Para sentir mejor

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“En algún momento generamos la idea de que los sentimientos son una cosa espontánea, inexplicable e incontrolable. […] Sin embargo, los sentimientos son controlables y se pueden (y deben) educar.”

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

Todos estamos de acuerdo en que la educación es uno de los pilares más importantes para que una sociedad funcione y mejore. Sin embargo, cuando hablamos de “educación” por lo general nos referimos solamente al desarrollo intelectual de las personas; rara vez se nos ocurre pensar que la educación debe incluir también nuestra parte emocional.

La educación de los sentimientos está prácticamente olvidada en nuestro tiempo, lo cual es paradójico, pues los sentimientos son una importante realidad humana que nos influye poderosamente en nuestra toma de decisiones. En el mundo académico y de la enseñanza se le da una enorme importancia a la educación intelectual, mientras que la educación sentimental recibe muy poca atención, cuando en realidad la educación sentimental es probablemente mucho más relevante para el resultado de la vida de cualquier persona.

El verdadero éxito de una persona depende mucho más de su capacidad para dominar y dirigir sus sentimientos que de su coeficiente intelectual, las carreras que estudie, los idiomas que hable o los posgrados que haya cursado, pues en el momento de la verdad todos los conocimientos no nos sirven igual si no hemos aprendido a desarrollar una serie de cualidades o capacidades sentimentales.

Parece ser que este problema se da hoy en día porque en algún momento generamos la idea de que los sentimientos son una cosa espontánea, inexplicable e incontrolable.

Las personas hablan de los sentimientos como si ya estuvieran dados, como si ya se naciera siendo alegre, enojón o melancólico. El escritor y estudioso de este tema, Alfonso Aguiló Pastrana, lo dice del siguiente modo:

“Tradicionalmente se ha tenido la idea de que los sentimientos son una cosa misteriosa, difícil de controlar. Y que unos nacen siendo positivos, y otros siendo pesimistas, y otros irascibles, y ya está. Y mucha gente cree que han nacido así, que son así, y ya está. Es más, pueden creer incluso que continuar siendo así es como un tributo a su autenticidad, una muestra de ser persona coherente. Sin embargo, con lo que cada uno debe ser coherente no es con lo malo de uno mismo, con sus defectos, sino con lo que uno cree que debe ser. Esa es la verdadera coherencia.”

Esta confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura, misteriosa, poco racional y casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un cierto desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son controlables y se pueden (y deben) educar.

Es necesario porque, aunque es cierto que nuestra parte racional tiene un papel muy importante al momento de tomar buenas decisiones, son los sentimientos los que nos impulsan con mayor fuerza a actuar. De modo que si no aprendemos a controlar lo que sentimos, no podremos controlar nuestros actos.

Los sentimientos son influenciables, y si no los educamos y aprendemos a controlarlos nosotros mismos, otras personas lo van a hacer. Una persona inmadura sentimentalmente es fácil víctima de la manipulación de las ideologías, de la mercadotecnia y la publicidad, pues la información que nos llega a través de los anuncios, series de televisión y demás medios de comunicación, apela directamente a nuestra afectividad, más que a nuestra mente.

Queda claro que la educación de nuestra parte sentimental es importante. Ahora, ¿cómo se educan los sentimientos? Yo no soy pedagoga ni psicóloga y no conozco métodos ni técnicas específicas al respeco, pero me parece que una actividad básica para aprender a controlar nuestros sentimientos es poder nombrarlos e identificarlos. Hay que permitirnos sentir y expresar lo que sentimos, pero no sólo para “sacarlo” o para “ser auténticos”, sino para darnos la oportunidad de autoanalizarnos y de hacernos preguntas como: ¿qué siento?, ¿por qué me siento así?, ¿sentir esto me hace una mejor persona, o me afecta en mi desarrollo personal?

Creo que este primer paso nos puede ayudar a generar conciencia sobre la responsabilidad que tenemos sobre nuestros sentimientos y a sentir que tenemos la capacidad de someterlos a nuestra voluntad. Pienso también que debemos quitarnos este prejuicio de que todos los sentimientos deben expresarse y “dejarse salir”, y reconocer que hay sentimientos buenos y sentimientos malos; sentimientos que debemos promover, como el amor, y otros que debemos aprender a reprimir, como el odio.

Todos los seres humanos tenemos la capacidad para controlar lo que sentimos. Hay que darnos cuenta de que, aunque las circunstancias externas nos afectan, no nos determinan.

Hay que formar el hábito de controlar lo que sentimos, pues sólo de este modo podremos enseñar y educar a otros para ayudarlos a tener una sana afectividad.

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