La falsa medida del hombre

 

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“Los planteamientos que pretenden medir la inteligencia humana ayudan a que persistan las injusticias sociales que se justifican como una consecuencia inevitable de la inferioridad innata de determinados seres humanos.”

Por Natalie Despot

Twitter: @NatDespot

Si hay un objeto de estudio crucial en las últimas décadas de la ciencia, es el cerebro humano. Se busca entender qué mecanismos se ponen en acción para la toma de decisiones o en el control de las emociones, también se busca saber si hay algún correlato neuronal de la inteligencia. Los datos que arrojan estas investigaciones no se quedan en los laboratorios, sino que impactan socialmente, y van dándonos una idea sobre la complejidad del ser humano.

Cuestiones que son netamente de tipo cualitativo (sensaciones, emociones, pensamientos) se tratan de medir a través del método científico, de ahí que se quiera medir por ejemplo la inteligencia  a través del test de IQ (coeficiente intelectual).  Se utiliza esta herramienta en diversos ámbitos: para la contratación de personal, para mitigar las circunstancias de un crimen apelando al bajo IQ del culpable, o para poder acceder a determinadas instituciones.

Pero ¿la inteligencia se identifica con el IQ? Para poder responder esta pregunta, exploremos la manera en que se calcula el mismo.

Originalmente el coeficiente intelectual se calculó dividiendo la edad mental de una persona por su edad cronológica, y multiplicando por 100. La fórmula es: EM ÷ EC x 100.

La edad cronológica se corresponde con la edad biológica. La edad mental se obtiene dando al niño un test de inteligencia y revisando su calificación. Posteriormente, se compara esta puntuación con la de otros niños que realizaron la prueba. Se encontró que a medida que los niños van creciendo también va aumentando su puntuación. De esta forma, la edad mental fue definida como la edad en la cual un niño típico muestra un nivel particular de desempeño en el test. Como se puede ver, el IQ es una medida de la falta de correspondencia entre la edad mental y cronológica de los niños. Pero ¿qué pasa si un niño es superdotado para su edad? Sin duda obtendría mejores resultados que un niño típico de la misma edad, y ,bajo los supuestos teóricos del test, ese niño tendría dos años más en relación a su edad cronológica. De tal forma, a los doce años de edad tendrá una edad mental de un niño de 14 años de edad y su coeficiente tendría una puntuación mayor a 100 (14 ÷ 12 x 100 = 116). Por el contrario, un niño con un IQ por debajo de 100 tendría una edad mental menos madura.

A medida que vamos creciendo es más difícil “medir la inteligencia”, ya que sus habilidades cognitivas se hacen más complejas. También surge el problema de definir qué estamos entendiendo por “inteligencia”, pues este test mantiene una noción de inteligencia muy estable y analítica.

Actualmente no contamos con una definición clara. Gardner, Goleman, Karafyllis, Gould y otros especialistas más han propuesto otros modelos de comprensión sobre lo que es la inteligencia, interpretándola de un modo más holista, cualitativo y multidimensional. Por otro lado, tampoco sabemos de manera rigurosa cuáles son las habilidades que constituyen a la inteligencia, entonces este test ¿realmente está midiendo la inteligencia?, ¿cómo es posible medir algo que ni siquiera sabemos bien lo que es?

A pesar de nuestra “necesidad” de cuantificar y sistematizar, este test no es el más adecuado para medir la inteligencia, dada su naturaleza cualitativa y multidimensional. Además, estos estudios tienen un impacto social y personal importante en los sujetos, de tal forma que puede causar un efecto negativo en las personas que tienen resultados por debajo de la media, generándoles inseguridad y baja autoestima. De hecho, este instrumento puede favorecer o discriminar a ciertos grupos étnicos o socioeconómicos. No faltan casos en la historia de la ciencia en los que se ha empleado estas herramientas de medición para promover el racismo o sexismo, por lo tanto es muy importante que nos replanteemos no sólo qué es la inteligencia, sino también qué repercusiones éticas pueden generar este tipo de mediciones.

Si bien tenemos la tendencia a simplificar la realidad para poder hacer nuestra vida más práctica, por ejemplo reducir la inteligencia una calificación de IQ, debemos ser muy cuidadosos de que ello no impacte negativamente en la vida de las personas. 

El título de este post hace referencia a la obra de Gould, quien en su obra “La falsa medida del hombre” denuncia la falsedad científica de los planteamientos que pretenden medir la inteligencia humana, ya que ayudan a que persistan las injusticias sociales que se justifican como una consecuencia inevitable de la inferioridad innata de determinados seres humanos. 

 

 

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