Consideraciones sobre la guerra (entrega 1)

Por Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

En los últimos días el mundo ha sufrido una tensión excesiva provocada por los gobiernos de las Coreas, Japón y Estados Unidos. Como sabemos, las relación entre estos países no es la mejor, a grado tal que se teme una guerra entre ellos y, por lo tanto, que todo el mundo resulte afectado. Quisiera, a propósito de este delicado tema, hacer una serie de consideraciones sobre la guerra.

Es necesario aclarar que la guerra no sólo es un tema militar, político y económico: la perspectiva moral es una de las cuestiones más importantes a estudiar dentro de ella. Una de las preguntas más esenciales cuando un ser humano se encuentra frente a un conflicto bélico es: ¿Es esta situación justa? ¿Existen tal cosa como una guerra justa? En la historia han vivido quienes han dicho que así puede ser.

Aunque ya en la Antigüedad los pensadores griegos habían hablado y escrito sobre la guerra, fue hasta el Medioevo cuando se estudió de forma directa y no de modo accidental. Fue en esta época cuando, por primera vez, se cuestionó sobre la legitimidad de la guerra. Autores como San Agustín, Santo Tomás, el monje Graciano y Francisco de Vitoria, entre otros, se dedicaron a estudiarla.

Bajo el contexto medieval -en el que la forma general de entender el mundo era sumamente religiosa-, resulta lógico que surgieran preguntas como ésta: ¿Por qué, a pesar de que somos cristianos y de que promovemos el amor, la paz y la fraternidad, existen las guerras, que representan destrucción, muerte y denigración de las personas? A primera vista resaltaba, pues, que la guerra era un innegable mal dentro del mundo. Sin embargo, resulta interesante que pese a ello los pensadores de esta época hayan tenido interés por estudiarla de modo serio, sin caer en la descalificación del tema por su evidente naturaleza maligna.

Aquellos pensadores medievales aseguraron que aunque nadie duda que la guerra sea un mal, por más mala e irracional que sea, ésta puede ser justa y legítima. ¿Qué es lo que vuelve justa a una guerra, según ellos? Podemos resumir en cuatro grandes principios los argumentos medievales para hablar de la justicia en la guerra:

  1. Principio de correcta intención: Lo justo o injusto de una guerra dependerá, según este principio, de la intención con la que ésta se lleve a cabo. Una guerra puede ser muy violenta, sanguinaria y cruel; sin embargo, si la intención es recta, esta guerra será legítima. Por ejemplo, en todas las guerras inevitablemente mueren inocentes. Sin embargo, la intención es la salvación de toda la sociedad, no el asesinato de los inocentes, por lo que ésta justificará el conflicto y sus consecuencias.
  2. Principio de autoridad: Este principio se basaba en que no cualquier persona debería tener el derecho de declarar una guerra, o de lo contrario éstas serían infinitas, pues a cada momento podría iniciarse una por caprichos personales. Según este principio sólo un rey era competente para iniciar una guerra, pues se partía del supuesto de que el rey tenía ese título por ser el más virtuoso para gobernar y, además, que era su derecho divino por haber sido elegido por Dios para ocupar dicha posición. Así, cuando un rey decidía hacer la guerra y la cantidad de recursos, de todo tipo, que invertiría para sustentarla, no podía ser sino la mejor decisión para el reino. Sin embargo, a causa de la naturaleza dañina de la guerra, un rey no se sentiría orgulloso por sus acciones dentro de ella, ni de su victoria, en caso de conseguirla.
  3. Principio de causa justa: Este principio afirmaba que una guerra, a pesar de ser siempre un mal, puede ser justa en la medida de que por lo que se luche sea por un bien común. Así, una guerra sería justa en tanto que los males que esta provoque sean menores a los que evite. Según este principio, por ejemplo, una guerra de defensa en contra de una invasión será siempre justa, ya que se defiende el territorio propio que se habita, se trabaja y se explota para producir el sustento, y con ello el bienestar de las personas que lo habitan.
  4. Principio de proporción: Este principio indicaba que es importante que la autoridad competente para hacer la guerra tenga siempre en cuenta que ésta debe guardar proporciones moderadas. Es decir, una guerra sólo debía hacerse para reparar injurias sufridas, pero no para abusar del contrario. El objetivo de una guerra siempre debería ser el de dejar las cosas como estaban hasta antes de haber sufrido la injuria. Por ejemplo, una guerra defensiva sería proporcionada siempre y cuando se limitase a expulsar a los invasores del territorio propio. La desproporción comenzaría cuando los defensores tomaran el control y se volcaran a invadir a quienes por un momento fueron invasores. Del mismo modo, el botín obtenido de la guerra sólo podría ser el equivalente a lo perdido durante la agresión recibida. Es decir, sólo se debería recuperar lo perdido, nunca, quien hiciera la guerra, cuando triunfase, debería obtener más de lo que le fue quitado.

Y hasta aquí las consideraciones morales más importantes sobre la guerra, según el mundo medieval. ¿Qué coincidencias encuentran con las razones contemporáneas para justificar los conflictos armados?

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