Los planetas

“Gustav Holst tuvo que resignarse a un fenómeno que ha acechado la vida de muchos compositores a lo largo de la historia: el ser famoso por una obra que el mismo autor no considera merecedora de toda su reputación.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Aunque la idea de este texto puede llevarlo a ser una intervención breve, me parece sumamente interesante escribir de una obra que ha gozado de una popularidad inesperada en el repertorio sinfónico. Esta popularidad incluso molestó al compositor, quien la resintió por desviar la atención de otras obras que había compuesto.

Gustav Holst, autor de Los Planetas Op. 32 (1914–1916), fue un compositor inglés que tuvo que resignarse a un fenómeno que ha acechado la vida de muchos compositores a lo largo de la historia: el ser famoso por una obra que el mismo autor no considera merecedora de toda su reputación. Sin embargo, Los Planetas es una suite sinfónica de alta calidad y renombre en el mundo de los músicos.

La idea surgió de un amigo de Holst, quien lo indujo al mundo de la astrología —no de la astronomía—, dando prioridad al misticismo de la disciplina, en lugar de estructurarla desde un enfoque científico. El objetivo de la astrología es explicar la supuesta influencia que los cuerpos celestes pueden ejercer sobre los eventos de la vida del ser humano. Esto tiene que ver con una cuestión más psicológica  y supersticiosa que científica, pero dio elementos que ayudaron a crear una atmósfera oportuna para el desarrollo artístico de esta pieza sinfónica.

Para Holst cada movimiento refleja lo que desde su punto de vista representa el carácter de cada planeta. Esta suite consta de siete movimientos correspondientes a los planetas conocidos hasta el momento de su composición —excepto la Tierra—. Recordemos que Plutón se descubrió en 1930, y en aquel momento Holst se negó a hacer un octavo movimiento en protesta contra la inesperada gloria de la obra, que cegaba al mundo del resto de su repertorio.

La pieza pasó por varios procesos antes de llegar a su estructura definitiva y completa. No fue sino hasta años después de haberse escrito que se presentó finalmente de manera completa. Los movimientos tienen los nombres de los planetas y su asociado carácter astrológico, lo cual, insisto, agrega posibilidades artísticas al carácter de la música.

La orquestación y el lenguaje, si bien es cierto que encuentran sus orígenes en la música folklórica inglesa y de compositores de principios del siglo XX, siguen siendo bastante conservadores, pero, como todo buen compositor, Holst se las arregló para escribir una gran obra original e innovadora, fuente de inspiración para generaciones posteriores, incluyendo compositores del género que, en sus tiempos, estaba por despegar: el cine.

Los invito a escuchar Los Planetas de Holst. Que la disfruten:


 

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