Es lo mismo, pero no es igual

Elena Nuez
Elena Nuez

“El lenguaje, que habitualmente mantiene una relación cortés, pero distante, con los hechos, a veces toma formas tan certeras que alteran radicalmente el curso de los acontecimientos.”

Por Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

 

Del dicho al hecho, dice el refrán, hay mucho trecho. Todos hemos escuchado con escepticismo a esos personajes que gustan de anunciar aparatosamente las admirables acciones que realizarán… y que jamás se concretan. Y es que ojalá el pronunciar una promesa fuera suficiente para conseguir llevarla a cabo, como si se tratara de un conjuro. Si todas las palabras tuvieran el efecto del “¡abracadabra!”, otra cosa sería.

Pero sucede que hay ocasiones en que una expresión o una palabra es tan atinada (o desatinada), que parece compartir al menos parte de la fuerza de un sortilegio mágico. Hay expresiones que condensan en una fórmula concreta alguna idea generalizada que, en tan solo dos o tres palabras, se clava en la mente de todos y se convierte en un eje en torno al cual giran, desde entonces, muchos acontecimientos. Y entonces las palabras dejan de ser meros comentarios al aire para convertirse en parteaguas, en puntos divisorios que modifican el curso de los hechos.

Me parece que un ejemplo claro es lo que sucedió en México hace unos años, cuando Javier Sicilia convocó a todas esas marchas por la paz y por “la reconstrucción del tejido social”. A partir de esos días, escuchamos esa expresión en boca de numerosos políticos, en las opiniones de numerosos columnistas. Se convirtió en la supuesta meta común tanto de manifestantes como de organizaciones civiles y de gobierno; se crearon instituciones, se escribieron discursos y se desarrollaron programas en torno a la reconstrucción de ese tejido social que antes tomaba tantos renglones expresar.

tejido

Por supuesto, esta facilidad de expresión tiene un costo. Si bien la fórmula es popular y certera, es cierto que su fuerza reside, en gran parte, en su carácter ambiguo. No es de extrañar que haya sido un poeta quien la trajo a cuento, ni que haya resonado tanto en un país como México, al que el razonamiento por símbolos, imágenes y metáforas no le es ajeno. Pero me parece que esa ambigüedad la hace abierta y sugerente, y de ninguna forma le resta validez. Es cuestionable su rigor si se emplea en discusiones académicas, por supuesto. Pero pienso que no habría desencadenado esa reacción entre la sociedad de no ser por su carácter casi literario. Ya hace unos meses Emilia Kiehnle escribió sobre el conocimiento poético: “la imagen es capaz de transmitir un concepto sin necesidad de pasar por el razonamiento”.

Aunque la expresión que menciono tiene sus orígenes en otras similares –como “capital social” y “cohesión social”– y puede tratarse también de un traslado de términos de la Biología o la Botánica –donde un tejido es un agregado de células de la misma clase que trabajan en conjunto para cumplir con un rol específico–, me parece que su efecto de conjuro está más relacionado con su capacidad de sugerir una imagen o una metáfora. La imagen de la sociedad como un tejido orgánico o como un entramado de acciones: ambas ponen de manifiesto que ese tejido se nutre y se fortalece mediante las relaciones entre individuos. Este texto en el Diario de Chihuahua (parte I y parte II), además de reunir varias definiciones estrictas de la expresión, extiende la analogía: “Los tejidos del cuerpo humano se nutren de la sangre que viene y va por los vasos circundantes. Cada célula cumple su función siempre y cuando la sangre llegue a ellas y las mantenga en marcha. Pues bien, el tejido social se nutre de las relaciones humanas que vienen y van por los vasos circundantes de una comunidad. Cada individuo debería cumplir su función social siempre y cuando las relaciones que sostiene con él mismo y con los demás lo mantengan en marcha.”

En fin. Si bien la expresión que utilizó Javier Sicilia provocó amplios efectos entre las acciones del gobierno y de los ciudadanos, aún no se concreta esa recuperación del tejido que constituye a la sociedad. Los efectos de esta fórmula son definitivamente más lentos que los del abracadabra, pero no dudo que los haya, como los ha habido antes.

Shirin Neshat
Shirin Neshat

Por otra parte, también hay ejemplos de expresiones menos atinadas. Para mí, un ejemplo muy actual es la palabra “bullying”. Me parece que cuando, con el afán de prevenir e informar sobre el fenómeno, se introdujo el término anglosajón, importamos también gran parte de lo que se buscaba evitar; con la palabra llegaron también los hechos. Esta vez, todo sucedió más rápido: con las campañas en las escuelas, los videos y las intervenciones televisivas, la palabra bullying se volvió tema de todos los días. Es sólo una hipótesis, pero pienso que con los esfuerzos de definición y prevención del término, se definió y se provocó también gran parte de lo que sucedía en las escuelas. No es extraño que los niños y jóvenes decidan tomar precisamente el camino que se les pide que no tomen (y con mayor razón si se explica con ejemplos y casos particulares tomados de un país cuya cultura, aunque sea próxima en el mapa, es aún muy distinta a la nuestra). No quiero decir que sea incorrecto tomar medidas de prevención, sino hacer notar que introducir de esta manera un término proveniente de otra cultura trae consigo también la llegada de actitudes y conductas de esa otra sociedad. Traducir la palabra por “acoso”, como se empieza a hacer ahora, muy probablemente habría tenido consecuencias distintas (siempre y cuando se adaptaran y “tradujeran” culturalmente las campañas completas, por supuesto).

El lenguaje, que habitualmente mantiene una relación cortés, pero distante, con los hechos, a veces toma formas tan certeras que alteran radicalmente el curso de los acontecimientos. Estos dos ejemplos son sólo instancias recientes en que las palabras nos han mostrado su fuerza, pero las anécdotas abundan. Punto para quienes tengan el gusto de detenerse a analizar las palabras que eligen.

Por último, sólo para que este post no sea una excepción, añado un ejemplo en el arte. Los hablantes es una intervención de Verónica Gerber Bicecci que se encuentra actualmente en el MUAC. Se trata de viniles (en forma de nubes de diálogo y diagramas de Venn) que ilustran distintas interacciones lingüísticas para representar el habla. “La conversación es un espacio público”, dice Verónica.

HErson

liz-arrobaeudoxa

Un comentario en “Es lo mismo, pero no es igual

  1. Me ha gustado mucho el modo en que utilizas la palabra, con un aspecto de etiquetado y a veces como conjuro, este último la hace muy eficaz, mientras que el etiquetado la hace ser un producto más en una estantería de supermecado inmenso. La palabra es el modo en que transformamos la selva en mundo humano, solo que a veces, como en el caso del bullying del que hablas, el mundo humano es más selva que la selva misma. La palabra refleja el mundo (etiqueta) y también lo crea (conjuro), ese es su poder

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