las familias pueden desintegrarse y los hijos pueden convertirse en extraños. La sociedad, sumida en la incertidumbre política y económica, deja que se desdibujen sus costumbres y sus tradiciones.

Leer a Zola es una actividad, es algo que se hace y no sólo se padece. Pienso, como gran fanática de este autor, que deberíamos conocerlo más y dejar que su lectura nos lleve a la acción y no a la simple contemplación o desaprobación de lo que nos narra.

Un comentario en “Émile Zola y el arte de ser un lector activo

  1. Chloe, me gustó mucho. Justo en estas semanas estoy leyendo Nana y la verdad es que me está costando trabajo. Me servirán mucho las claves que das para entender más. Me habría gustado leerte describiendo más a fondo en qué consiste ser un lector activo y cómo es eso de hacer/padecer la lectura —quizá lo de padecer no se entiende del mismo modo fuera de la filosofía—. Es una idea muy aprovechable, ésa. Un abrazo.

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