Existencia y literatura. Mancuerna indisoluble

“Aún tenemos la fulgurosa necesidad por literatura que ponga en crisis nuestros vínculos afectivos y nos enfrente con el ser más difícil de encarar: nosotros mismos.”

Por Roberto Rivadeneyra

Recientemente revisaba la lista de los libros más vendidos en la semana (22-28 abril) de la Cafebrería El Péndulo. Algunos títulos no despiertan ninguna sorpresa. Que allí esté Murakami, con su Tokio blues, o El gran Gatsby, de F.S. Fitzgerald no provocan asombro alguno. El primero es el autor de moda y que sólo el tiempo determinará si es tan bueno como su capacidad para vender historias; el segundo podría ser una muy grata sorpresa —y ahora que lo pienso sí lo es—, pero su inclusión se entiende por la efervescencia que siempre produce el estreno de una película que tiene una novela como punto de partida. Es bueno saber que Hollywood esté logrando que la gente lea probablemente la mejor novela norteamericana del siglo XX. En dicha lista también vemos al inmortal Kundera con La insoportable levedad del ser. Verla allí, tímidamente, pero publicada, en décimo lugar, me hace pensar en la fulgurosa necesidad que aún tenemos por literatura que ponga en crisis nuestros vínculos afectivos y nos enfrente con el ser más difícil de encarar: nosotros mismos. Pareciera que las crisis existenciales nos gustan más de lo que nos asustan.

Es probable que de allí se desprenda la inclusión en primer lugar de una novela sencilla, corta y contundente que en muy pocas páginas nos pondrá a reflexionar en más de una dirección. Estoy hablando de Nada, de Janne Teller. Esta novela, escrita en el año 2000, no es rosa, ni dulce, ni amigable, ni cómoda. Es corta —apenas 160 páginas en la traducción castellana— y llena de crueldad. Ante la provocación de un adolescente, Pierre Anton, sobre el nulo sentido de la existencia, el resto de sus compañeros buscarán demostrarle lo errado que está. Pero, ¿se puede demostrar que vivir es valioso? ¿Cómo probarle a otro ser humano que la vida tiene sentido y vale la pena estar vivos? ¿Cómo responder ante el nihilismo? ¿Cómo acallar una mente que ante cualquier propuesta de valor responde: nada? «Nada importa. Hace mucho que lo sé. Así que no merece la pena hacer nada. Eso acabo de descubrirlo», repite una y otra vez el muchacho.

Sus compañeros se desesperarán hasta la locura y de tanto buscarle sentido a la vida, perderán por completo el rumbo que mantiene al ser humano íntegro. La historia que se teje ametralla de dudas a quien la lee y la conmoción en que uno queda al terminarla es brutal, pero así es la vida, ¿no? Nada nos enfrenta a nuestros prejuicios y obliga una reflexión que muchas veces por comodidad arrinconamos entre los tiliches de los pensamientos «para después». Su tema es tan hondo que filosofía, psicología y pedagogía son invitadas necesarias para revisar qué se ha hecho con el ser humano. ¿Se nos ha enseñado a pensar bien? ¿Se nos ha mostrado la manera de distinguir entre actos buenos y actos malos de una manera racional? ¿Se nos ha explicado la diferencia entre valor y precio? ¿Se nos ha enseñado la manera de ejercer el primero o sólo la manera de buscar el segundo?

En el siglo pasado William Golding publicó El señor de las moscas buscando el mismo afán: que la gente reflexionara a partir de una crisis existencial. Sin comparar la pluma del Nobel con la de Teller, ambos logran que pensemos en la sociedad en la que vivimos utilizando niños y adolescentes como espejos de lo que somos. La lectura de Nada inevitablemente es un eco de aquella pregunta que en su momento formuló Heidegger: «¿Por qué el Ser y no más bien la Nada?» ¿Podría usted responderla? ¿Qué sucedería si, como Pierre Anton, se diera cuenta que mejor la Nada?

Ciertamente puede ser caprichosa la aparición de la novela de Teller en el primer lugar de los más vendidos de la semana. También es cierto, sin embargo, que la gente aún está desorientada sobre el sentido de su existencia. Mientras no tengamos claro el puerto al que queremos llegar, la aventura será un navegar sin rumbo, hacia cualquier lugar, tal vez en círculos, allí mero, hacia la nada. O, tal vez, halle la respuesta en la narrativa.

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