“Friending” 150

dedos

“Démosle a las relaciones humanas el respeto que se merecen y, en esa medida, hagamos un buen uso de las redes sociales.”

Por Susana Kiehnle

Todos sabemos que estamos viviendo la era de la conectividad. Facebook, Twitter, Instagram y demás plataformas englobadas en el concepto Social Media, nos permiten desafiar las barreras del tiempo y del espacio para estar en contacto con un sinfín de personas de manera inmediata y con tan solo un click. A todos nos ha pasado que, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, tenemos un montón de mensajes en uno de nuestros grupos en Whatsapp. Esta facilidad para comunicar se antoja como una invitación a la masificación de nuestros círculos sociales. No obstante, el tiempo sigue siendo un recurso escaso y nuestras capacidades sociales siguen siendo las que teníamos en la Edad de Piedra.

De acuerdo con el antropólogo evolucionista, Robin Dunbar, la forma en que está construido nuestro mundo social está determinada por nuestra herencia biológica. Somos miembros de la familia de los primates, en donde la relación entre el tamaño del cerebro y el grupo social arroja una cifra, conocida hoy como “el número de Dunbar”. Hace varios años, previo a la era de la conectividad, Dunbar realizó un estudio cuidadoso sobre el hábito de enviar tarjetas de Navidad. Encontró que el hogar inglés promedio enviaba entre 153 y 150 tarjetas, justamente la cifra que esperaba. Sorprendentemente, varios antropólogos e investigadores han descubierto agrupaciones de 150 personas en numerosos casos de estudio: cazadores-recolectores, clanes, grupos de amish y menonitas, empresas, etc. Estos estudios han arrojado también que, en general, una vez que un grupo supera los 150 integrantes, sus miembros comienzan a perder el sentido de conexión. Para Dunbar, “la cifra de 150 parece representar el máximo número de personas con las que podemos tener una relación genuinamente social, el tipo de relación que va con saber quiénes son y cómo se relacionan con nosotros”.

De acuerdo con el experimento de Dunbar, un cuarto de las tarjetas de Navidad fue enviado a familiares, dos terceras partes a amigos, y ocho por ciento a colegas. Esto sucede así porque los seres humanos tenemos diferentes maneras de relacionarnos. Aristóteles, por ejemplo, clasifica la amistad en tres categorías: la amistad genuina y verdadera, la que se basa en la utilidad, y la que se basa en el placer. Las dos últimas categorías, expone el filósofo, duran hasta que se agota aquello que brinda utilidad o placer. Por ejemplo, hay personas con las que únicamente salimos de fiesta, pero con las que jamás compartiríamos algo tan personal como la pérdida de un ser querido. Asimismo, nuestra “amistad” con el compañero aplicado del salón o con un colega del trabajo termina con el fin de curso o el cambio de empleo, cuando relacionarnos con esa persona ya no nos es útil (y eso no implica que seamos unos interesados oportunistas; simplemente está en nuestra naturaleza social buscar relaciones de ayuda y colaboración, que no necesariamente tienen que terminar en amistades profundas y duraderas).

Toda persona en su sano juicio reconoce que su lista de “amigos” de Facebook no es igual a la lista de las personas que reconoce como verdaderamente sus amigos, esos “que se cuentan con los dedos de la mano.” Un “feliz cumpleaños” en nuestro wall no sabe igual que una llamada, un abrazo o una tarjeta escrita a mano. Difícilmente, se puede comenzar, construir y mantener una relación profunda de amistad entre dos personas si su único medio de contacto son las redes sociales; ésta debe fundarse a partir del contacto personal, pues el social media es nada más eso: un medio. Las redes sociales funcionan como herramientas para compartir diferentes mensajes y contenidos con nuestras relaciones en las que “‘each alike wish good for the other qua good”, y como medio de contacto o catalizador para un primer acercamiento con quien puede ser uno de los dedos de nuestra mano.  Por otro lado, las redes sociales funcionan de maravilla para conservar aquellas amistades englobadas en las otras dos categorías. Un “feliz cumpleaños” en el wall o el mismo mensaje de “Feliz Navidad” copiado una y otra vez a los contactos de Whatsapp, se toman como buenos detalles, como gestos de amabilidad y atención. Pero bombardear audiencias de forma masiva con la finalidad de aumentar nuestro acervo de este tipo de amistades, tiene el mismo efecto que atascar la bandeja de entrada de clientes potenciales con mailings.

Que no se nos olvide, repito: el tiempo es un recurso escaso y nuestras capacidades sociales siguen siendo las de la Edad de Piedra. Busquemos seleccionar los mensajes que queremos compartir y las personas con las que queremos compartirlos, mantener y cuidar nuestra relación con cada uno de nuestros 150. Antes de vomitar información a diestra y siniestra, recordemos el experimento de Dunbar.  Enviar una tarjeta de Navidad es, finalmente, una inversión: debemos conocer la dirección de la persona que la va a recibir, tomarnos tiempo para escoger el contenido, etc. Démosle a las relaciones humanas el respeto que se merecen y, en esa medida, hagamos un buen uso de las redes sociales.

Susana

Un comentario en ““Friending” 150

  1. Muy interesante amiga 🙂 me da gusto leerte. Espero poder verte pronto para que me platiques más del tema y sobre tu estancia en África 🙂

    Un abrazo.

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