Las ideas como arte

“El trabajo artístico conceptual se valora como actividad reflexiva y experiencial; desde su aparición, le exigimos a los artistas no sólo el talento técnico, sino un ideario, un programa, una poética: un discurso.”

Por Elizabeth G. Frías
Twitter: @elinauta

En uno de sus textos dibujados, León Ferrari habla del arte como de una mujer:

(El arte, hijo mío, es una mujer muy linda que prefiere no estar sola. A veces se la ve muy digna con sombreros emplumados, terciopelos y collares entre un grupo de señores que la invitan con champagne. A veces la arrinconan en un altar unos cuantos sacerdotes y la nombran la gran virgen de una hermética religión. Pero a veces también, por suerte y con todo su beneplácito, una banda escandalosa se la roba de la iglesia, se la lleva en procesión, la acuesta en un matorral, le arranca los cuatro calzones y entre aullidos y carcajadas procede a su fornicación concienzudamente (esto es lo que se llama la etapa de gestación). Cuando veas esta ceremonia, hijo mío, no te pares a escuchar los llantos y los lamentos de los celos y las envidias de los frailes y los señores que no la hicieron gozar.)

El símil es un tanto brusco (y misógino), pero me gusta porque hace evidente esa actitud desafiante de algunas piezas de arte actual. Al entrar a la sala de algún museo y encontrar encumbrado como pieza artística algún objeto insignificante —como una cáscara de plátano, por ejemplo— casi podemos escuchar los aullidos y las carcajadas de los que habla León Ferrari. Y ante tal burla, la reacción suele ser el rechazo categórico de que aquello pueda llamarse arte. Por eso entiendo la pregunta que Santiago Piñeirúa planteó en su último post: ¿cómo distinguir entre arte y farsa?

Él propone centrar la atención en la explicación y en el discurso. La explicación es la información que acompaña a toda obra de arte: el contexto, el análisis, la historia que la rodea. Muchas veces no es necesaria una explicación para disfrutar de la obra —en especial si pensamos en una sinfonía o en una pintura hermosa—, pero enriquece el ejercicio de comprensión. Santiago define el discurso como la retórica que rodea a las piezas que no se sustentan sólo por sus valores estéticos: la argumentación que busca legitimar a esas piezas como obras de arte. Cuando el valor de la obra depende por entero del discurso, afirma, no es arte. Ahora bien, Santiago tendrá que permitirme que le lleve la contraria (sólo por una cuartilla).

El problema con esa afirmación es que deja fuera todo el arte conceptual: aquél en el que las ideas son más importantes que el objeto mismo. En uno de los primeros textos que se escribieron al respecto, Sol LeWitt dice que “la idea se vuelve una máquina que hace el arte”. Es decir, el discurso es la pieza. El arte conceptual no depende de las habilidades del artista como artesano. El artista debe, en cambio, hacer que su obra sea intelectualmente interesante, aunque en muchas ocasiones sea parco en emoción. La apariencia de la pieza es irrelevante; lo importante es el proceso de concepción. Y afirma: “el arte que está dirigido principalmente a la sensación visual se llamaría perceptual más que conceptual”. Si el aspecto visual de la obra es deliberadamente poco interesante, dice LeWitt, es para que la atención se dirija hacia lo primordial: la idea, que muchas veces es muy simple. Por eso se evitan las piezas impactantes, de grandes dimensiones o de materiales impresionantes. El ejemplo ineludible es el urinario de Duchamp.

LeWitt va un paso más allá: incluso si no se lleva a cabo, la idea por sí misma ya puede considerarse arte. Y cualquier evidencia de esa idea —bocetos, anotaciones, intentos fallidos, modelos, conversaciones— pueden hacer las veces de obra de arte.

Muchos artistas después de él siguieron ese camino; hay huellas del arte conceptual en el performance, el land art, el arte povera, el happening, fluxus y muchos otros. El trabajo artístico conceptual se valora como actividad reflexiva y experiencial; desde su aparición, le exigimos a los artistas no sólo el talento técnico, sino un ideario, un programa, una poética: un discurso.

El arte conceptual es, muchas veces, el nexo entre la creación artística y la teoría que la explica. Cuando el artista se apropia por entero del derecho a ser él mismo quien explique su pieza, el discurso se vuelve central. Ahí está la intervención intelectual que se echa en falta si se busca en el objeto y no en la idea: este tipo de arte exige una atención distinta, pues pone en crisis lo que habitualmente esperamos encontrar en una obra de arte: estética, relevancia, trabajo artesanal. Pone en crisis incluso la materialidad de la obra.

Lo que resta es la idea. Ahí, en esa idea, está el rapto del que habla Luis Ferrari en el fragmento que cité al inicio; ahí, con aullidos y carcajadas o con arrullos y cantos, está la gestación de la obra, la interrogación, la búsqueda, la experimentación y la creación. Se trata de aguzar el oído para encontrar el equivalente de la belleza perceptual en esa idea que de inicio nos parece árida y hosca. Su canto puede ser leve o estruendoso, puede ser disonante o burlón, pero hay que lograr escucharlo.

Me dará gusto conocer más opiniones. Los dejo con algunas piezas en las que el discurso es central:

Una y tres sillas, de Joseph Kosuth.

Real edge of the line that divides reality from fiction, de Luis Camnitzer.

Snow Piece, de Yoko Ono.

Un comentario en “Las ideas como arte

  1. Un amigo dice:

    “Leí tu post. Hace un tiempo me hice mi propio manifiesto para dejar de romperme la cabeza y decidir (para mis adentros) lo que es y lo que no es arte. La única sentencia es… es arte si me pone la piel chinita. Creo que no estás muy de acuerdo conmigo. Pero es que me veo imposibilitado a dar una explicación racional con los límites impuestos por el lenguaje que permitan definir qué es y qué no…

    Yo creo que el arte no tiene propósito. Creo que el arte es una especie de grito, una forma de exteriorizar algo (no se qué, una idea tal vez) que tenemos adentro. Por lo mismo, no creo en la figura del artista, no creo que haya artistas, arte sí, pero no artistas. La creación artística no es un oficio, ni un empleo… el arte no es un producto.

    Bueno, todo esto viene a razón de que terminaste tu post diciendo que te gustaría conocer opiniones, yo te doy la mía, que ha cambiado un poco desde la última vez que la compartimos, haz una colección de opiniones, estaría padre poder ver muchas.”

    Y aquí estoy, siguiendo la sugerencia. ¡Gracias!
    Me recordó esto: “If you ask me what I came to do in this world, I, an artist, will answer you: I am here to live out loud.”
    ― Émile Zola

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s