Abandonar el discurso para abrazar la acción

“Si en verdad queremos crear un negocio debemos salir al mundo y dejar la seguridad de la planeación.”

Por Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

“Pensar no es otra cosa que construir un armario.” -Martin Heidegger

Aunque estoy consciente de que Heidegger tenía otra idea en la cabeza cuando escribió la frase que encabeza este post, quisiera tomarla como pretexto para desarrollar una idea que no deja de perseguirme.

Muchas veces, al momento de hacer empresa, uno decide que es necesario investigar, analizar y planear todo con exquisita pulcritud. El problema, que ya se ha señalado en tantas partes y por tantos autores, es que una vez que el empresario ha alcanzado su plan perfecto, éste ya es anticuado. “No hay plan que resista el primer contacto con el mundo”, es un adagio empresarial muy conocido… y cierto.

¿Qué es lo que se debe hacer, entonces?

Construir un armario es la gran metáfora para la respuesta que estamos buscando. Construir un armario implica el compromiso con la práctica, con la ejecución.

Imaginemos que un día contratamos a un diseñador o a un maestro carpintero para que nos entreguen un armario, y a la vuelta de un mes nos entrega todo un documento increíble de cómo es que lo va a construir durante el siguiente mes, ¿qué pensaríamos? Seguramente nos molestaría y exigiríamos que nos entregara el mueble, no el plan para hacer el mueble.

Por supuesto que esta exigencia, empero, no implica que queramos a un improvisado. Buscamos a quien pueda construir ya un armario. Alguien que por el camino de la práctica (el carpintero) o de la investigación (el diseñador) puedan alcanzar la meta que tenemos en la mente al pedir un armario.

Igual debemos acceder al problema de hacer empresa. Construir un negocio se logra construyéndolo, es decir, saliendo al mundo a realizar las actividades clave que se tienen encomendadas. Hacer empresa no es otra cosa que construir un armario.

Si en verdad queremos crear un negocio debemos salir al mundo y dejar la seguridad de la planeación. Tomemos nuestras hipótesis y probémoslas en la realidad una y otra vez hasta alcanzar el mayor grado de adecuación posible entre lo que ofrecemos y lo que el mundo necesita.

Sólo así probaremos el verdadero valor de nuestra idea, de nuestra empresa. Solamente así tendremos los elementos necesarios para seguir enriqueciendo nuestro conocimiento de lo que significa hacer empresa.

De lo contrario seremos grandes teóricos de sueños sin realizar. Pero nunca empresarios.

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