Cerrando ciclos

ciclos

“De nosotros depende ser para otros una experiencia transformadora que inspire al bien, a la superación.”

 

Por Susana Kiehnle

Twitter: @SusanaKiehnle 

Recuerdo como uno de mis más grandes aprendizajes, una frase de quien fue mi jefe en mi primer trabajo como respuesta a un correo que le envié cuando estaba a punto de terminar mi voluntariado en Ghana: “siempre ocurre eso de querer quedarse por más tiempo, pero lo importante, desde mi punto de vista, es cerrar bien los ciclos cuando uno los abre, ya que de lo contrario algo queda inconcluso.” Y es que es muy común que busquemos aferrarnos a la manera en la que están acomodadas las cosas en ciertos momentos, que queramos eternizar los instantes. Yo no me quería ir, deseaba con todas mis fuerzas que eso durara para siempre. Pero, como dice Antonio Machado, en boca de Serrat, “todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar.”

Gracias a estas palabras, el último mes me dediqué a despedirme, a asimilar la idea de que esto llegaba a su fin, a intentar absorber cada instante y disfrutarlo al máximo, respirar profundo, ver todos los atardeceres y amaneceres, llenar de besos a los niños. Y fue entonces cuando logré entender una frase de Séneca que siempre me había causado conflicto: “ningún bien sirve al que lo posee, si no tiene el ánimo preparado para perderlo; y ninguna pérdida se soporta tan fácilmente como la de aquello que, una vez perdido, no puede desearse.”

Vamos por la vida hambrientos de experiencias, abriendo y abriendo ciclos. Queremos conservarlo todo, seguir cargando con todo, la renuncia nos da miedo. Se nos enseña que hay que aprender a vivir sin los que mueren o seguir con nuestra vida después de una relación, pero nunca se nos dice que todos los momentos se terminan, todo se acaba. “Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar.” Pocas cosas dan tanta satisfacción como voltear al pasado y decirse a uno mismo: “si esto se repitiera, volvería a hacer todo tal cual lo hice, no cambiaría nada.”

Así como es importante aceptar que un momento terminó, así también lo es el detenernos, después de cada final, para evaluarnos y reconocernos. Seis meses en Ghana y casi dos años después sigo encontrándome, sigo aprendiendo, me siguen “cayendo veintes” de muchas cosas. Veo en mí a una mujer diferente a la que se fue y esto es el resultado de la experiencia, pero también y sobre todo, del proceso de cierre que siguió después. Cada “algo” o cada “alguien” que nos sucede nos transforma, en mayor o en menor medida, por ello, es fundamental tomarnos un tiempo para comparar nuestro antes y después, para acostumbrarnos a ese nuevo “yo” en el que nos hemos convertido y presentarnos así al mundo.

De nosotros depende buscar esas experiencias y personas que saquen lo mejor de nosotros, que nos lleven un paso hacia adelante y nos permitan ser mejores seres humanos. Atrevernos a despedirnos de nuestra antigua forma de ser para reinventarnos y ser más quien queremos ser. Y lo mismo al revés, de nosotros depende ser para otros una experiencia transformadora que inspire al bien, a la superación.

“Deja flores por donde vayas porque no sabes si volverás a pasar por el mismo lugar.”

Susana

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