Una condición para cultivar la rareza

Rafael Araiza en el cuarto de Liz

“La libertad es una condición necesaria para todo aquel que pretenda cultivar su rareza. Es responsabilidad nuestra procurarla para los que no la tengan, además de que está en nuestro mejor interés.”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

En mi post anterior los invité a cultivar su rareza, lo cuál seguiré haciendo aquí, pero presentando algunas consideraciones importantes para poder hacerlo. Te invito, estimado lector, a releer aquel texto primero para que podamos continuar con la idea fresca en nuestro pensar y sentir.

Ya está dicho que cultivar la rareza implica valor y decisión, y que la cobardía de no hacerlo tiene un precio que se paga muy caro: el de una vida invertida —desperdiciada— en otra cosa que no es la que amamos. Al poeta Charles Bukowski le costó 49 años de su vida el poder dedicarse de tiempo completo a lo que a él le hubiera gustado hacer siempre: escribir. Sin un análisis más profundo, podría pensarse que Bukowski, quien no era un tipo precisamente optimista, fue un cobarde también, pues sus intentos anteriores de dedicarse a la escritura fueron muy tímidos y rápidamente renunciados. Pero no saltemos a conclusiones aún.

Es tentador aferrarse al discurso común de que somos dueños de nuestro propio destino, audaces fortuna juvat, y todo eso. Y yo mismo señalé en la primera parte de esta reflexión que es necesario atreverse a cultivar, a trabajar y ejercer nuestros talentos. Entonces, ¿por qué hay tanta gente que no se atreve a cultivar su rareza?

En esta carta, el mismo Bukowski nos dejó una pista importante. El poeta dice que la esclavitud no fue abolida, sino extendida a todos los colores —las razas—, haciendo referencia a aquellos desgraciados que desperdician su vida en un empleo que nunca disfrutaron, pero que lo hacen porque les parece que no tienen otra opción. Esto es vivir una especie de esclavitud, provocada por condiciones ajenas a su control.

Hace poco Susana Kiehnle señaló en en este mismo blog un tema muy relevante y relacionado con este pensar: “para una persona en situación de pobreza, la libertad de soñar se encuentra restringida por la realidad”. Hay condiciones sociales, como la injusticia laboral, que coartan nuestra libertad de decisión y que quizá nos impidan cultivar nuestra rareza. Si una persona ha vivido toda su vida bajo tierra, ¿cómo creería que existe un cielo infinito encima de su cabeza, lleno de estrellas y galaxias inexploradas?

La libertad, entonces, es una condición necesaria para todo aquel que pretenda cultivar su rareza. Es responsabilidad nuestra procurarla para los que no la tengan, además de que está en nuestro mejor interés.

Me explico: la rareza, ya está dicho, no se cultiva en solitario. El mejor modo de procurar la libertad de hacer lo que queremos no es hacerlo impidiendo la libertad de los demás, sino pujando junto con ellos por generar las condiciones sociales propicias para el desarrollo de la libertad de ambos.

Para ejemplificar y ser más claro, me gustaría señalar que esto aplica también para empresas y marcas que buscan cultivar su rareza propia. Este enfoque de cooperación para generar condiciones propicias es una perspectiva interesante y ventajosa para comprender los beneficios de la libre competencia: si las condiciones sociales, políticas y económicas son propicias para que alguien pueda hacer buen negocio, yo también puedo aprovecharlas y hacerlo.

Cuando Grupo Alsea adquirió Starbucks para traerlo a México, uno de los ejecutivos de mercadotecnia de Nestlé, que trabajaba con la marca de Nescafé, expresó a uno de sus jefes su preocupación: ¡la competencia había adquirido la marca de café más popular de Estados Unidos y amenazaba con conquistar México también! Pero pronto le fue señalado que su temor estaba infundado: si Starbucks/Alsea entraba a México promoviendo el consumo de café entre los mexicanos, lejos de ser un problema para Nescafé, estaba sumándose a sus mismos intereses. Al abrir el mercado de consumidores de café, estaban mejorando las condiciones para que Nescafé promoviera con mayor libertad su producto en otros ambientes y situaciones de la vida.

Así podemos ver que la diferenciación comercial de una marca o producto puede buscarse por méritos propios, al igual que la rareza se cultiva en uno mismo, cuando las condiciones son propicias para que otros hagan lo mismo también.

Entonces, son necesarias condiciones internas —virtudes— y condiciones externas —contexto de libertad— para cultivar la rareza. Así que el valor necesario para ello no sólo debe aplicarse a luchar contra los propios miedos, sino que debe ponerse a trabajar también para abolir los de los demás.

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