Catcerto

nora

Éste es el perfecto ejemplo para explicar por qué componemos música y no la “inventamos”.

Por Santiago Piñeirúa

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El día de hoy presento a ustedes una idea nueva de hacer música a través de la vieja tradición de la música aleatoria; digo vieja tradición porque ya existía desde tiempos de Mozart el concepto de la música aleatoria, en la cual el compositor jugaba con líneas establecidas que se tocaban a gusto del ejecutante aleatoriamente.

Si bien es cierto que Mozart usó esta técnica por mera diversión, el concepto trascendió al siglo XX e interesó a gigantes de la composición como Karlheinz Stockhausen, John Cage o Alberto Ginastera, quienes, de manera más seria que Mozart, vieron una oportunidad en la música aleatoria de contribuir artísticamente a las tendencias cambiantes de un siglo tan revolucionario en el arte.

En el siglo XXI un compositor y director lituano de nombre Mindaugas Piecaitis ha traído nuevamente la diversión a la música aleatoria, y es que con la novedad musical que produjo su proyecto ha dado la vuelta al mundo en poco tiempo. Su original idea consiste en escribir un breve concierto para piano y orquesta en el que el piano es interpretado por una gata. Así es, queridos lectores, una gata. Esta pequeña minina se llama Nora y le gusta tocar el piano como a otros gatos les gusta jugar con una bola de estambre. Fascinada por el sonido del piano, Nora puede pasar horas sentada en el banco jugando con el piano. Veamos un video:

Si ustedes creen que lo que pretendo es hacer creer al público que un gato tiene habilidad para tocar el piano, esa no es la idea. Un gato jamás podrá tocar el piano con coherencia ni mucho menos hacer música, pero sí puedo afirmar que a la gata le gusta jugar con el instrumento. Al parecer Nora tiene una atracción especial al sonido del piano y juega aleatoriamente con él.

Mindaugas Piecaitis (nacido en 1966), se volvió famoso internacionalmente al componer, dirigir y estrenar una pieza basada en la edición de un video de lo que el felino había tocado al azar. Es decir, basado en los sonidos que la gatita había producido decidió componer un acompañamiento que lo hiciera sonar a música, y después lo presentó en un concierto.

A continuación les comparto el video:

Yo les pregunto, queridos lectores, ¿esto es arte? En mi opinión definitivamente lo es. Este es el perfecto ejemplo para explicar por qué componemos música y no la “inventamos”. Piecaitis no inventó lo que la gata hizo, sino que compuso una obra que se basaba en un orden aleatorio de sonidos producidos por el animal. Las obras que muchos grandes compositores han escrito a lo largo de la historia a veces son basadas en temas ajenos o en sonidos producidos por otros animales. En la ópera Las Bodas de Fígaro, Mozart utiliza los violines para asemejar el rebuznar de un burro. Oliver Messiaen, legendario compositor francés, iba a tomar dictado a los pájaros del parque para incluir estos sonidos en sus obras. De manera más imaginaria, compositores como Prokofiev en Pedro y el Lobo o Camile Saint Saens en el Carnaval de los Animales imitan sonidos de animales. Lo que aquí se hace es dejar que un animal sólo produzca un sonido en el piano y hacer arte a partir de eso.

El valor artístico de esta obra radica en la mano de su compositor, no en la garra del gato, por eso es interesante esta obra. ¿Ustedes qué opinan?

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