¿Explicación o discurso?

“Existen dos términos que necesitan definición para ayudarnos a aclarar la diferencia entre lo que es arte y lo que no lo es: el discurso y la explicación.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

Es común que nos surjan dudas con respecto al arte. En mi caso he tenido la recurrente conversación con mis amistades sobre la línea que divide el discurso, la explicación y la charlatanería. ¿Cuándo estamos hablando de arte, de un experimento social o simplemente de un engaño que provoca que coleccionistas, museos o personas adineradas paguen cantidades estratosféricas por obras que, desde un punto de vista, podrían ser consideradas basura?

En tiempos antiguos no existía tanta duda sobre lo que era el arte; implicaba tener un elemento estético, llegar a las emociones del hombre, la belleza y la expresividad. Todos estos valores artísticos, como el resto de las características del ser humano, han cambiado con la historia, haciendo cada vez más difícil definir la línea entre lo que es arte y lo que deja de serlo. En mi opinión existen dos términos que necesitan definición para ayudarnos a aclarar esta diferencia: el discurso y la explicación.

La explicación es la información que toda obra de arte necesita, pues, si bien es cierto que muchas veces no es necesaria la ilustración para poder disfrutar una sinfonía de Beethoven o una pintura de Velázquez, esta exploración determina el nivel de entendimiento de una historia y un contexto que indudablemente existen para respaldar la esencia de las obras. En este caso, la explicación no sustenta el valor estético y artístico de los trabajos, sino que simplemente se limita a exponerlos desde un plano de entendimiento superior, desde el cual el público puede disfrutarlos con mayor precisión. Toda aquella obra que necesite explicación no está excluida de ser considerada arte.

En mi opinión, el discurso es otra cosa completamente distinta. Muchos artistas han decidido llevar al extremo la idea del experimentalismo y la migración de las tradiciones conservadoras a un liberalismo que parece romper con la definición de arte. No niego la necesaria e inevitable evolución de las tradiciones para adaptar las tendencias artísticas hacia una línea vanguardista, sin embargo, muchos se han refugiado en esta trayectoria para vender la idea de que cualquier cosa es arte, dependiendo del punto de vista desde el cual se observe. Partiendo de esta base, cualquier cosa necesita ser acompañada de un discurso que rodee al objeto en cuestión y logre convencer al público de que lo observado es una pieza artística, sin importar lo mundano y común que ésta pueda ser. En este caso, el valor de la obra se hace enteramente dependiente del discurso olvidando los elementos como la estética, la belleza o la expresión.

Con esta idea no quiero radicalizar mi texto diciendo que toda obra que tenga un discurso esté lejos de ser arte. Sólo digo que, desde mi muy particular punto de vista, todo aquello que dependa únicamente del discurso no es arte.

Les comparto un par de ejemplos para explicarme más.

En una ocasión presenté un texto sobre una artista llamada Tara Donovan. Tuve oportunidad de conocer su obra en el año 2007 en el Museo de Arte Moderno de Boston. Al entrar a una de las salas me encontré con una disposición de miles de vasos desechables organizados de tal forma que creaban una ola con un efecto visual bastante impresionante. Al no saber de qué se trataba, leí que la idea de Tara Donovan —que, por cierto, no es nueva— era elevar el valor del objeto común de plástico a un plano desde el cual pudiera ser apreciado y percibido como un objeto artístico. Necesitaba de la mano de la artista para existir en ese plano. Lo que leí fue una explicación, necesaria para entender más a fondo el impacto visual que la obra logro causar en mí antes de leer cualquier texto al respecto.

Otro caso. En clase de historia de la música, en mis años de estudiante, comentábamos las nuevas tendencias vanguardistas sobre la música aleatoria —idea que ya había aparecido en tiempos de Mozart—. Las nuevas tendencias experimentales intentan hacer creer al escucha que los agujeros de una metralleta sobre un papel pautado o el movimiento de un pez en un tanque con un pentagrama impreso, así como una infinidad de formas aleatorias de escribir “música”, son arte. Esta disposición aleatoria necesitaría, desde mi punto de vista, un orden dispuesto por un artista para poder subsistir en un plano estético. Como no disponen de esa intervención intelectual, este tipo de obras necesitan de un discurso que pretende hacerlas pasar por arte, pero que en realidad pone en peligro su esencia artística.

¿Ustedes qué opinan, queridos lectores?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s