Tacubaya

 “En cierta medida el cuidado y la importancia que cobra una locación para la gente, viene del orden y la belleza que ven en el lugar.”

Por Chloe Nava E.

Twitter: @mmeroubaud

Llevo aproximadamente siete años usando el metro de la Ciudad de México de manera cotidiana y, para ser más específicos, siete años llegando a la estación de Tacubaya. Uno de los problemas de una ciudad tan grande como ésta es que exige una gran logística cuando se trata del transporte público. Tacubaya no queda cerca de mi casa, al menos está a media hora en autobús si es que éste se desplaza a una velocidad razonable, no hace paradas excesivas y no hay mucho tránsito; pero esa es la estación más conveniente para mí de cualquier modo.

Siempre me llamó la atención que su símbolo fuera un cántaro -en náhuatl Tacubaya significa “lugar donde se junta el agua”-. También me sorprende saber que en la historia de la ciudad Tacubaya ha tenido importancia, en 1861, por ejemplo, Benito Juárez la nombró Tacubaya de los Mártires, en memoria de las víctimas del 11 de abril de 1859.

Logo de la estación de metro de Tacubaya.
Logo de la estación de metro de Tacubaya.

Tacubaya indicaba uno de los límites de la ciudad, incluso cuando hoy en día se extiende hasta Santa Fe y Cuajimalpa, la urbanización llegaba hasta allí. Por el estilo que aún conserva el jardín se puede pensar que se trataba de un lugar agradable, un lugar en el que uno podía pasear y alejarse del vaivén propiamente citadino.

Pero conforme pasan los años me cuesta más trabajo imaginar que hubo un lugar tan bonito en donde diario va a parar mi autobús y eso me entristece. Lo pintoresco se esconde en el parque y en ciertos viejos edificios abandonados, olvidados por su gente y por lo tanto por la historia. Y quizá eso no me entristece del todo, porque entiendo que las ciudades cambian y que hay lugares que se olvidan o que se convierten en puentes para nuevos espacios.

Y puede que no sea tristeza la que tenga en mí, sino cansancio. Me he hartado de ver la mugre en el suelo, que se acumula y forma una capa realmente desagradable. Si llueve o ha llovido el suelo se llena de un lodo fétido y resbaloso, el agua que se junta es negra y repulsiva, nadie quiere pasar cerca de esos charcos. La imagen del cántaro y el significado náhuatl parecen hablar de una realidad demasiado remota, prácticamente impensable.

Sin embargo, la vida sigue, la suciedad parezco verla sólo yo junto con otros cuantos desafortunados. La gente sigue comiendo ahí, comprando sus golosinas, bolsas, plumas, pasta de dientes, cucharas, en fin lo que el vendedor ambulante tenga para el día. Muchos no muestran sorpresa alguna al notar que el lodo que pisan no es una mezcla de tierra con agua, ni parecen notar los extraños aromas que nos envuelven.

Antes de llegar al interior del metro cuesta trabajo creer que uno se encuentra realmente a unos pasos del Bosque de Chapultepec y de la antigua zona industrial, de la cual sólo queda el edificio de Baco para dar noticia. Y me pregunto -y contesto la mayoría de las veces- ¿no sería bueno limpiar Tacubaya? Lo digo muy en serio, ¿no ayudaría a levantar la imagen del lugar y la perspectiva que tienen sus habitantes el mostrar de hecho cierta preocupación por la superficie de la estación? Reconozco que hace un par de años se inició la remodelación de la sección con juegos de feria. Pero no puede detenerse eso ahí. Hace falta trabajo desde lo más básico -no puede faltar la higiene en el lugar, por ejemplo, algo a mi parecer elemental-.

No se puede exigir a los transeúntes que muestren respeto por el lugar si de entrada no se muestra ningún interés por mantenerlo presentable. En cierta medida el cuidado y la importancia que cobra una locación para la gente, viene del orden y la belleza que ven en el lugar. No digo que sólo por ver el lugar limpio todas las personas se mostrarán respetuosas y cuidadosas en él, pero sí que gran parte de ellas empezará a notar algún valor en ese orden y limpieza.

Falta mucha educación aún entre la ciudadanía para el respeto de los lugares públicos, empezando por el significado mismo de un lugar público. Es deprimente un lugar así, en el que ni siquiera puedo mantener mis pantalones y zapatos limpios antes de llegar al trabajo. Pero un cambio es posible. Tacubaya podría no ser horrible, podría dejar de ser el único punto de mi día en el que preferiría desaparecer.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s