La alegría oculta en la tragedia

“La dimensión que puede cobrar un sentimiento de felicidad o de amargura puede venir de la importancia y del papel que le demos a las situaciones positivas o negativas de nuestra historia.”

Por Chloe Nava

Twitter: @MmeRoubaud

Ciertos momentos históricos nos remiten a una serie de emociones muy definidas, ya sean positivas o negativas. Tendemos a valorar nuestro pasado e identificarlo solamente como algo bueno o malo, claro para nosotros, y hablamos de distintos sucesos de acuerdo a la impresión que tenemos de ellos. La forma en la que hablamos de nuestro pasado en cierta forma define nuestro comportamiento en el presente. Aunque el pasado no nos determina, sí tiene un papel activo importante en las decisiones que tomamos cada día y la forma con la que vemos las cosas que nos rodean.

Cada país carga con una historia, una interpretación del mundo y una manera de hacer las cosas. Lo que haga o diga un país es interpretado de formas diferentes por los demás. La Unión Soviética, por ejemplo, puede llevarnos a un imaginario más bien gris, un momento triste para todos los habitantes de la ahora llamada Rusia. No faltan los museos que exhiben fotografías de gente triste, de personas con grandes carencias alimenticias y viviendo en condiciones poco envidiables.

Pero como todo en la vida, no podemos quedarnos con sólo un lado del relato. A pesar de la gran miseria que respiraban los habitantes de la URSS, ellos no estaban todo el tiempo tristes; aunque su sufrimiento fuera grande, no podían negar los momentos de alegría que, con certeza, se apoderaban de ellos. Porque siempre podemos encontrar un rincón de felicidad sin importar la situación en la que nos encontremos.

El fotógrafo Sergey Chilikov muestra ese lado de la URSS del que casi nadie habla en su serie Sergey Chilikov: Selected Works 1978. En ella retrata escenas tanto de la vida cotidiana como de situaciones divertidas que involucran a sus habitantes. Resaltan los desnudos, sin ser sexualmente sugerentes, simplemente como un retrato del cuerpo como expresión artística, algo de humor y de buen carácter dentro de la tristeza que los rodea.

En las poses de los fotografiados no podemos leer la nostalgia de su tiempo, común en retratos de la Unión Soviética; juegan con la cámara. Su mundo se reduce al diálogo entre sus cuerpos y el fotógrafo, cosa que nosotros podemos ver y resulta placentero. En las escenas de lo cotidiano tampoco se cuela la supuesta tristeza del momento histórico, la vida continúa sin importa que tan trágico sea el momento que se vive, llega un momento en el que esa tragedia deja de ser ocupar la atención central.

La dimensión que puede cobrar un sentimiento de felicidad o de amargura puede venir de la importancia y del papel que le demos a las situaciones positivas o negativas de nuestra historia. La historia de una nación que se cuenta poniendo en el centro únicamente la tristeza vivida corre el riesgo de determinar de forma negativa la visión que tienen sus habitantes de sí mismos, así como la que tienen los extranjeros de ellos.

Trabajos como los de Chilikov no sólo pueden cambiar la narrativa de un país y la de sus habitantes, sino que nos muestran que nada es blanco o negro en la vida, sino que siempre hay colores que se escapan por ahí y por allá.

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