Escuchar música para emprender: el ritmo y la velocidad de ejecución

“Es necesario hacer el hábito de gestionar bien el tiempo, de darle un pulso sano y vigoroso a una empresa para que pueda ejecutar del modo más perfecto posible.”

Por Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Después de haber hablado en mi último post de la relación que existe entre la imagen estética y la visión empresarial, quiero hoy enfocarme en el paralelismo que podemos encontrar en el ritmo y la velocidad de ejecución.

Como dije entonces, el libro de Neuhaus propone tres grandes lecciones para la interpretación del piano: (a) la Imagen estética, que he comparado con la visión empresarial; (b) el ritmo y (c) el sonido. Para mayor claridad, permítanme recordar el cuadro que propuse en mi texto anterior.

Lecciones de música Lecciones de empresa
Imagen estética Visión empresarial
Ritmo Velocidad de ejecución
Sonido Negocio

Nos dice el autor y pianista que “la música es un proceso sonoro que se desarrolla en el tiempo, y no es un instante ni es un estado inmóvil”. Igualmente, podríamos decir que la empresa es un proceso productivo que se desarrolla en el tiempo, y no es un instante ni un estado inmóvil.

Es innegable que el tiempo es una dimensión que atraviesa la actividad humana, ya sea artística o empresarial. Sin embargo, en casos concretos como la música o la creación y gestión de empresas, el tiempo no sólo atraviesa la actividad, sino que la constituye de manera profunda, esencial.

Una pieza musical interpretada con un ritmo mal logrado suena mal. Pensemos, por ejemplo, en algunos cantos religiosos que suenan en remotos pueblitos. Las voces de las ancianas y de los feligreses suenan con fuerza y entusiasmo, pero cada quien lleva su propio ritmo: algunos terminan antes, otros mucho después, algunos parecen que van perseguidos por una locomotora, mientras que los demás apenas consiguen levantar la voz a tiempo para cantar el “amén”.

“Se tiene razón al comparar el ritmo con las pulsaciones de un organismo vivo”, dice Neuhaus. “No con el movimiento de un péndulo, ni con el tic-tac de un reloj, ni con el batir de un metrónomo, sino con fenómenos como el pulso, la respiración…”

La salud de una persona se puede adivinar según su ritmo. Uno espera que su corazón vaya a un ritmo si está tranquilo y a otro si de pronto corre. Sabemos que algo va mal si en la calma se acelera su pulso o si en un maratón deja de galopar.

Lo mismo se puede decir de una empresa. En ella, el ritmo se llama velocidad de ejecución.

Todas las empresas dependen de un pulso que permite entregar resultados y alcanzar logros. Tal pulso debe estar controlado y responder correctamente a las circunstancias que rodean a cada una. A veces será necesario acelerar el ritmo. A veces, uno tendrá la obligación de alentarlo.

¿Y de qué depende la decisión de acelerar o ralentizar el ritmo? De la visión empresarial —de la imagen estética—. Una buena visión, al dar sentido y significado, también pone sobre la mesa los elementos requeridos para saber si es necesario cambiar el pulso con el que se hacen las cosas.

Así como “una interpretación desprovista de base rítmica (…) parece un ruido informe”, del mismo modo una empresa alejada de un pulso sano y una velocidad de ejecución adecuada queda desfigurada: sus resultados son ejecuciones espasmódicas —no coordinadas—, que están lejos de un balance armonioso de un pulso vivo y vigoroso.

Un ritmo sano en la empresa se consigue mediante la gestión del tiempo. En The effective executive, Peter Drucker nos dice que:

“El tiempo es el recurso que más le limita y es totalmente irreemplazable en su vida. No es posible ampliar la cantidad de tiempo de que se dispone cada día, semana o año, mientras que sí pueden ampliarse otros recursos como el capital o los trabajadores contratados. Cualquier actividad exige tiempo. Esto significa que sus logros y su eficacia están determinados —o limitados— por la manera en que gestiona su tiempo (…) Sin controlar su tiempo no puede gestionar nada más. En consecuencia, dominar el tiempo es el punto de partida de su eficacia.”

Saber cómo aprovechar este recurso tan escaso es una habilidad que se debe desarrollar para una correcta ejecución empresarial. El símil ocurre con los pasajes musicales: al estar escritas las notas, el autor nos dice claramente el ritmo que debe ocurrir. Cambios en el ritmo hacen que una pieza se destroce o que se convierta, radicalmente, en otra muy distinta.

Imaginemos una empresa que depende de sus ventas de diciembre. Uno esperaría que el pulso de sus ventas se elevara en noviembre, diciembre y enero, y que el pulso de su producción bajara esos mismos meses, pero que se viera invertido en, digamos, marzo, abril y mayo. ¡Qué desastre sería que la empresa intentara producir en diciembre y vender en mayo, cuando su mercado depende de un ritmo justo contrario!

Imaginemos, también, otra empresa que no tiene claro cuándo debe gozar de un ritmo acelerado y cuándo de uno lento y apacible. Lo más seguro es que, dependiendo del humor de los jefes —y no de una visión orientada a resultados— haya semanas muy tensas y otras de chacota y relajo. ¿Los resultados? La velocidad de ejecución sufrirá una arritmia que, al igual que para el miocardio o para una pieza musical, será fatal.

Quisiera hacer una nota final sobre la relevancia del ritmo, es decir, de la velocidad de ejecución.

Muchas veces el ritmo o la velocidad de ejecución requieren un esfuerzo enorme y una disciplina de acero para ser bien logrados. Frente al piano es normal dedicarle horas a ciertos pasajes para que el ritmo sea el adecuado: debe serlo igual en una empresa. Es necesario hacer el hábito de gestionar bien el tiempo, de darle un pulso sano y vigoroso a una empresa para que pueda ejecutar del modo más perfecto posible.

Neuhaus lo dice así: “¡El rigor, la coordinación, la disciplina, la armonía, la autoridad y la maestría: he aquí la libertad!”. Nosotros lo podemos parafrasear de este otro modo: ¡El rigor, la coordinación, la disciplina, la armonía, la autoridad y la maestría: he aquí el éxito!

Por último, me despido con algunas piezas que personalmente me parecen rítmicamente exquisitas. Conozco muchas empresas que gozan una complejidad rítmica tanto o más compleja que estas piezas… Conozco muchos menos empresarios y emprendedores capaces de interpretar tales ritmos de una manera adecuada y, por tanto, hermosa.




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