Revalorar el interior

viendo el sol

“Padres de familia, escuelas y empresas deben encontrar y reinventar espacios que permitan crear hábitos que inviten a la reflexión y al autoconocimiento para formar personas educadas en el control de sus sentimientos y capaces de desenvolverse libremente en el mundo.”

 

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle

 

“No es pequeña lástima y confusión que, por nuestra culpa, no entendamos a nosotros mismos ni sepamos quién somos. ¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es, y no se conociese ni supiese quién fue su padre ni su madre ni de qué tierra? Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así a bulto, porque lo hemos oído… sabemos que tenemos almas. Mas qué bienes puede haber en esta alma… o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos; y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura.” Santa Teresa de Jesús, Moradas Primeras.

Hace algunos meses, Emilia escribió una nota muy interesante sobre la importancia de educar los sentimientos. En este texto, ella sostiene que los sentimientos son una realidad humana que influye en gran medida en nuestra toma de decisiones. “El verdadero éxito de una persona depende mucho más de su capacidad para dominar y dirigir sus sentimientos que de su coeficiente intelectual, las carreras que estudie, los idiomas que hable o los posgrados que haya cursado, pues en el momento de la verdad todos los conocimientos no nos sirven igual si no hemos aprendido a desarrollar una serie de cualidades o capacidades sentimentales.” Aprender a identificar lo que sentimos y a enfrentar esto que sentimos es, sin duda, parte del proceso de conocernos a nosotros mismos.

Hoy en día, estar solos nos resulta incómodo. Son pocos los espacios que invitan al diálogo con nuestro yo, a ese ensimismamiento que obliga al autoconocimiento. Lo que en principio era un sano proceso de secularización del mundo occidental, se ha convertido en un rechazo irracional a todo lo que pueda adjetivarse como “religioso”, como por ejemplo, la reflexión. Esta negación al autoconocimiento se ha agravado con el uso de la tecnología, que nos permite y nos orilla a estar conectados durante todo el día. La película Her, de Spike Jonze, se antoja más como realidad que como una historia de ciencia-ficción. Somos como Theodore, nos “conectamos” desde que nos despertamos hasta que nos disponemos a cerrar los ojos. Esa evasión del “yo” nos va transformando en personas incapaces de relacionarnos con los demás y con nuestro mundo. “Los sentimientos son influenciables, y si no los educamos y aprendemos a controlarlos nosotros mismos, otras personas lo van a hacer. Una persona inmadura sentimentalmente es fácil víctima de la manipulación de las ideologías, de la mercadotecnia y la publicidad, pues la información que nos llega a través de los anuncios, series de televisión y demás medios de comunicación, apela directamente a nuestra afectividad, más que a nuestra mente.”

Estoy convencida de que el éxito actual del New Age, el Budhismo y las prácticas de Yoga corresponde al intento del ser humano por buscar alternativas no cristianas para obtener estos espacios de reflexión y autoconocimiento. Finalmente, somos cuerpo, intelecto y alma, sentimientos. A pesar de que no puedo ni quiero decirme católica, reconozco y agradezco enormemente haber encontrado en la formación religiosa las bases para desarrollar hábitos que hoy forman parte fundamental de mi desarrollo espiritual y personal. Cada día, al despertar doy gracias y, antes de irme a dormir, reflexiono sobre mi día, me evalúo. Ya no le llamo oración, pero, finalmente, “es la misma gata revolcada.” No importa qué tan atea me vuelva, no pienso renunciar a estos hábitos, pues me ayudan a entenderme y, en esa medida, a enfrentar la vida con una mejor actitud, ser consciente de lo que soy capaz y tener un control de mí misma.

El reto es claro: padres de familia, escuelas y empresas deben encontrar y reinventar espacios que permitan crear hábitos que inviten a la reflexión y al autoconocimiento para formar personas educadas en el control de sus sentimientos y capaces de desenvolverse libremente en el mundo.

Susana

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