El talento creativo y el dolor

“El sufrimiento nos ayuda a crear arte porque nos desnuda, porque destruye la superficialidad y busca en lo más profundo de nuestra alma.”

Por Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

“The inmost spirit of poetry is at bottom, in every recorded case, the voice of pain – and the physical body, so to speak, of poetry, is the treatment by which the poet tries to reconcile that pain with the world.”

― Ted Hughes

A lo largo de la historia el arte ha tenido un notorio papel como respuesta a situaciones de depresión, de duelo o de enfermedad física. No son pocos los ejemplos de obras artísticas nacidas en medio del sufrimiento, tales como la Segunda Sinfonía de Schumann, escrita durante un periodo de fuerte depresión; el Requiem de Brahms, compuesto a partir de la muerte de su madre y de uno de sus mejores amigos; o el Cuarteto para el Fin de los Tiempos de Messiaen, escrito en prisión.

Incluso hay artistas cuya obra entera está marcada por el sufrimiento, sin el cual ésta no tendría la misma fuerza, ni la misma belleza. ¿Qué sería de la obra de Wilde, van Gogh o Chopin si sus vidas no hubieran sido tan marcadas por el sufrimiento? Sin duda, multitud de creaciones insustituibles a lo largo de la historia del arte han surgido de la experiencia del dolor.

Sin embargo, me pregunto: ¿la creación artística forzosamente tiene que ir de la mano con el dolor? ¿Es cierto que las mejores obras son creadas en momentos de sufrimiento?

El compositor romántico Franz Schubert aseguraba que las obras que escribió en sus momentos más obscuros son las que parecían agradar más a la gente. Entonces, ¿será que las obras escritas en momentos de alegría y satisfacción no tienen la misma calidad artística que las creadas en tiempos de profundo sufrimiento?

Para empezar a responder digamos que, ciertamente, no todo dolor genera arte. Ya lo decía el artista español Víctor Mira:

“El arte no es razonable. No obedece, ni de buen ni de mal grado, a quien no es virtuoso. Tampoco el sufrimiento y el dolor se dejan gobernar por artistas incapaces. Para que el dolor sea arte, tiene que tener algo que dé vueltas en la cabeza, tiene que ser pensado y congelado. Lo contrario, es un reflejo automático que responde al sufrimiento o al dolor, sin pasar, por lo que todos los grandes artistas han tenido, es decir: un silenciador. (…) Un artista no debe tener otro objetivo, ni otra preocupación, que apropiarse del arte, o mejor, ser espacio vacío donde el arte se suceda.”

Lo que está diciendo Mira es que el sufrimiento y el dolor que no son filtrados e interpretados por una mente creativa, en el fondo no contienen nada, y mucho menos arte. El artista, según el pensamiento de Mira, debe ser capaz de separarse de su propio dolor para poder verlo como a un objeto. Sólo entonces el artista puede mirar al dolor sin sufrirlo y, libre de sus pasiones, puede ver más allá de sí mismo para situarse en ese “espacio vacío” y silencioso que le permite ser testigo de todo y generar verdadero arte.

“Porque un hombre cualquiera, con su dolor, sólo hace cualquier cosa —continúa diciendo el artista español— y de todos es sabido, que van Gogh, con su dolor no hizo cualquier cosa, porque él no era cualquier hombre. Así que hizo algo que nos afectó a todos.”

No todo dolor genera arte porque el sufrimiento y el dolor son pasajeros y mutables y el arte es eterno, por lo que no cabe en él nada transitorio. El artista es aquél que es capaz de “congelar” su sufrimiento para volverlo eterno, para poder expresarlo de manera artística.

Cuentan que Henri Matisse pintaba con muchísima dificultad, porque tenía artritis. No sólo tenía que soportar la casi imposibilidad de mover sus articulaciones, sino que además sufría un dolor terrible. Cuando le preguntaron la razón por la que seguía pintando, a pesar de tener fama y una buena posición, respondió: “El dolor desaparece, la belleza queda”.

Ahora, siguiendo con mi respuesta, también es importante decir que no todo buen arte es producto del dolor. Creo que nos quedamos con la impresión de que las mejores obras artísticas son las que expresan dolor porque naturalmente somos mucho más empáticos con el sufrimiento que con la alegría ajena.

El estado de alegría se da por sentado porque, en cierto sentido, es lo esperado. El dolor, por el contrario, es estridente porque es una ruptura, una ausencia escandalosa que nos obliga a detenernos y a mirar ese espacio vacío. Es como entrar a un cuarto ordenado: el orden es agradable, pero pasa desapercibido, pues es lo esperado. En cambio, si entramos a un cuarto lleno de cosas en el que tenemos que caminar con cuidado para no tropezarnos, inmediatamente nos vamos a dar cuenta del desorden, pues es una ruptura con el ambiente que se espera.

Creo que algo similar sucede con el arte nacido del dolor: no es que sea de mejor calidad que el arte producido con alegría, sino que es más fácil notarlo e identificarnos con él, pues el dolor es lo que nos iguala, lo que nos hace conscientes de nuestra condición humana, lo que nos sensibiliza y nos abre más. El sufrimiento nos ayuda a crear arte porque nos desnuda, porque destruye la superficialidad y busca en lo más profundo de nuestra alma.

Habrá que pensar, entonces, en el reto que implica enfocar la creatividad artística hacia la alegría.

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