Manos a la obra

“La acción que introduce al cambio es un asunto complejo. Pero una cosa es cierta: los sueños son completamente asequibles y lo primero que debemos hacer al decidir perseguirlos es creer en su viabilidad.”

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

¡Cuántas veces no hemos soñado con cómo quisiéramos que sucediera un capítulo de nuestra vida! ¿Quién lleva una existencia libre de fantasías? Cerramos los ojos, creamos y recreamos una escena de mil y un maneras; nos proyectamos recorriendo el mundo, dedicándonos de lleno al arte, diciéndole a esa persona lo que nos hemos guardado tanto tiempo… Suena el despertador, la vida sigue. No estás en Indonesia, no tienes tiempo para las clases de guitarra, ella no sabe lo que sientes.

“Hombres de proyectos innumerables, toda su vida se les va en pensar cómo arreglarán la casa suya, y más aún la ajena, y en tejer y destejer la tabla interminable de sus proyectos pasan la vida triste, estéril, inútil. Esta es la vida de la mayor parte de los mortales. Vida teórica, digámoslo así, vida sin provecho… a la práctica nada llega de sus grandes pensamientos.”

Y es que la acción que introduce al cambio es un asunto complejo. Pero una cosa es cierta: los sueños, no las locuras desenfrenadas que sabemos que no podrían pasar, son completamente asequibles y lo primero que debemos hacer al decidir perseguirlos es creer en su viabilidad. Así, el sueño pasa de ser eso, un sueño, una cadena de hechos que sucede en nuestra cabeza, para convertirse en una meta real, como cualquier otra.

Creer en la realidad del sueño es el paso clave que nos empujará a buscar los “cómos” con base en lo que tenemos a nuestro alcance. La búsqueda de un sueño requiere de una estricta planeación, de escoger los medios para llegar al fin. Por ejemplo, ya estás convencido de que ir a Indonesia puede ser real. Haces cuentas y te pones a ahorrar, buscas si necesitas visa, planeas avisar en tu trabajo con anticipación o tomas la determinación de renunciar.

Asimismo, como un sueño generalmente implica un cambio o muchos cambios, debemos vencer el miedo a la incertidumbre y al riesgo. Aventurarse a lo desconocido implica estar dispuestos a enfrentar lo que venga, asumir el reto de edificarnos a nosotros mismos y aprender a levantarnos, recoger nuestros pedazos y seguir el camino. Implica ponernos en una situación de vulnerabilidad al pedir perdón o al confesar lo que sentimos por alguien. Pero al final, habremos crecido y, pase lo que pase, voltearemos hacia atrás con la sonrisa de saber que vencimos al miedo, que lo intentamos. Vale la pena.

“El pensamiento es como apuntar el tiro. Si no dispara, no hará daño ni provecho. Podrá espantar, pero no matar. ¡Cuántos hay que se pasan la vida apuntando siempre y nunca disparan!”

Al final, viviremos arrepentidos de lo que no hicimos. El tren sólo pasa una vez, ¿te subes?

(Ambas citas de Enrique de Ossó, Revista Teresiana, septiembre de 1886.)

Susana

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