K. 414

mozart

“Hay pasajes aquí y allá en los que sólo los conocedores hallarán satisfacción, pero están escritos de tal manera que los menos entendidos no dejarán de sentirse complacidos, aunque no sepan por qué.”

Por Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

 

Para hacerse una idea de cómo es un concierto clásico, y más específicamente un concierto para piano, basta con echar un vistazo a la producción de Mozart. El día de hoy me gustaría hablar de una obra con la que he tenido contacto desde muy pequeño y que tuve oportunidad de tocar una vez más en público recientemente. Me refiero al magnífico concierto para piano No. 12 K. 414 en la mayor.

El concierto en la mayor K. 414 de Mozart no puede ser entendido como una obra individual sino más bien como parte de un grupo de tres conciertos compuestos alrededor de 1782. Para hablar un poco de historia, Mozart llevaba poco tiempo establecido en Viena después de haber dejado el trabajo que tenía en Salzburgo. En Viena tuvo necesidad de establecerse como compositor y pianista independiente y, para poder sobrevivir, tenía que asegurarse de que ambas actividades fueran muy productivas. Como compositor no tardó mucho en lograr la fama, pues sus capacidades en géneros como la ópera eran tan elevadas que fue inevitable su éxito. A la par, en sus años vieneses, Mozart era considerado como uno de los mejores pianistas de su época y para demostrarlo su producción de conciertos para piano y orquesta fue muy extensa. La idea de lucir sus talentos tanto de pianista como de compositor alimentaban la necesidad de componer vastamente en este género.

Hay muchos conciertos para piano de Mozart que, al día de hoy, perduran en la mente del mundo. Tal es el caso del concierto No. 21 K. 467, por ejemplo, cuyo segundo movimiento es de dominio popular. He aquí el segundo movimiento:

El concierto No. 12 fue el primero del grupo de tres conciertos (junto con el KV 413 y el KV 415) que iniciaron la labor propagandística de Mozart como gran pianista en Viena, y aunque no sea uno de los más famosos sí define perfectamente el estilo más puro del clasicismo de la época. El balance de la obra es simplemente perfecta. La orquestación, los textos, el manejo de los temas en los tres movimientos que unifican la obra y el virtuosismo puritano que Mozart logra en la pieza lleva al público a tener un aprecio casi inconsciente hacia esta obra. He aquí el concierto:

Mozart escribió a su padre en una carta lo siguiente con respecto a esta obra:

“Hay pasajes aquí y allá en los que sólo los conocedores hallarán satisfacción, pero están escritos de tal manera que los menos entendidos no dejarán de sentirse complacidos, aunque no sepan por qué.”

Este tipo de obras me hacen reflexionar sobre la siguiente idea. Se dice que Beethoven fue la cúspide del clasicismo. Es verdad; Beethoven nunca dejó de ser un compositor clásico, pero a veces no puedo evitar ver el panorama de otra manera. Quizás, por momentos, yo considere a Mozart como la apoteosis del clasicismo por haber elevado el estilo a niveles inalcanzables para cualquier mortal. A Beethoven, pues, no se le da menos crédito, sino que, a pesar de no haber dejado de ser nunca un compositor clásico sintió la necesidad de revolucionar la música y tender el puente hacia la siguiente época trascendental en la historia de la música: el Romanticismo. Entonces me planteo la misma pregunta de siempre: ¿Mozart, o Beethoven? La respuesta jamás va a ser respondida dando un nombre sobre el otro. La realidad es que debemos estar agradecidos de haber tenido a ambos.

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