Las armas de Mandela

“Nelson Mandela ilustra la virtud del optimismo: fue una persona decidida e invencible incluso en las experiencias más oscuras que se pueden tener.”

Por Natalie Despot

La vida de Nelson Mandela, como la de muchos, estuvo llena de pruebas, pero este hombre extraordinario supo combatirlas como pocos.

Cuando tan sólo era un niño de siete años fue empujado de un burro contra un arbusto espinoso. Esto le dio a Madiba una lección de vida: “Para humillar a otra persona debes hacerle sufrir innecesariamente un cruel destino. Ya desde que era niño, he derrotado a mis oponentes sin deshonrarlos a ellos.” (cfr. Long Walk to Freedom: The Autobiography of Nelson Mandela)

Esta lección dejó una impronta en el que sería el primer presidente que fue elegido democráticamente en Sudáfrica. Mandela siempre puso el valor de la dignidad humana por encima de cualquier sentimiento o creencia, y ello le permitió ser una persona que procedió siempre con justicia y libre de complejos de inferioridad a pesar de las circunstancias adversas que vivió. Pero, ¿cómo lo consiguió?

“Las prisiones y las autoridades conspiraron para robar a cada hombre su dignidad. Yo tenía la certeza interna de que estaba seguro, y que iba a sobrevivir porque cualquier hombre o institución que intente robarme la dignidad perderá, yo no me desprendería de ella a ningún precio ni bajo cualquier presión. Nunca consideré seriamente la posibilidad de que no llegara el día en que saliera de la cárcel. Nunca pensé que una cadena perpetua significaba realmente mi vida entera y que me iba a morir tras las rejas. Posiblemente estaba negando esta posibilidad porque era demasiado desagradable de contemplar. Sin embargo, siempre supe que algún día me gustaría volver a sentir la hierba bajo mis pies y caminar en la luz del sol como un hombre libre.

Yo soy fundamentalmente optimista. No puedo decir si soy así por naturaleza, o por crianza. Parte de ser optimista es mantener la cabeza apuntando hacia el sol, y tener los pies caminando hacia adelante. Hubo muchos momentos oscuros cuando mi fe en la humanidad fue puesta a prueba, pero yo no podía entregarme a la desesperación. De esa manera enfrenté la derrota y la muerte.”

Cuando nos sentimos derrotados es normal que no pensemos más en la posibilidad de victoria, sino que nos dejemos carcomer por el sentimiento de desesperanza. El resultado de esta dinámica es que nos damos por vencidos, y así dejamos de luchar por nuestros ideales. Justamente lo que distinguió a Mandela fue su capacidad de permanecer optimista y valiente a pesar de todas las humillaciones y dificultades por las que pasó. Su primera arma fue el optimismo.

Si bien estuvo 27 años de su vida en cárceles de su país y fue condenado por un régimen perverso, Mandela nunca procedió con injusticia ni rencores, sino que en él siempre permaneció vigente la visión de un país libre de prejuicios que ofrece a todos las mismas oportunidades sin importar su raza o su pasado.

En su alegato en el famoso Juicio de Rivonia, donde a pesar de estar bajo amenaza de muerte presentó una imagen de sus principios morales y de su compromiso político, exclamó:

“He luchado contra la dominación blanca y contra la dominación negra. He albergado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas convivan en armonía e igualdad de oportunidades (…) Es un ideal —concluyó— que espero alcanzar en vida. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Para Madiba la dignidad humana estaba por encima de cualquier bien, incluso de su propia vida. Su defensa fehaciente a este valor atrajo la mira internacional hacia la Sudáfrica del Apartheid, el régimen de segregación racial impuesto por la minoría blanca de aquel país; una minoría prejuiciosa y abusiva que negó todos los derechos a negros, mestizos e indios hasta finales de los años ochenta.

Hoy en Sudáfrica todos, sin importar su raza, gozan del ejercicio de sus derechos. La fe y el optimismo de Mandela no sólo afectaron su vida, sino la de toda Sudáfrica, que ahora le sonríe al futuro porque vive en un sistema de mayor cooperación social y oportunidades. Pero el impacto de Mandela va más allá de las fronteras de su país.

Nelson Mandela ilustra la virtud del optimismo: fue una persona decidida e invencible incluso en las experiencias más oscuras que se pueden tener. Uno de sus mayores legados, como ya mostramos, es que enseñó al mundo entero a sostener la fe en la humanidad a pesar de las adversidades.

Y, a partir de su ejemplo, les invito a realizar la siguiente reflexión personal: ¿Qué diferencia puedo hacer en el mundo —en mi contexto, en este momento— si me mantengo optimista y resisto a la desesperación?

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