Kinderszenen Op. 15

“La inocencia y pureza de la música no deben ser intervenidas o alteradas por el ego de un pianista.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Hablemos de una pieza para piano que despierta los sentimientos más escondidos de nuestra niñez; una obra que ha sido inspirada en las memorias más inocentes y puras que se basan en episodios vividos por los niños, escogidos por Robert Schumann para describirlos musicalmente y contribuir al Romanticismo con una pieza característica de relevancia histórica. Esta obra es Kinderszenen Op. 15.

Schumann tiene una colección importantísima de piezas programáticas para piano, típicamente con influencias literarias —ya sean propias o de otros escritores—, constituidas por movimientos cortos que son descriptivos, por ejemplo el Carnaval Op. 9, Papillons Op. 2 o Kreisleriana Op. 16.

Kinderszenen o “escenas de niños”, fue escrita alrededor de 1836, cuando Robert Schumann y Clara Wieck —su futura esposa— tenían una relación a escondidas. Ambos coincidían en que es una obra que, para interpretarse, lo hace a uno olvidarse de que es un virtuoso del piano, pues la inocencia y pureza de la música no deben ser intervenidas o alteradas por el ego de un pianista.

En mi opinión esta obra refleja el estado artístico más típico de Schumann, en el que le es inevitable utilizar la música como medio literario o pictórico para describir lo que yo llamaría “capítulos musicales” —como en una novela—,  por retratar momentos en la vida de un niño de manera poética.

De una colección enorme de piezas cortas, Robert Schumann escogió trece para formar esta obra. Los trece movimientos están entrelazados musicalmente, lo que los hace parte de una misma obra, aunque son movimientos individuales. Para entender a grosso modo el concepto de la obra, basta con leer el título de estos movimientos. Los enlisto a continuación:

Von fremden Landern und Menschen (Extraños países y personas), Curiose Geschichte (Un cuento divertido), Hasche – Mann (El hombre del saco), Bittendes Kind (El niño mimado), Gluckes genug (Bastante feliz), Wichtige Begebenheit (Un acontecimiento importante), Traumerei (Ensueño), Am Camin (En la chimenea), Ritter vom Steckenpferd (Caballero en caballo de madera), Fast zu ernst (Un poco serio), Furchtenmachen (Espantoso), Kind im Einschlummern (Niño adormecido), Der Dichter spricht (El poeta habla).

La traducción de los títulos las he tomado de un texto escrito en la revista digital Imprescindibles por el musicólogo español Borja Velázquez.

La obra describe en cada movimiento emociones que vive un niño; estos capítulos van desde la felicidad, los juegos y las risas, hasta el sueño, la melancolía y el miedo, unificadas al final con la inevitable relación literaria típica de Schumann al equiparar el poder de la voz de un poeta con el valor artístico de la pureza y la inocencia infantil descrita en la pieza. Nadie mejor que Schumann ha sido capaz de hacer esto con la música; cuenta una historia de manera tan descriptiva con la música que, en mi opinión, adelgaza la línea entre lo literario y lo musical haciendo difícil distinguir una de la otra. Esta idea es la que lo lleva a aparecer en la lista de los más grandes compositores románticos de la historia.

Para terminar veremos renunciar a Vladimir Horowitz, pianista famoso por su impresionante virtuosismo, a su personaje público, escondiéndose detrás del piano y de la música para dejar existir esta obra de gran inocencia y a la vez de gran peso artístico.

Disfrútenlo aquí.

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