La pobreza es una hidra

“La pobreza es una hidra, un monstruo de múltiples cabezas; no basta con cortar sólo una para detenerla. Aún más: a esta bestia mitológica le crecían dos cabezas cuando se le cortaba una, haciéndola aún más peligrosa. Lo mismo puede suceder con un emprendimiento social irresponsable.”

Por Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Como consultor principal de LeanLab, el programa de emprendimiento desarrollado por Eudoxa, constantemente me encuentro en contacto con nuevos desafíos. Nuestros leanlaberos son pensadores humanistas y artistas que quieren ganarse la vida haciendo lo que más les apasiona, al tiempo que hacen más bella la vida con sus actividades. LeanLab es una gran aventura y nos ha traído muchas satisfacciones, pero recientemente nos trajo también un reto muy interesante: el de desenmarañar el problema del emprendimiento social.

Nuestros más recientes leanlaberos no tienen negocios, sino organizaciones sin fines de lucro. Ellos trabajan en comunidades que viven en situaciones terribles de pobreza, buscando maneras de ayudar que impacten positivamente y de forma permanente, y que no sólo sean una ayuda superficial y momentánea. Ellos tienen muy presente que la pobreza extrema es un desastre social, tan grave como un desastre natural para la gente que la vive, y que la urgencia que nos mueve a ayudar a las comunidades en situación de pobreza debería ser la misma que la que nos mueve a atender a las que sufren, digamos, el impacto de un tsunami.

Sin embargo, la urgencia de ayudar no debe traducirse en acciones bien intencionadas pero atrabancadas y contraproducentes. Un caballero andante de pesada armadura que destruye con su cabalgata todo lo que toca no es un héroe ni un salvador.

La pobreza es un problema social, económico y cultural sumamente complejo. Cuando el problema se trata con superficialidad, ya sea por descuido o por ignorancia, es posible que se agrave, lejos de dar un paso para solucionarlo. Hace poco leí un artículo que da ejemplos de varios proyectos de ayuda internacional que cometieron el error de tratar el tema con negligencia, con resultados insustanciales o verdaderamente catastróficos.

Por ejemplo, el rapero 50 Cent decidió alimentar a niños en Somalia a cambio de likes en una de sus páginas de Facebook. Claro que resulta ofensivo el hecho de que buscara un beneficio personal en este supuesto movimiento de caridad, pero eso es lo de menos: lo que importa es que alimentar a un niño sólo lo mantiene con vida, pero no hace nada por solucionar la situación social que lo llevó a estar hambriento en primer lugar.

La pobreza es una hidra, un monstruo de múltiples cabezas; no basta con cortar sólo una para detenerla. Aún más: a esta bestia mitológica le crecían dos cabezas cuando se le cortaba una, haciéndola aún más peligrosa. Lo mismo puede suceder con un emprendimiento social irresponsable. Por ejemplo, aunque nazcan de un corazón caritativo, las donaciones de bienes materiales pueden ser agravantes para el malestar económico de una comunidad. Una iniciativa que regala zapatos, por ejemplo, elimina la posibilidad de que esos zapatos sean producidos por emprendedores de la misma localidad.

Retomo la idea de nuestros leanlaberos, que también es compartida por pensadores como Slavoj Žižek: la pobreza es un desastre social, así que debe ser atendida desde la estructura de la sociedad misma. Si se pretende hacer una diferencia verdadera, el emprendedor social tendrá que evitar sus impulsos emotivos o paternalistas y buscar acciones verdaderamente útiles de manera caleidoscópica, es decir, adoptando una actitud crítica y una perspectiva amplia para descubrir el mejor camino a seguir, con un fuerte enfoque en resultados claros y positivos (“factivism” le diría Bono).

Con el panorama así puesto, sería justo decir que un emprendedor social difícilmente podrá ser el Heracles que derrote solo a la bestia de la pobreza, o que transforme completamente nuestro sistema social y económico. Pero no quiero sonar desalentador o pesimista, sólo levantar una bandera de precaución mientras nos adentramos, de la mano de nuestros clientes, en este terreno lleno de oportunidades, retos y preguntas sin resolver que es el emprendimiento social.

Alberto

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