Las baladas de Chopin

“El término balada, relacionado a la poesía francesa del siglo XIX, trascendió a la música del gran compositor polaco Frédéric Chopin.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Un artista tiene que aportar algo nuevo al mundo. Hablando de músicos, cada gran compositor ha hecho lo mismo a través de la historia. Lo interesante es que prácticamente todos han tenido su fuente de inspiración y la música que escribieron no salió de la nada ni fue concebida por generación espontánea.

No es la primera vez que hablamos de la literatura como influencia importante en las artes musicales, y es que el término balada, relacionado a la poesía francesa del siglo XIX, trascendió a la música del gran compositor polaco Frédéric Chopin. Hasta ese momento de la historia nadie había escrito una obra que fuera llamada así y que representara una forma musical completamente nueva y con una estructura indefinida. El uso de términos como éste, inspirados en la literatura francesa, es un recurso típico en los compositores del romanticismo.

Chopin fue un niño prodigio, pianista y compositor desde joven; acostumbrado a tocar en recintos pequeños y con una sensibilidad extraordinaria, es probablemente el compositor que mejor haya conocido el piano en toda la historia hasta ese momento, lo que le interesó e inspiró a otros compositores como Liszt, Brahms o Rachmaninoff. Chopin compuso casi exclusivamente para el piano, dejando atrás las posibilidades de otros instrumentos (o incluso la orquesta) para trascender con un solo instrumento como gran compositor romántico.

Escribió obras en formas ya conocidas, como conciertos, sonatas y valses, pero la balada fue algo nuevo y sin precedentes. Quizás la inspiración en la literatura francesa haga que estas obras sean tan poéticas y sensibles, y que por ello el piano sea tan adecuado para esa música tan cristalina.

Quiero aprovechar este texto para compartirles las cuatro baladas que Chopin compuso y que contribuyeron directamente al repertorio romántico, influyendo a futuras generaciones. Entre otras obras, Chopin obtuvo fama mundial por estas piezas que definen su lenguaje tan atractivo para todos los pianistas.

Balada No. 1. Op. 23 en Sol Menor

Compuesta en 1831 en Viena y publicada en París, fue inspirada por la soledad que le embargaba por estar lejos de su tierra, donde había una guerra contra la opresión del Emperador Ruso.

Interpreta Vladimir Horowitz:

Balada No. 2 Op. 38 en Fa mayor

Compuesta de 1836 a 1839 en Francia y España, fue dedicada a Robert Schumann después de que el compositor alemán le dedicara su famosa Kreisleriana Op. 16.

Interpreta Krystian Zimerman:

Balada No. 3 Op. 47 en La bemol mayor

Se cree que fue inspirada por el poeta y dramaturgo polaco Adam Mickiewicz. Según ciertas fuentes, fue basada en un viaje a Palma de Mallorca en el cual tendría que viajar varios kilómetros para quedarse en un monasterio que sólo era accesible por carreta jalada por un burro. La representación del paso del burro puede ser claramente escuchada a partir del minuto 2:08.

Interpreta Krystian Zimerman:

Balada No. 4 Op. 52 en Fa menor

Compuesta entre 1842 y 1843 en París, está, según Robert Schumann, inspirada nuevamente por Adam Mickiewicz. Es sin duda la más difícil de las cuatro técnica y musicalmente.

Interpreta Evgeny Kissin:

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