Hacia una ética del cuidado

cuidado

“Al igual que el buen pensamiento en general, en el pensamiento ético tiene que haber un balance entre el aspecto cognitivo y emocional.”

Por Natalie Despot

Poco a poco los temas vinculados a la bioética cautivan la atención de más y más personas: el aborto, la eutanasia, la ética médica, el cuidado del medio ambiente y la atención universal a la salud –entre otros– nos presentan desafíos inusitados que necesitan ser reflexionados desde diversas disciplinas. Sobre estos temas no se puede opinar a la ligera, son temas relacionados a la vida, la libertad y la responsabilidad, en el que también entran en juego distintos juicios, principios y valores culturales y religiosos que pueden hacer que la toma de decisión sea un proceso difícil.

He estado siguiendo la práctica filosófica de considerar estas cuestiones desde la perspectiva de las teorías éticas más importantes (utilitarismo, kantismo, principalista). Estas teorías hacen de la deliberación moral una cuestión fundamental en materia de derechos y deberes, las consecuencias de las acciones y los principios que rigen en el ámbito moral y ético. Por ejemplo, la consideración de si las leyes deberían permitir a los médicos realizar suicidios asistidos puede tener en cuenta los derechos de los pacientes (principio de autonomía), los deberes de los médicos, los efectos positivos y negativos de suicidio asistido. El riesgo aquí es que si nos basamos sólo en un enfoque basado en la obediencia a determinados principios, se pueden llevar a cabo acciones que vayan contra la dignidad humana, y sin embargo, cuenten con un fundamento ético. Por ejemplo, un psicópata inteligente puede seguir todos los patrones de razonamiento estándar y llegar a una conclusión acerca de lo que está bien o mal, y así, sin problema aparente, elegir una acción dañina para otras personas o sus derechos. Esto puede darse porque al psicópata no le importa las otras personas.

La ética tradicional resaltó mucho el papel de la racionalidad en el campo de la moral, sin embargo, estudios recientes (Damasio,2001; de Waall, 2000) muestran que las emociones tienen un papel fundamental en el desarrollo moral. Psicólogas como Carol Gilligan y Nel Noddings argumentan que la ética tiene que tomar en cuenta las emociones, creencias y contextos particulares de las personas para comprenderlas y así poder cubrir sus necesidades.

Emociones como la compasión –la preocupación por el sufrimiento de los demás– y la empatía –imaginar las experiencias de los demás– permiten que tanto los médicos como todos aquellos que tratan con una persona necesitada, la traten con el cuidado que se requiere.

Una de las ventajas de la ética que proponen Gilligan y Noddings es que parte de una experiencia común: la necesidad de ser cuidados. Todos estamos vivos y tenemos capacidades cognitivas gracias a que alguien cuidó de nosotros durante nuestro proceso de desarrollo. Aplicar esta ética con nuestros seres queridos –familiares, pareja, amigos— no es difícil, de hecho es algo que emerge naturalmente. Sin embargo, las dificultades se dan cuando se busca trasladar esta ética al ámbito jurídico. ¿Se debe exigir legalmente a una madre cuidar de su hijo? ¿Se podrían aplicar las leyes cuidando a la vez de la persona que está siendo juzgada?

Es importante pensar sobre la manera en que se puede llevar la ética del cuidado al ámbito público. Ser ético requiere tanto de un buen razonamiento sobre los derechos/principios/consecuencias, como el cuidado de todas las personas afectadas por las acciones. Volviendo al ejemplo sobre si los médicos deben realizar suicidios asistidos, ahora vemos que tiene que entrar en juego también la capacidad empática del médico hacia los pacientes, familiares y demás personal médico. Siempre tiene que procurar actuar conforme a la dignidad de la persona, y no dejarse guiar por la practicidad o aspectos económicos. Al igual que el buen pensamiento en general, en el pensamiento ético tiene que haber un balance entre el aspecto cognitivo y emocional.Tal vez este tipo de cuidado ayudará a conciliar los conflictos relativos a los derechos, las consecuencias y los principios que surgen inevitablemente en situaciones éticamente difíciles.

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