El autógrafo: un ejercicio de reflexión

“Nuestra firma nos representa legalmente, artísticamente, personalmente: por eso le llamamos autógrafo. Si al momento de crearla hicimos un ejercicio de reflexión para autorepresentarnos, ¿por qué no hacer de ese ejercicio algo frecuente?”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

En el último número de la Harvard Business Review encontré un artículo muy interesante sobre un estudio que señala una aparente relación entre el tamaño de la firma de un CEO y su desempeño general. Al parecer, mientras más grande la firma, mayor posibilidad de que el directivo tenga una personalidad narcisista y dominante, lo cual se ha comprobado como una característica negativa para un liderazgo efectivo.

El artículo me dejó pensando en un tema que, me sorprendió a mí mismo descubrir, no había repasado durante más de diez años en mi vida: el qué dice mi propia firma sobre mí y sobre quien soy.

La mayoría de nosotros ya raramente escribe a mano cualquier cosa que no sea una lista de súper mercado o pequeños recordatorios en post-its para la oficina -aunque deberíamos-, pero nuestra firma es algo que inevitablemente, por motivos de seguridad, todos tenemos que escribir aún con nuestro puño y letra. Es algo que hacemos casi inconscientemente, un trazo que nuestro mano recuerda ya sin la interacción necesaria de la memoria consciente, algo que nos sale “natural”.

Pero, ¿qué pasaría si hiciéramos de nuestra firma algo no mecánico, sino un ejercicio reflexivo? Después de todo, al momento de crear nuestra firma todos pensamos un poco -o un mucho- sobre ella, sobre su estética y los elementos que la conformarían. En mi caso, y sospecho que es algo muy común, creé mi firma cuando estaba en mi adolescencia, en ese momento en el que el mundo me exigió una manera de identificarme en un permiso para conducir, una tarjeta de crédito o una credencial electoral. De eso hacen ya muchos años.

Nuestra firma nos representa legalmente, artísticamente, personalmente: por eso le llamamos autógrafo. Si al momento de crearla hicimos un ejercicio de reflexión para autorepresentarnos, ¿por qué no hacer de ese ejercicio algo frecuente? Después de todo, a diferencia de nuestra firma, nosotros crecemos y cambiamos con el tiempo. El autógrafo que hace más de una década me representaba, aunque siga haciéndolo en papeles oficiales, hoy en día ya no es un reflejo fiel de cómo me veo a mí mismo.

¿Qué pasaría si el día de hoy decidieras volver a crear tu firma, tu rúbrica única, íntima y personal? ¿No sería éste un interesante ejercicio de reflexión, de actualización necesaria? ¿Y qué pasaría si cada vez que plasmaras tu firma lo hicieras no de manera automática, sino consciente, reflexiva?

Existe una “ciencia” llamada grafología que estudia las características de la escritura a mano y es supuestamente capaz de encontrar rasgos de nuestra personalidad por el trazo de nuestras letras, pero no me convence mucho por que sus fuentes suelen ser poco fiables -casi esotéricas- o las conclusiones que resultan de sus estudios, demasiado específicas. (Aquí un ejemplo. Nótese que la grafóloga invitada vende sus servicios como “gran entretenimiento y gran diversión” desde su sitio web)

En cambio, existe otra disciplina que me gustaría sugerir como enfoque para este ejercicio de reflexión, una que se practica desde hace siglos: la caligrafía.

La caligrafía es, por decirlo de manera sencilla, una aproximación artística a la escritura. Más que una forma de escribir bonito, es una forma de manuscribir que, a través de la disciplina e introspección, consigue imprimir significados externos -sentimientos, ideas, simbolismos- a las palabras, por la forma de las letras o caracteres que las representan. En la película Zhang Yimou, Héroe, podemos encontrar un bello ejemplo de esta práctica.

Así que, estimado lector, te invito a que te unas a este ejercicio que puede ayudarte mucho a conocerte y reconocerte, a comprender el progreso y el camino que has recorrido desde la última vez que te volteaste a ver para intentar plasmarte en tinta y papel. Quizá encuentres que has crecido más de lo que pensabas, que existen mejores maneras de presentarte al mundo o que te detienes un poco más a pensar en dónde plasmas esta firma, una vez que comprendas que te representa en más de un sentido.

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