Los caminos del artista

caminos

“El artista —o cualquier persona— no siempre tiene que tomar caminos establecidos, trazados por otras personas exitosas. Cada uno aporta algo nuevo al mundo.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

En 1966 el pianista ucraniano Vladimir Horowitz, de 63 años de edad, acababa de regresar de un descanso que lo mantuvo doce años sin tocar en público. En esa época había un joven pianista cubano llamado Horacio Gutiérrez, de 17 años de edad, que estudiaría con Serguei Tarnovski, profesor de Horowitz. Cuando Gutiérrez tocó para Horowitz, el gran maestro manifestó interés en darle clases, pero el cubano rechazó la invitación.

¿Qué clase de decisión era esa? ¿Cómo era posible que rechazara una oportunidad que el mundo entero envidiaría?

La forma en la que razonan los artistas no siempre es la esperada. Horacio Gutiérrez es sin lugar a dudas uno de los pianistas más importantes de la historia y, en mi opinión, es uno de los tres mejores que ha dado el mundo en cuanto al control del instrumento. Legendario por sus conciertos en los años 70, Horacio tuvo una carrera brillante que ya se adivinaba desde el tiempo en que tuvo contacto con Horowitz.

En su libro Los grandes pianistas, el crítico Harold Schonberg describe a Gutiérrez como un músico con un “sonido, técnica y temperamento” excepcionales. Y es verdad, su control del instrumento es verdaderamente impresionante y, aunque ya mostraba a los 17 años su gran talento, ha perfeccionado su arte a través de la experiencia.

De fuente directa conozco el motivo por el que Horacio decidió rechazar la enseñanza del grandísimo maestro Horowitz y, aunque es mucho más sencilla de lo que uno esperaría, no deja de sorprenderme. Gutiérrez rechazó la oportunidad de estudiar con Horowitz porque su manera de tocar era muy personal y lo que hacía únicamente podría funcionar para él. Horacio sabía que tendría que buscar su propia forma de ser efectivo y de lograr resultados con el instrumento y, pese a conocer a Horowitz en persona y haber vivido de manera directa su forma de hacer música, reconoció que sólo Horowitz podía hacer lo que hacía y no sería capaz de enseñarle a tocar de esa manera tan excéntrica aunque efectiva para él. En contra de toda opinión, el pianista fue suficientemente inteligente y humilde como para reconocer que estudiar con Horowitz no sería algo bueno para él.

Horacio tomó entonces un camino distinto que lo llevó al éxito no sólo profesional, sino también personal, pues ha logrado tener una interacción con el piano como pocos pianistas en la historia y ha conseguido un sonido, una articulación, un fraseo y una profundidad musical únicos en este arte. Y aunque esta forma de tocar esté influida por Horowitz, Gutiérrez logró tener su propia voz haciendo música.

Las reflexiones que esto pueda dejarnos, queridos lectores, pueden ser variadas y muy personales. Yo decido quedarme con la idea de que el artista —o cualquier persona— no siempre tiene que tomar caminos establecidos, trazados por otras personas exitosas. Cada cabeza es un mundo y no hay dos verdaderos artistas iguales; quizás la única similitud entre dos grandes artistas es que cada uno aporta algo nuevo al mundo y nos beneficia a todos por contar con ello.

Les dejo unos links de video y audio para que escuchen a Vladimir Horowitz y a Horacio Gutiérrez.

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