Las ataduras de la pobreza

“El éxito del combate a la pobreza depende de en qué medida se fortalecen o amplían los horizontes de la libertad.”

Por Susana Kiehnle Sierra

Twitter: @SusanaKiehnle

En su afán de trascendencia, todo ser humano atesora la capacidad de soñar, de absorber un momento y devolverlo al futuro, de revolucionar su vida hacia el infinito. La libertad de imaginar, de pensar el largo plazo, es fundamental para encontrarle un sentido a la vida y así definir cualquier proyecto. Citando una frase nietzscheana, Viktor Frankl señala que la realidad no determina la falta o la ausencia de sentido de vida: “quien tiene un por qué para vivir es capaz de soportar cualquier cómo.” Pero, ¿qué pasa cuando el dolor y el sufrimiento no son parte de una situación extraordinaria y temporal como lo fueron los campos de concentración? ¿Qué sucede cuando, desde el momento en que se nace, todo esto es una constante?

Para una persona en situación de pobreza, la libertad de soñar se encuentra restringida por la realidad, lo que dificulta enormemente la capacidad de proyectar y de encontrar y mantener un “por qué” para vivir. La pobreza es un fenómeno en el que múltiples variables, relacionadas entre sí, se combinan para generar impotencia, falta de voz, de pensamiento, de acción. Tener que vivir “de mano a boca” no es una elección, es una frustrante y dolorosa necesidad en donde ver a largo plazo no implica movimiento, sino rigidez. Por ello, para entender el “mal-estar” es necesario mirar más allá de los indicadores económicos.

Ya lo apuntaba Aristóteles en su Ética Nicomaquea: “evidentemente no es la riqueza el bien que nosotros buscamos; la riqueza no es más que una cosa útil a que aspiramos con la mira de otras cosas que no son ella.” Entretejida con otras dimensiones del “bien-estar”, como la material y la social, está la dimensión psicológica que se expresa en cuestiones como la felicidad, la armonía, la tranquilidad y los sueños.

Si tomamos al desarrollo como un proceso de expansión de las libertades de un individuo, como afirma Amartya Sen, el éxito de cualquier política pública cuyo objetivo sea el combate a la pobreza depende de en qué medida se fortalecen o amplían los horizontes de la libertad. Así, el desarrollo implica la eliminación de las principales restricciones a la libertad, como escasas oportunidades económicas, privaciones sociales sistemáticas, intolerancia y represión que, en conjunto, imponen límites a los sueños de un individuo.

Para que ver a largo plazo implique movimiento, las políticas públicas para aliviar la pobreza deben pasar de un enfoque puramente centrado en los niveles de ingreso o consumo a uno multidimensional e integral en el que se busque modificar aquello que expone a una persona a empobrecerse o que le impide salir de su situación; como por ejemplo, seguridad social y servicios de salud de calidad, instituciones representativas, procesos transparentes. Las acciones para el desarrollo deben crear caminos que posibiliten el diálogo, que permitan a la población comprender lo que se propone para que, en consecuencia, cada persona tome posición y sea capaz de decidir lo que mejor le convenga, de trazar su futuro, de soñar.

“Sueño con tener tiempo para rezarle a Dios después de haber hecho una buena comida y haber dormido en una cama de bambú, eso es calidad de vida.” – Mujer de Bangladesh, Voices of the poor

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