Escuchar música para emprender: el sonido y el negocio

Imagen de Brett Ryder
Imagen de Brett Ryder

“Dominar el arte del negocio es la tarea más importante del empresario y del emprendedor, no porque en el negocio se resuma toda su actividad, sino -por el contrario- porque sólo en la justa medida en que logre engarzar al negocio, la visión y la velocidad podrá consolidarse como un verdadero creador de empresa.”

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Ha llegado el momento de terminar con mi serie de “Escuchar música para emprender”. En mis dos entregas anteriores hablé de la visión estética y la visión empresarial, y del ritmo y la velocidad de ejecución.

Hoy toca hablar del sonido como esencia de la música y del negocio como esencia de la empresa. Esta denotación puede llevar a confusiones, por lo que quiero aclarar un punto de antemano: decir que el sonido y el negocio son esencias, no pretende por ningún motivo restarle valor a los dos elementos anteriores, tanto para la música como para la empresa. El sonido musical no puede darse (es naturalmente imposible que así suceda) sin el ritmo y sin la visión estética, aunque esta última pueda ser tan mediocre o ignorada que parezca ausente; el negocio, igualmente, sólo existe en la ocurrencia de la visión empresarial y de la velocidad de ejecución.

Dicho lo anterior, reitero: así como la música tiene su esencia en el sonido, la empresa la tiene en el negocio. “La música es un arte del sonido”, podríamos decir que la empresa es “el arte del negocio”.

De este modo, en tanto que la empresa es el arte del negocio, es primordial que los emprendedores y empresarios trabajen en el negocio. Y aunque parezca obvio, al igual que le sucede a los músicos, los emprendedores muchas veces no le dan al negocio su justo valor. Neuhaus hace una aclaración más. No darle el justo valor al sonido (o al negocio, en nuestro caso) no significa siempre no atenderlo. Hay ocasiones que se sobrevalora.

“La preocupación de un estudiante de música a veces se enfoca tanto en la técnica (velocidad, bravura), que deja en segundo plano al sonido”, nos dice Neuhaus, pues bien, hay demasiados emprendedores y empresarios que se enfocan tanto en la velocidad de ejecución, en las estadísticas, en las planeaciones, que abandonan toda atención por el negocio.

En el caso de la música -según el autor- el caso más difundido es en el que no se atiende el sonido por enfocarse en la técnica, en el virtuosismo. En el caso de la empresa, parece ser el caso contrario. Muchas veces la visión y la velocidad de ejecución se ven aplastadas por un interés enfermizo por la consolidación de una gran transacción.

Y aquí aparece una de las dificultades principales: para tener un gran negocio es necesario que no quede separado de la visión empresarial, ni de la velocidad de ejecución. Así como no se puede tener un gran sonido en el piano si el ritmo falla o si la visión estética no es la adecuada, del mismo modo un negocio desvinculado de los otros dos elementos está condenado al fracaso.

El empresario que se enfoque más en la visión que en la velocidad y el negocio será un gran soñador y, quizás, un buen estratega, pero sus ideales y proyecciones estarán atadas a lo etéreo y nunca podrán asirse al mundo real.

El empresario que, en cambio, se enfoque más en la velocidad que en la visión y el negocio, será uno que cambiará de rumbo constantemente, dependiendo de hacia dónde el camino le permita acelerarse más, pero sin llegar a ningún resultado, ni meta establecida.

El empresario que, por último, se enfoque más en el negocio que en la visión y en la velocidad, quizá pueda ser un comerciante que -como dije en otros dos lados [“El empresario como Filósofo” y “Ser Chateaubriand o nada”] intercambie bienes por centavos, pero poco más.

Siguiendo una analogía que propone Neuhaus, el empresario que sólo hace negocio será un homo habilis, el que sólo se enfoca en la velocidad de ejecución será homo faber, y el que sólo ve la visión será homo videns (aquí sin la connotación peyorativa que le imprime Giovanni Sartori).

Solamente el empresario que conjugue los tres elementos será homo sapiens, es decir, un humano que contempla y contemplando produce y produciendo negocia, para contemplar desde ahí una vez más.

En este sentido, tenemos que afirmar que el mejor negocio es aquél que sea ejecutado de tal manera que comunique en sí mismo todo el sentido y significado que pueda aprehender de la visión empresarial.

“No es por nada que Rimsky-Korsakov soliera decir que todos los sonidos de la orquesta son buenos y hermosos; uno simplemente debe saber cómo usarlos y combinarlos”, dice Neuhaus. Igual para los empresarios y emprendedores: los negocios (sean uno o varios) pueden ser todos buenos e importantes, el empresario debe saber cómo ejecutarlos y combinarlos para alcanzar cada vez más su visión.

En resumen: dominar el arte del negocio es la tarea más importante del empresario y del emprendedor, no porque en el negocio se resuma toda su actividad, sino -por el contrario- porque sólo en la justa medida en que logre engarzar al negocio, la visión y la velocidad podrá consolidarse como un verdadero creador de empresa. Sólo en este dominio se puede ennoblecer y levantar el valor intrínseco de nuestro proyecto empresarial.

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