Los beneficios de tener rivales

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“Puede gustarnos o no la manera en la que trabaja, pero un buen contrincante siempre nos sorprenderá con sus decisiones y nos hará pensar de nuevo en el modo que resolvemos las cosas.”

Por Chloe Nava

Twitter: @MmeRoubaud

Nos han dicho que se aprende mucho de los éxitos y de los fracasos, pero muchas veces olvidamos que no sólo se aprende de los nuestros, sino de los que experimentan los demás también. Aprender de lo que otras personas o grupos realizan puede llegar a darnos una mejor perspectiva de nuestras actividades que cuando nos observamos a nosotros mismos. Los demás se presentan como espejos y a través del resultado de sus acciones podemos darnos una idea de lo que nos espera a nosotros.

También es popular la idea de que todo aquel que compite con nosotros es un enemigo. No hay nada más falso. El rival no debe tratarse como un enemigo. La rivalidad surge cuando alguien o un grupo de personas quieren lo mismo que otro, sin embargo esa situación no tiene por qué ser negativa, de la competitividad se puede sacar lo mejor de uno mismo.

Los demás, como dije, llegan a ser reflejo de nosotros mismos. Nos podemos ver en las cosas que les suceden y las decisiones que toman. Sus éxitos podrían ser los nuestros, por eso cuando vemos a alguien triunfar logramos tomarlo como modelo de inspiración; también cuando alguien que admiramos fracasa sentimos cierto grado de dolor, ya que nosotros pudimos estar en su lugar. La idea de que necesitamos de los demás para saber quiénes somos y cómo nos vemos está presente a lo largo de toda la historia de la filosofía y se desenvuelve de muchas formas diferentes. Mi mente no alcanzaría a abarcar a todos los pensadores y corrientes filosóficas que tocan el tema, por lo que me detendré en una sola idea.

Sólo alguien que consideremos un igual puede realmente darnos una retroalimentación valiosa de esta clase, ya sea intencionalmente o no, ya se trate de un amigo que quiera hacernos abrir los ojos, de un ídolo que alcanzó sus sueños o de un competidor que al vencernos nos demuestra lo que pudimos hacer mejor.

Por eso el rival no es un enemigo, se trata de alguien que trabaja de manera distinta para conseguir el mismo objetivo. Puede gustarnos o no la manera en la que trabaja, pero un buen contrincante siempre nos sorprenderá con sus decisiones y nos hará pensar de nuevo en el modo que resolvemos las cosas. Un espejo no nos muestra a nosotros mismos: lo que vemos es un reflejo y distinguimos claramente dónde terminamos nosotros y dónde empieza la imagen. Si lo que vemos es distinto de lo que esperábamos, empezaremos a analizarnos, buscando la explicación de esa diferencia.

Al momento de tomar decisiones, vernos en el reflejo de los demás nos ayuda a comprender nuestras propias acciones. Podemos observar las semejanzas y diferencias de los métodos que utilizamos y analizarlos para su mejora. Por todo esto, aprender a comprenderse a través de los demás no debe hacerse sólo entre los amigos o ídolos, sino también entre los rivales, porque así podemos acercarnos a una visión más amplia y clara de nosotros mismos.

P.D. Si no han visto la película Rush, les recomiendo ampliamente que lo hagan. No se necesita ser un experto ni fanático de la Fórmula 1 para disfrutarla e ilustra muy bien lo que aquí he expuesto.

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