¿Pasado glorioso?

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“La historia, entendida como la totalidad del pasado, es la mejor herramienta para comprender el presente, para saber de dónde venimos y para darle sentido a nuestra identidad.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

Es muy común encontrar en países en vías de desarrollo, o incluso en los llamados “desarrollados”, corrientes de pensamiento que intenten glorificar el pasado y encontrar la causa de los errores actuales en el olvido de los “tiempos mejores”. Me atrevería a afirmar que esto sucede, principalmente, en aquellos países que fueron colonias.

¿Cuántas veces nos hemos topado con argumentos que sostienen que los culpables de que México no alcance un pleno crecimiento económico y una auténtica equidad social son, en primera instancia, los españoles, y en segunda, los imperialistas estadounidenses? Se exalta el pasado indígena y se exhorta a regresar a “las raíces”, lo que obliga a cuestionarse dos cosas. Antes de comenzar haré una precisión: no intentaré explicar cómo “regresar a las raíces” contribuiría al crecimiento económico de México, pues me parece imposible imaginarme un país con un sistema de comercio basado en el trueque en un mundo globalizado y capitalista. Dicho esto, el primer punto a cuestionar es si las civilizaciones precolombinas contaban con un sistema que garantizara igualdad de oportunidades para todos, no discriminación y un auténtico respeto y tolerancia por el otro. La respuesta es no. Sin minimizar la grandeza de su cultura, estas sociedades tenían una clara estructura jerárquica en la que había grupos en el poder que de ninguna manera eran elegidos de forma democrática. De aquí se deriva el segundo cuestionamiento: ¿es México o podría ser un conjunto de civilizaciones con una clara estructura jerárquica, religión politeísta y una cosmogonía basada en el mito? La respuesta es obvia.

¿A qué se refieren entonces las personas que buscan que regresemos a “nuestras raíces indígenas”?

No cabe duda, las civilizaciones precolombinas forman parte integrante de nuestro país y, hoy en día, todos conservamos vestigios de su influencia, como por ejemplo, el maíz como base de la alimentación. Asimismo, existen todavía grupos indígenas que conservan sus valiosas costumbres y tradiciones. Empero, como ya se expuso, regresar a ese pasado no tendría sentido alguno en el contexto actual; es más, esa idea se antoja totalmente inviable.

México, como tal, se ha ido construyendo a través de muchos años: surgió a partir de la mezcla. Por ello, ignorar la importancia de la influencia española, así como los 300 años de virreinato, nos obliga a crear una interpretación miope de nuestra realidad. Regresar a “nuestras raíces”, con esta visión reduccionista que sólo considera lo indígena, implicaría renunciar a un sinfín de cosas, como nuestra comida tradicional, nuestros trajes típicos, nuestras tradiciones. Y es que el mole, los chiles en nogada, los charros, la Rosca de Reyes, el Día de Muertos no pueden explicarse de otra manera que no sea a través de la aceptación de la mezcla.

En lugar de pensar en México como puramente indígena, el concepto de nuestro país como mosaico de identidades, colectividades y mezclas, nos ayuda a comprender nuestros complejos sociales, los del “rico” y el “pobre”, los del blanco y el moreno.

El pasado precolombino es importante, sí. Es importante en la medida en que se tome como parte integrante de la totalidad del pasado de nuestro país. Y la historia, entendida como la totalidad del pasado, es la mejor herramienta para comprender el presente, para saber de dónde venimos y para darle sentido a nuestra identidad. Y así como es importante saber sobre las culturas precolombinas, comprender y aceptar que nuestro país es el resultado de la mezcla de lo indígena con lo español, y que nuestras leyes son fruto de ideas que importamos de nuestro vecino del norte, se antoja fundamental para romper con las ideas clasistas y xenofóbicas, con los rencores infundados hacia el extranjero, para asumir nuestra responsabilidad y superar nuestros complejos identitarios.

Si se ha de glorificar algo, que sea la mezcla.

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