La Cruzada Contra el Hambre y la comida

pan

“La comida relata nuestra historia, habla de nuestro modo de vida y ocupa gran parte de nosotros. Considero que un programa de esa envergadura debe ir más allá de la simple alimentación, debe considerar lo que significa la comida para el hombre y su historia.” 

Por Chloe Nava Ecobichon

Twitter: @mmeroubaud

La Cruzada Nacional Contra el Hambre ha dado lugar a muchas discusiones polémicas. Normalmente, cuando un suceso de este tipo se vuelve un tema recurrente en las noticias, lo último que quiero hacer es una disertación al respecto, pero esta vez se trata de una gran excepción, pues la Cruzada toca un tema muy delicado en mi vida: la comida.

Los temas relacionados con comida me obsesionan personalmente, sobre todo considerando que México ocupa el vergonzoso primer lugar mundial en obesidad infantil. Aunque he encontrado teorías que apoyan la idea de que la pobreza fomenta la obesidad, no se puede decir con toda certeza que eso se dé en la mayoría de los casos. Pero lo que definitivamente no podemos negar es que la malnutrición va de la mano de la pobreza.

Aunque México ocupe ese alarmante lugar, la información sobre este fenómeno escasea- al menos para el público interesado en general. Ahora, si esta información no está al acceso de personas con internet y cierto nivel educativo ¿porqué estaría al alcance de comunidades de muy escasos recursos? ¿Qué saben de obesidad, diabetes, anemia y otras enfermedades ligadas a una mala alimentación personas que viven en la pobreza?

La Cruzada Nacional Contra el Hambre ha abierto muchas dudas en mí; dejando de lado qué comunidades serán beneficiadas y por qué fueron elegidas, queda saber qué tanto saben las cabezas de la cruzada sobre la historia agrícola de sus localidades. Según entiendo, la mejor manera de promover la autonomía y progreso de una sociedad es a través de la producción de los productos sobre los que tienen cierta ventaja, ya sea que con la misma inversión que otras localidades obtengan más y mejores productos o que con una inversión menor obtengan la misma cantidad y calidad de producto que los demás. Eso hace posible el intercambio entre localidades de manera eficiente y les permite conservar una parte para consumo propia a la vez que venden el resto para obtener otros artículos.

Es importante considerar la facilidad de producción que tienen las localidades junto con la cultura para que sea eficiente el mercado que surja entre ellas. Probablemente existan otras formas de promover la autonomía de las localidades, pero pienso que dar incentivos para producir el producto en el que eres más dado, del que puedes sacar más provecho y que además forma parte de tu cultura, es el mejor para comercializar.

Ahora, todo esto viene a mi cabeza porque se invitó a Nestlé y a PepsiCo a participar en la cruzada. Eso no debería verse como algo malo, la iniciativa privada quiere apoyar un programa del gobierno, el problema está en que no se ve claro qué metodología tiene la Cruzada para terminar con el hambre en las comunidades. La propuesta es tan ambigua que la llegada de dos empresas multinacionales a la misma hace dudar de la eficiencia social de la iniciativa.

Si todo lo que dije anteriormente tuvo un poco de sentido, es imposible dejar de preguntarse cómo será posible llevar a la autonomía a estas comunidades. ¿Será a través de programas de Nestlé o de PepsiCo? Me pregunto si tomarán en cuenta la cultura de la comunidad a la que ofrecen su ayuda y el impacto cultural que esto tendrá.

No tengo nada en contra de la avena, pero si estas comunidades consumen otro tipo de alimentos de manera cultural, ¿por qué no promoverlos? En cierto modo se está homogeneizando el consumo de estas comunidades a los consumos de la ciudad. Y repito, no tengo nada en contra de estas empresas, están haciendo lo que una empresa hace: colocarse en el mercado.

Pero a quien le pido más reflexión es a la iniciativa misma, una consideración en torno al campo mexicano. ¿Quién sabe si estas comunidades quieren seguir produciendo su maíz o amaranto? Quizá haya que invertir, más bien, en la producción de una materia prima que corresponda a los gustos de estas personas antes de imponer la comodidad de los productos de las multinacionales.

La comida relata nuestra historia, habla de nuestro modo de vida y ocupa gran parte de nosotros. Considero que un programa de esa envergadura debe ir más allá de la simple alimentación, debe considerar lo que significa la comida para el hombre y su historia.

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