Un metateatro para todos

Ana Nieto

“¿Qué pasaría si la distancia que nos permite tomar el teatro se diluyera? El teatro también puede ofrecernos escenarios en los que podríamos formar parte de la obra interpretada, en donde lo que nos separa de los actores es en realidad mínimo.”

Por Chloé Nava

Twitter: @MmeRoubaud

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¿Ir al teatro para qué? Como si no fuera suficiente moverse por la ciudad e interactuar con la gente para ver dramas todos los días: siempre habrá alguien dispuesto a compartir o inventar una historia. Las anécdotas y los chismes están en la primera plana, y no se quedan atrás las historias paranoicas que cada individuo crea día con día. Este mundo, fuera de los escenarios, ya es un lugar muy teatral.

Aún así, el teatro tiene una particularidad importante que lo distingue del drama cotidiano: funciona más como un espejo que como un mero escenario dispuesto ante nosotros. El teatro nos ofrece una cierta distancia, nos plantea escenarios posibles en mundos alternos que nos llevan a la reflexión. La vida real o el “drama cotidiano” no puede ofrecernos esa distancia, pues aunque nos sintamos lejanos a las pasiones que nos rodean somos siempre actores de las mismas.

Así es que sí hay motivos para ir al teatro: en primer lugar, se pueden explorar universos paralelos; en segundo, podemos darnos el lujo de sentirnos parte del todo sin tener que hacer nada al respecto; y en tercero, ya sea que veamos una comedia o una pieza dramática, estamos ahí para disfrutar de algo bello. Seguramente existen muchas más razones para ir al teatro, pero considero que éstas son las más sencillas fáciles de compartir.

Sin embargo, ¿qué pasaría si la distancia que nos permite tomar el teatro se diluyera? El teatro también puede ofrecernos escenarios en los que podríamos formar parte de la obra interpretada, en donde lo que nos separa de los actores es en realidad mínimo.

Hace poro fui a un lugar llamado Microteatro en donde pude ver tres obras con un tema en común y maneras muy diferentes de expresarlo. Me pareció interesante, pues este lugar ofrece obras de teatro de 15 minutos sobre una temática diferente cada mes. Las salas en las que tienen lugar las obras son de menos de 15 metros cuadrados y aceptan un máximo de 15 espectadores. El resultado es magnífico.

Como espectadora me sentí parte del set y no dejaba de divertirme ese hecho. Tuve derecho a un doble espectáculo: el que estaban desempeñando los actores frente a mí y el de la audiencia. Al compartir un espacio tan pequeño la línea que separa unos de los otros se vuelve casi imperceptible y la reacción en el público llega a ser bastante interesante. No me costó ningún trabajo imaginar que pudira haber gente observándonos, pues las reacciones de actores y espectadores podrían haberse convertido en el punto esencial del entretenimiento de un tercer observador. De este modo, todos nos convertimos en un espectáculo.

Finalmente, entendí que no hay un para qué  al cual responder de manera precisa al momento de plantearse una ida al teatro, más allá de las ganas de hacerlo. Disfruté cada minuto de las piezas que vi y sin duda volvería a repetir la experiencia. En el caso específico de Microteatro quisiera volver a ver las caras de los espectadores al saberse tan cerca de los actores, quisiera volver a sentir esa fusión esporádica que se da en ambos mundos.

La sencillez de los temas y la cercanía de éstos con el cotidiano aumentaban mi impresión de ser observada. Nosotros no éramos la audiencia: estábamos ahí para darle el toque final a la obra, aunque en realidad nadie estaba enterado de ello. No íbamos para ser observados, ni para otra cosa: fuimos por estar buscando nuevos espejos, nuevos mundos, universos latentes que muchas veces se nos escapan. Les recomiendo ampliamente visitar este sitio para nada en especial, sino por el simple afán de pasar un buen rato.

Un comentario en “Un metateatro para todos

  1. Suena increíble, Chloe.

    Me recordó dos opiniones quizá opuestas: por un lado, la que dice que el aceptar como verdadero, aunque sea durante el tiempo que dure la función, lo que sucede en el escenario (o en la pantalla) es el pacto básico que el director establece con los espectadores y que permite que se involucren en la narrativa.

    Por otro lado, las ideas de Bertolt Brecht: las piezas deben tener escenas o intervenciones frecuentes que le recuerden al espectador que lo que ve es una representación, de modo que tenga el hábito de cuestionar la veracidad de lo que observa.

    🙂

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