“Here’s to the crazy ones…”

crazy ones

“Siempre se puede, siempre hay recursos y siempre hay una salida para todo aquél que quiere mejorar las cosas.”

Por Natalia Kiehnle

 

Hay un anuncio de Apple, quizá el más famoso, (aquel con el lema “Think different”) que me encanta. Creo que pasará a la historia como uno de los mejores comerciales del siglo XX.

Cualquier persona, literalmente cualquiera, se puede identificar con él. Todos queremos ser diferentes, únicos, innovadores, creativos, rebeldes, todos queremos cambiar al mundo y combatir la injusticia. Esa aspiración, comúnmente confundida con un “defecto de la juventud”, en realidad es una de las cosas que nos hacen ser humanos, y todos la hemos sentido en algún momento de nuestra vida. Los pocos que encausan esa “cosquillita” para cambiar algo, generalmente logran cosas importantes y crean monstruos gigantescos; tal es el caso de Steve Jobs.

A la par de esta idea, me gustaría contarles de un experimento realizado con 10 chimpancés del que me enteré hace poco. Inicialmente 5 son colocados en una habitación donde hay una escalera y en la cima, plátanos. El chimpancé “A” sube la escalera para llegar a los plátanos. En el momento en el que comienza a subir, los científicos rocían a los otros 4 con agua fría. Esta operación se repite hasta que, cuando uno de los chimpancés intenta subir la escalera, los otros lo bajan y lo golpean.

Posteriormente, se cambia a uno de los chimpancés por otro nuevo. El nuevo chimpancé, “F”, recibe las agresiones por parte de los otros al intentar subir la escalera, y desiste. Uno a uno, se intercambian los chimpancés anteriores por una “nueva generación” hasta que los 5 que quedan (F, G, H, I y J) nunca recibieron el baño de agua fría. Sin embargo, cada vez que alguno intenta subir la escalera, los otros lo bajan y golpean. Sólo 5 chimpancés fueron mojados y una nueva generación, que jamás sufrió el castigo, tiene miedo a subir la escalera para obtener el premio.

¿Por qué? ¿Qué hubiera pasado si esta nueva generación de chimpancés se hubiera aventurado por los plátanos? Tal vez hubieran recibido el mismo castigo, pero tal vez no. O, de haber soportado el agua, el chimpancé que subió por los plátanos pudo haberlos bajado y compartirlos con sus compañeros mojados.

Como seres humanos, podemos romper estos patrones de miedo que mantenemos a lo largo de generaciones, aguantarnos el balde de agua a cambio de una sociedad mejor. Pero somos desconfiados, nos han enseñado que el que sube por los plátanos se va a aprovechar de nosotros y no nos los va a compartir, se los va a quedar todos, o se va a quedar el mejor y nos va a dar los más magullados.

El mexicano en específico tiene esta mala fama de no querer cambiar, de no querer hacer las cosas bien ni buscar innovar por miedo a los golpes o al balde de agua. Mientras la mayoría de nosotros tenga el miedo de ir contra corriente por un ideal, por una visión mayor y por el bien de más personas, mantendremos la mentalidad de país tercermundista (y ahí nos quedaremos).

Acallemos las críticas y las voces que dicen “el mundo es así”, “no se puede”, “vamos de mal en peor”… y empecemos a hacer.

No importa si trabajas en un gran corporativo, en una papelería o de mesero en un restaurante; la visión y la creatividad las puede tener cualquiera. No debemos tener miedo de querer mejorar. Si sabes cómo, exprésalo. Si tienes una idea, comprométete con ella.

J.K. Rowling, por ejemplo, hizo lo aparentemente imposible: logró que una generación de la era del Internet y las telecomunicaciones se pusiera a leer libros. La nueva ola de autores de novelas para jóvenes que se han convertido en best-sellers le deben a esta mujer –en gran medida– el éxito de sus novelas. Critiquen todo lo que quieran la trama, las películas, la redacción,… el punto es que lo logró.

Creo que tenemos el potencial de hacer ese tipo de cosas. México tiene tal riqueza cultural, geográfica, poblacional, gastronómica, etc., que la mentalidad mediocre no debería ser parte de nuestro vocabulario.

No seamos “burócratas” de la innovación. Siempre se puede, siempre hay recursos y siempre hay una salida para todo aquél que quiere mejorar las cosas. Y México no es la excepción, no tenemos que salirnos del país para “hacerla”, simplemente tenemos que aprender a trabajar con lo que tenemos. A lo mejor vamos a tener que echarle el doble de ganas, pero vale la pena.

En unos años, los jóvenes que ahorita estamos en nuestra veintena vamos a ser los que estemos al frente de todas las instancias gubernamentales, de todas las empresas y de todo lo que mueve a México. No la generación que está actualmente ahí, sino nosotros. Si tenemos una visión de cambio hacia lo mejor, llegará el momento en el que podamos llevarla a cabo, porque estaremos en la posición de tomar las decisiones que definirán el rumbo de nuestra sociedad.

Para ese entonces, ¿aguantaremos en aras del cambio o seremos como los chimpancés que le temen a un balde de agua fría?

 natalia-arrobaeudoxa

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