El problema de la obesidad mexicana

“Pareciera que buscar una vida sana fuera un asunto de creencia (…) Si no se expone la dimensión del problema, ni la extensión de las consecuencias en salud y economía nacional, no puede esperarse mucho por parte de la opinión pública.”

Por Chloe Nava

Twitter: @MmeRoubaud

México es el país con más obesidad del mundo. ¿Qué lleva al primer lugar de una lista tan vergonzosa a un país reconocido por su gran diversidad de alimentos? ¿Cómo llega el 32.8% de la población adulta mexicana a estar en sobrepeso cuando tenemos una amplia gama de frutas, verduras, semillas y demás alimentos saludables a nuestra disposición?

De acuerdo con la ONU parte de la causa de este fenómeno se debe al aumento de los ingresos. Pero ésta es una de muchas causas, ciertamente un incremento en la clase media puede llevar a un gran cambio de hábitos en un sector de la población, pero el porcentaje de obesos aumenta de manera global y ataca diversos sectores socioeconómicos, con lo que establecer una sola relación sería simplificar burdamente el problema.

Hay que considerar que no sólo ha aumentado el poder adquisitivo de las personas sino que los alimentos se producen en mayores cantidades. Resulta más económico producir a gran escala que a pequeña escala, y parece fácil consumir más, por lo mismo. Pero claro, eso sigue sin explicarlo todo.

Aunque lo más sabio para analizar un problema no sea partir del estado de las cosas actual, me parece que en este caso debo hacerlo. El ideario popular sigue teniendo la impresión de que cuidarse o “hacer dieta” es algo que sólo cierto tipo de gente hace porque quiere verse delgada, o porque piensa que así van a estar sanos. Pareciera que buscar una vida sana fuera un asunto de creencia, hay quienes creen en ello como creen que un cuarzo puede protegerles de los malos deseos de los demás. Quizá sólo cuando los síntomas empiezan a revelarse el enfermo y los familiares consideren una vez más si trata de una creencia o no. Pero aún así no creo que la razón por la cual aún no se ataca de frente al problema sea exclusivamente el ideario popular.

El modo en el que nos transportamos, la actividad física que tenemos, los procesos por los que pasan los alimentos, los hábitos alimenticios, las instituciones de salud, agricultura y educación; todo tiene un papel en esto.

No sólo son responsables los obesos de su enfermedad, ciertamente ellos son los que consumen las calorías extra y descuidan su actividad física, pero si desconocen lo que eso realmente significa no pueden señalarse como únicos culpables. No es de dominio popular, por ejemplo, el saber la cantidad de calorías que debe consumir una persona promedio con una actividad física moderada. Desde la infancia cada persona debería aprender qué cantidades y qué alimentos son buenos para su consumo y cuáles no. Insisto, no sirve de nada decirle a alguien cuántas calorías tiene un alimento si no conoce antes la cantidad que se supone debe consumir. Tampoco sirve de mucho poner en las etiquetas el contenido de grasas o azúcares si el consumidor desconoce cuál es el porcentaje normal de consumo, o cuál es la utilidad de que dicha información le sea proporcionada.

Y a todo esto, pienso que tanto las escuelas como las instituciones de salud deben tener campañas más agresivas y efectivas que las de culpar a la comida chatarra. No es pecado comer un helado de cono industrial, pero sí lo es comerse dos o tres al día. Si no se expone la dimensión del problema, ni la extensión de las consecuencias en salud y economía nacional, no puede esperarse mucho por parte de la opinión pública. La ignorancia es gran parte del problema.

La industria alimenticia también tiene su papel en esto. Es cierto que la distribución de los alimentos no se da de manera equitativa, y que tanto la calidad como la diversidad de productos que llegan a las ciudades y sus alrededores son diferentes. El acceso no sólo económico sino físico que tiene la gente a ciertos productos puede afectar la calidad de su alimentación y, en este sentido, también debe cuidarse que las instituciones reciban el apoyo necesario para hacer efectivo el acceso a alimentos de la misma calidad sin importar en dónde se viva.

Reconociendo que el de la obesidad en México es un problema complejo, he prestado atención a los distintos medios de comunicación y no veo que se haga demasiado para enfrentar este deshonroso y peligroso puesto mundial. El error es siempre el mismo: se tiende a atribuirle la culpa a causas aisladas que tienen poco que ver con la complejidad del tema, buscando soluciones igualmente aisladas y, por lo tanto, inefectivas.

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