Que el dinero no elija por ti

 

Big Blue, de Clark Little
Big Blue, de Clark Little

“Incluso una persona que no está interesada en abrir su propio negocio tiene que pensar nuevas maneras de construir una carrera que realmente le guste y que lo haga crecer.”

Por Emilia Kiehnle

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Si el tema del dinero lo tuvieras resuelto en tu vida, ¿a qué te dedicarías? Es una de las preguntas que le hacemos a nuestros clientes en la consultoría para ayudarlos a definir la idea de su proyecto para que sea clara y, sobre todo, para que les emocione antes de empezar a trabajar en su modelo de negocio. Muchas veces las personas guían sus ideas a partir de lo que consideran que les va a dejar más dinero y no en cuanto a lo que realmente les apasiona hacer. El problema con esta manera de proceder es que termina saboteando los proyectos laborales o de negocio, pues pensar en hacer dinero termina ahuyentando al dinero. 

Paradójico, pero así es. Cuando una persona toma sus decisiones laborales teniendo como prioridad el dinero suele elegir mal o quedar insatisfecho con su decisión, lo cual lo lleva a rendir mucho menos en su trabajo y, en consecuencia, a ganar menos dinero. Por supuesto, existen personas a las que les gusta mucho dedicarse a hacer dinero y que ganan muy bien, pero esto es porque son personas que disfrutan el reto, el riesgo y la emoción de los negocios y las inversiones; su pasión es ésa, y no el dinero como tal. 

La experiencia nos muestra que las personas que le dan prioridad a sus pasiones y que eligen hacer lo que realmente quieren (y no lo que creen que puede dejarles más recursos) son los que acaban teniendo un mayor éxito laboral y una mejor remuneración económica. 

Es fácil decirlo, pero sé que no es fácil hacerlo. Cuando somos mantenidos por nuestros padres es sencillo decidir estudiar una carrera que nos encante, defender que el dinero no es lo más importante e imaginarnos haciendo cosas que nos gusten en nuestro día a día, pero al momento de tener que empezar a pagar las cuentas y a mantener una familia el dinero se vuelve un dolor de cabeza constante. Es entonces cuando nos entran las dudas y cuando nos cuestionamos si realmente vale la pena luchar por los sueños o mejor dedicarnos a algo que a lo mejor no nos encanta, pero que al menos nos deja más tranquilos en el aspecto económico. 

Querer dinero no está mal, el problema es que hagamos del dinero nuestra motivación para hacer las cosas. Ganar una buena cantidad es agradable y puede motivarnos durante un tiempo, pero en el fondo es una razón muy pobre para levantarse todos los días a trabajar y en el momento en el que empecemos a tener dificultades o nos topemos con una tarea muy difícil o desagradable, el dinero no va a ser suficiente para sacarnos de la cama con ganas de empezar el día. 

El otro día me topé con una publicación en mi Facebookque hablaba de la historia de Clark Little, un fotógrafo que vive –y muy bien– de sacar unas fotografías bastante inusuales de las olas en las playas de Hawai. Clark empezó a nadar y a practicar el surf por gusto, porque era algo que lo ayudaba a despejarse y a sentirse vivo. Un día su esposa le pidió que sacara una foto del mar para decorar la sala de su casa y a él se le ocurrió fotografiar lo que él veía cuando estaba debajo de esas enormes olas. El resultado fue increíble y a partir de ese momento Clark empezó a dedicarse a tomar esa clase de fotos. Hoy en día tiene su propia galería en Haleiwa, gana mucho dinero y es reconocido a nivel internacional. Y él mismo dice que no empezó pensando en conseguir todo esto; simplemente salió a hacer algo que realmente le gustaba y el resultado fue tan bueno que le dio la idea de hacer su trabajo de manera diferente, lo cual permitió crecer muchísimo, tanto personal como económicamente. 

¿Qué podemos aprender de la experiencia de Clark Little? En primer lugar, que las cosas que hacemos con gusto son las que mejor nos salen. La calidad de nuestro trabajo no puede ser la mejor si lo hacemos sin ganas, y mucho menos si estamos preocupados y pensando siempre en las necesidades económicas que tenemos. 

Otro aprendizaje valioso es que para vivir de hacer algo que nos apasione tenemos que encontrar la manera de hacerlo. En este caso podría parecer que el éxito de Little se dio por pura suerte y de manera involuntaria, pues él no estaba pensando en hacer negocio con sus fotos. Sin embargo, en cuanto se dio cuenta de que sus fotografías eran únicas, pues nadie más se atrevía a tomarlas, decidió abrir su propia galería de fotos y dedicarse a eso para vivir. De manera intuitiva Clark generó una manera diferente de hacer su trabajo. Del mismo modo, nosotros tenemos que pensar en cómo hacerle para que una actividad que nos encanta pueda volverse un buen negocio. No se trata de encontar el hilo negro; simplemente hay que abrirnos a pensar cosas diferentes a lo ya establecido.

Estos aprendizajes aplican tanto dentro como fuera del ámbito empresarial. Incluso una persona que no está interesada en abrir su propio negocio tiene que pensar nuevas maneras de construir una carrera que realmente le guste y que lo haga crecer. Si al salir de la universidad lo único en lo que pensamos es en seguir el camino que otros nos han trazado para subir cada vez más de puesto –y de ingresos–, o si cuando estamos buscando trabajo nos enfocamos nada más en cuál es el que me ofrece más dinero, es muy probable que terminemos terriblemente cansados y aburridos de nuestro quehacer cotidiano. Y lo que es peor: sin un sentido y una idea clara de por qué le dedicamos nuestro tiempo y esfuerzos a ese actividad todos los días de nuestra vida.

Yo estudié filosofía y, como se podrán imaginar, he escuchado toda clase de frases escépticas y clichés al respecto de mi profesión. Incluso una gran parte de los que piensan que sí se puede vivir de la filosofía creen que tiene que ser mediante una carrera académica y sujetándose a los intereses de las instituciones y a las corrientes de pensamiento que están de moda, aunque no sea lo que más te guste. Pero la realidad nos muestra que el verdadero éxito lo obtienen los que se atreven a ser fieles a sí mismos, los que se dan cuenta de que el mundo tiene unas reglas, sí, pero que fueron puestas por otras personas como nosotros y, por lo tanto, podemos cambiarlas y buscar nuevas maneras de hacer las cosas.

Dejemos de pensar en el dinero y enfoquémonos en cómo vamos a lograr lo que queremos hacer, y entonces, como dice aquella famosa frase, “lo demás vendrá por añadidura”.

Emilia

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