Cultiva tu rareza

“Cultivar la rareza no significa exhibirla, sino aprovecharla, refinarla,
ponerla a trabajar. No se trata de no pertenecer, sino de destacar.”

Twitter: @albertotensai

“Puedes cambiar el mundo”, “puedes crear tu propia historia”. Estas son aseveraciones que hemos oído hasta el hartazgo: lugares comunes salidos de cualquier película hollywoodense, programa de emprendimiento o comercial de licores; pero la realidad es ésta: sólo la gente extraordinaria puede hacer cosas extraordinarias. Mi pregunta para ti, estimado lector, es la siguiente: ¿te consideras una persona extraordinaria? Y si no, ¿qué has hecho para ser una?

La sociedad en la que vivimos los jóvenes de hoy nos impulsa, por una parte, a ser “únicos” y a dedicarnos solamente a lo que más nos gusta hacer, pero aunque comúnmente se nos advierte que convertir ese deseo en realidad no es tarea sencilla, no se nos dice por qué. Nuestro obstáculo no sólo es el mundo: somos nosotros mismos. Dedicarnos a lo que más nos gusta —sin morir de hambre en el intento— nos parece un logro increíble, una tarea hercúlea, algo propio sólo de los “grandes genios” como Jobs, Gaga o Zuckerberg. Y, entonces, claro, lo concebimos como algo imposible desde un principio.

“¡Espera!”, podrían objetarme, “¡tú mismo acabas de decir que sólo la gente extraordinaria puede hacer cosas extraordinarias!”. Así es, y lo sostengo. Mi punto es éste: Todos podemos ser extraordinarios si nos dedicamos a ello. Pero hay que notar que es una situación potencial y condicional: podemos serlo sólo si nos dedicamos a serlo.

Es muy fácil destacar por cosas absurdas, como un corte de cabello estrafalario, para parecer extraordinario. Ser diferente o excéntrico no es ser extraordinario: no tiene ningún valor en sí mismo. Es más, no encajar en ningún lado intencionalmente es entregarse en charola de plata al rechazo social justificado y a la crítica destructiva que lleva a la soledad y a todos los vicios que la acompañan. Eso, por supuesto, no lo deja a uno en condiciones de cambiar nada.

Entonces, ¿cómo serlo? ¿Cómo convertirse en una persona extraordinaria?

Éste es mi consejo: cultiva tu rareza.

Todos tenemos dentro de nosotros algo que a veces nos sentimos impulsados a esconder, porque lo consideramos raro o anómalo, pero quizá ese algo sea el talento o esa característica única que nos haría destacar en lo que queremos hacer. El escritor Neil Gaiman lo dice así: “The one thing that you have, that nobody else has, is you.” Revela lo más íntimo de ti, lo que te hace único en realidad. Encuentra tu rareza y cultívala.

Ser extraordinario no es ser diferente a lo ordinario, sino más que lo ordinario. No es estar “fuera” de lo ordinario, sino por “encima”. Y eso requiere esfuerzo. Incluso los verdaderos genios de la historia que no cultivaron su rareza —su don, su talento, su persona— murieron, con todo y su genio, en la pobreza espiritual, la miseria material y la ausencia de sus seres queridos.

Cultivar la rareza no significa exhibirla, sino aprovecharla, refinarla, ponerla a trabajar. No se trata de no pertenecer, sino de destacar. “We are not meant to fit in, but to stand out”, diría el actor Jim Caviezel. ¡Y destacar implica mucho esfuerzo!

Recientemente leí en un blog dos frases muy relevantes para el tema. La primera: “A brilliant mind is usually found in the head of a weird person”. Yo diría, mejor: una mente brillante usualmente se desarrolla —no se encuentra— en una persona rara.

La segunda frase es: “A weird person actively pursues trouble”. Y esto es cierto y necesario también. Para cultivar la rareza hace falta exponerla al mundo: hay que causar ruido, hay que gritar las opiniones, hay que pelear contra el status quo. Pero cultivar la rareza no es fomentar la discordia, sino el cambio. Hay una enorme diferencia entre un verdadero revolucionario y un pandroso inconforme. Cultivar la rareza es practicar el don especial que tenemos y sacarle el provecho máximo. Cultivar es crear, no destruir.

Es valioso reconocer que todos tenemos una rareza propia que cultivar. No es cierto que existen personas que nacieron para ser ordinarias: es una elección personal, no un destino. Quizá no quieras hacer el esfuerzo, pero si quieres hacer un cambio —¡otro lugar común!— tienes que empezar contigo.

En su novela “El misterio del solitario”, Jostein Gaarder le llama “comodines” a las personas extraordinarias. “Siempre habrá un comodín que rompa el espejismo.” Ser comodín es no encajar, pero por las razones adecuadas. El comodín es, al mismo tiempo, la carta más terrible y la más deseada, la mejor durante el juego y la peor al final, si no se utiliza a tiempo.

Tu rareza te aislará siempre de la gente común, como el comodín está solo en las barajas, pero si la cultivas y la haces notar encontrarás a otros raros como tú. Cultivar tu rareza tiene su precio y requiere mucha dedicación, pero es necesario para ti mismo. Es como vivir la parábola de los talentos; si no los usas, el desperdicio es terrible: una vida lejos de lo que siempre quisiste para ti, una vida irrelevante, una enorme oportunidad desperdiciada.

Todos estamos llamados a ser extraordinarios. Así que dedícate a encontrar tu rareza y, cuando la encuentres, acéptala, protégela, engrandécela. ¡Cultiva tu rareza!

Este post fue publicado originalmente el día 31 de julio de 2013. 

5 comentarios en “Cultiva tu rareza

      1. Gracias por tu comentario, Franco. Estoy totalmente de acuerdo contigo. ¿Notaste que utilicé comillas en la expresión? Las comillas no se utilizan para dar énfasis, sino para citar frases y, en ocasiones como ésta, para añadir una ligera nota de incredulidad o sarcasmo frente a una percepción común –que se cita para ello–. El mismo Steve Jobs nos lo dijo: “el mundo está hecho por personas que no son más inteligentes que uno mismo”. Lo que hago aquí es cuestionar la percepción que tenemos de esos “grandes genios”, la que deberíamos cambiar para empezar a verlos como personas comunes y corrientes que se atreven a hacer lo que les gusta y a hacerlo apasionadamente. Sólo en eso radica su carácter de extraordinarios, mas no en una condición innata e inalcanzable por otros, como la genialidad. ¿Me explico mejor?

        ¡Saludos!

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